Nº 2157 - 13 al 19 de Enero de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Mal de muchos consuelo de tontos”, reza el conocido refrán, haciendo notar que la desgracia propia no es más llevadera por el hecho de afectar a un número importante de personas. Una muy antigua y consuetudinaria reflexión que, en los tiempos actuales, en los que el azote de la pandemia del Covid-19 no da un minuto de tregua, resulta perfectamente aplicable al mundo del fútbol. Y en especial -y en lo que a nosotros concierne- a la preparación de las selecciones que deberán encarar, ya en pocos días, los postreros y definitorios tramos de las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial de Qatar.
Claro que esas dificultares de tipo general para todos los participantes, adquieren en nuestro caso concreto una dimensión aún mayor, por la especial circunstancia del cambio de técnico concretado hace apenas unos pocos días. Es que ellas vienen a sumarse a aquellas lógicas y ya imaginables, derivadas del muy exiguo tiempo de trabajo que Diego Alonso dispone para intentar revertir la complicada situación en que hoy está nuestro representativo nacional. En tal sentido, y como un mero ejemplo, cabe recordar que el propio técnico, apenas nominado, debió demorar por algunos días su esperado regreso al país, por haberse contagiado con la variante ómicron en Madrid, donde circunstancialmente se encontraba.
Sus primeras decisiones en ejercicio de su cargo, reflejan de modo indubitable (aunque no exclusivo) esa muy preocupante contingencia. La inusual cifra de futbolistas reservados en esta oportunidad (la friolera de 50) así lo indica. Tal como el propio técnico lo revelara públicamente, tuvo en cuenta la posibilidad de que algunos de los jugadores convocados que actúan en nuestro medio, fueran transferidos al exterior en los días venideros (algo que ya ocurrió con Facundo Torres). Pero además quiso ponerse a cubierto de que la condición física de varios de ellos no fuera la esperada, producto de la inactividad de estos últimos días, y -por sobre todo- la perspectiva de que el incesante ascenso de los contagios por esta nueva cepa -de una inusitada velocidad de propagación- dejara al margen a algunos de los oportunamente reservados (hay ya varios que la están cursando, como el propio Torres o Diego Godín). Estaba también latente la circunstancia de que ya vienen cancelándose muchos vuelos comerciales, y que ello podría eventualmente poner en riesgo el traslado a nuestro país de los convocados del exterior; aunque la AUF habría ya contratado un vuelo charter, para contemplar esa eventualidad.
En cuanto a la nómina de convocados en sí, hay una explícita confirmación de la habitual nómina de la “era Tabárez”, en la que faltan lógicamente los futbolistas que están lesionados o en recuperación (Rochet y Nicolás De la Cruz); Nández, supuestamente por tener pendiente una requisitoria penal, y -lo que no deja de sorprendernos- también Brian Rodríguez, quien había sido titular en alguno de los últimos partidos de la Selección. Aparecen allí varias caras nuevas del medio local (entre las que nos extraña no ver la de un futbolista joven de excelente nivel como Matías Arezo, ni tampoco la de algunos veteranos de ya acreditadas capacidad y experiencia, como Gargano o el mismo Kagelmacher). Sin embargo, la novedad mayor está dada por la inclusión de unas cuantas figuras que están militando exitosamente en equipos del exterior, que aunque en su gran mayoría cuentan con muy valiosos antecedentes, es claro que no eran del gusto o del paladar del técnico anterior (algunas de ellas -son los casos del Diente López y Sebastián Sosa- aparentemente tendrían chances de ser titulares de cara al próximo partido ante Paraguay). Es por demás evidente que el flamante coach celeste ha tomado las mayores previsiones para evitar o conjurar otros inconvenientes que eventualmente pudieran presentársele, en tanto no llegue el momento de conformar la nómina definitiva, con la que podrá trabajar en la cancha, recién en los tres o cuatro días previos del viaje a Asunción, para enfrentar a la selección guaraní.
En la mañana del pasado domingo, en un muy acreditado programa televisivo, el flamante técnico celeste -a la sazón descansando en José Ignacio- aportó los primeros indicios de cómo habrá de manejarse en este postrero y decisivo tramo de las Eliminatorias. Aunque muy medido en sus dichos, aportó algunas pistas al respecto. Reiteró lo dicho en su presentación oficial en el Estadio Centenario, de que su atención está puesta en un ciento por ciento en el primer partido ante Paraguay del día 27 del mes en curso, agregando incluso que ya tiene “in mente”, en un porcentaje del 90%, al equipo titular, aunque mantiene algunas dudas en dos o tres posiciones. Sin querer meternos en la cabeza de Diego Alonso, nos animamos a suponer que una de ellas puede ser la del golero, ante la dura lesión de Muslera, quien venía siendo el dueño indiscutido del puesto desde larga data. El tricolor Rochet -que alcanzó gran destaque en los últimos tiempos- parece ya recuperado de su lesión (justamente en una mano) pero no sería de extrañar que el técnico se incline por el más experiente Sebastián Sosa, al que conoce muy bien. En la última zona defensiva otra duda puede estar en la presencia o no del legendario Capitán Diego Godín, que -si bien ha entrenado informalmente en el Complejo Celeste- viene de una inactividad prolongada, estuvo luego inmerso en las gestiones por su pase al Atlético Mineiro y, además se ha contagiado de Covid. Y Araújo, su eventual sustituto, está lesionado. Puede que el flamante técnico tampoco tenga claro el nivel físico y futbolístico en que arribe Edinson Cavani, que dependerá de que siga teniendo oportunidades de jugar en su actual club; y, aun así, si conviene mantener la tradicional dupla ofensiva con Suárez, o buscar alguna otra alternativa al respecto.
Lo que sí dejó bien en claro es que va a apostar por un planteo “presionante”, tanto en el campo del rival como en el propio. Dijo: “me gusta ser el equipo más defensivo cuando no tenemos la pelota y el más ofensivo cuando la tenemos” y, aunque no lo dijera, ello exige inevitablemente contar con futbolistas que estén en la mejor condición física; algo que, actualmente, no exhiben varios jugadores que han venido siendo pilares indiscutidos de las últimas formaciones celestes.
Es cierto que también los técnicos de los demás equipos a los que habremos de enfrentar para poder acceder a la tan ansiada clasificación, pueden tener que afrontar imprevistos o dificultades similares (o incluso verse imprevistamente favorecidos, enfrentándose -cuando les toque- a versiones alternativas de los ya clasificados Brasil o Argentina). Pero lo indiscutible es que damos el hándicap de pretender rearmar algo que venía funcionando mal, y tener que hacerlo en circunstancias que -por la suma de imprevistos que ya mencionáramos- parecen ser bastante más complicadas que las que podían primariamente presumirse.