Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna buena forma de intentar conocer a los países es a través de los presidentes que tienen y han tenido y al sistema político que los sostiene. En a quién votan los ciudadanos de determinada nación y de qué forma lo hacen se pueden encontrar algunas pistas del momento histórico por el que están atravesando y de cuáles son sus fortalezas y sus debilidades. En definitiva eso es la democracia, el gobierno del pueblo, y es el pueblo el que se manifiesta y se muestra a través de ella.
Entonces, la institución presidencial es por demás importante. Su credibilidad dice mucho del país en cuestión. Hay vecinos de la región en los que los presidentes duran apenas unos meses o que en un período de cinco años pierden todo tipo de legitimidad y terminan sus mandatos con la soga al cuello. Hay otros en que los enfrentamientos son tan profundos que los que asumen ni siquiera hablan con sus antecesores. Es más, algunos presidentes en ejercicio llegan hasta el extremo de evitar ir a la ceremonia de cambio de mando para no convalidar con su presencia la nueva autoridad. Basta mirar lo que está pasando en estos días en Brasil o lo que ha pasado los últimos años en Argentina y en Perú, por ejemplo.
Uruguay es una excepción al respecto en la región. Su sistema democrático ya está muy consolidado después de las casi cuatro décadas desde el fin de la última dictadura militar. En ese período que se inició el 1º de marzo de 1985 ya han gobernado los tres principales partidos políticos manteniendo cierto criterio común en los temas más importantes, más allá de las obvias diferencias ideológicas. Hay una matriz que se cumple por encima de los cambios, un hilo invisible que une a las distintas generaciones de líderes políticos, sean del partido que sean.
La más clara demostración de eso es la relación entre el presidente de turno y los expresidentes. Por encima de mayores o menores afinidades que algunos tienen entre sí, todos ellos mantienen canales de diálogo abiertos para las cuestiones importantes. Cada vez que es necesario, no dudan en reunirse o entablar una conversación telefónica que muestre que las diferencias no son tan irreconciliables como en otros lugares y que el país para ellos es más importante que sus respectivos proyectos políticos.
Una prueba de ello es lo que ocurrirá el próximo domingo 1º de enero, cuando el presidente Luis Lacalle Pou viaje a Brasilia con los exmandatarios José Mujica y Julio Sanguinetti a la asunción del presidente electo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Luego de algunos intercambios telefónicos y reuniones personales, Lacalle Pou subirá al avión que lo trasladará a Brasil a sus dos antecesores de colectividades políticas distintas a la suya que siguen vivos. ¡Vaya gesto! De parte de los tres.
Algo similar había ocurrido hace casi tres años, cuando el presidente era Tabaré Vázquez y quien había sido electo pero todavía no estaba en funciones era Lacalle Pou. En aquella oportunidad el que asumió fue el actual presidente argentino, Alberto Fernández, y fue Vázquez el que invitó a Lacalle Pou a que viajara junto a él.
La foto de ambos presidentes uruguayos, el que estaba en funciones y el electo, saludando al par argentino que asumía, recorrió los principales portales de noticias de la región como una señal positiva y representativa de un país diferente, alejado de las grietas cada vez más profundas a lo largo y ancho de todo el continente.
Unos cuantos meses después fue otra la foto que también contribuyó para seguir haciendo más fuerte esa imagen de país serio y responsable. Ocurrió cuando Mujica y Sanguinetti resolvieron renunciar juntos a la Cámara de Senadores, pronunciaron sus discursos de despedida en sala y, antes de irse del hemiciclo, se fundieron en un abrazo. Hasta el prestigioso diario norteamericano The New York Times incluyó en sus páginas esa imagen, que ayuda más que mil palabras para la proyección internacional de Uruguay.
El próximo domingo, si todo sale con base en lo previsto, habrá una nueva foto desde Brasilia. Dos expresidentes y un presidente uruguayos juntos, acompañando a quien desde ese día se hará cargo de los destinos de uno de los países más importantes para nuestro país. Será una foto histórica, sin duda. Un gesto que dice mucho de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que queremos ser como país. Otra imagen que ayudará más que mil palabras.