N° 1908 - 02 al 08 de Marzo de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl martes 28 de febrero el presidente norteamericano Donald Trump hizo su primera presentación formal ante el Congreso, ocasión que era esperada con mucha atención ya que normalmente es aprovechada por los mandatarios para definir la agenda de políticas que pretenden impulsar durante su gestión.
La presentación de Trump tuvo sabor a poco en cuanto a dar detalles más o menos concretos de lo que pretende realizar, limitándose a repasar temas que ya fueron enunciados durante la campaña electoral y desde que ganó la elección. Así, el presidente estadounidense volvió a recalcar que buscará cambios sustantivos en materia de política inmigratoria (donde habló de pasar a un esquema basado en “méritos”), que comenzará “pronto” la construcción del muro en la frontera con México, que habrá que eliminar y reemplazar el “Obamacare”, que propondrá un programa de infraestructura que mediante la utilización de fondos públicos y privados invertirá un billón de dólares, que su equipo está trabajando en una reforma fiscal “fenomenal”, que aumentará el gasto de Defensa en unos U$S 54.000 millones, y que buscará un comercio “justo” para Estados Unidos (EEUU) redefiniendo la política comercial y sus prioridades.
Si bien la falta de detalles fue un factor que fue criticado por los analistas políticos y económicos que estudiaron el discurso de Trump, en sentido positivo se elogió el tono mesurado y “presidencial” que utilizó el mandatario, a diferencia de lo que ha sido la norma hasta ahora. Pero preocupa que a esta altura no haya detalles concretos de lo que será el próximo presupuesto, de la reforma impositiva que se propondrá, de los cambios regulatorios, de cómo se financiará el plan de infraestructura, de cómo se reformará el sistema de salud, de cómo se encarará la política comercial, entre tantos otros factores. En particular, la preocupación pasa por si existen los acuerdos para llevar adelante en el Congreso los cambios que aparentemente se propondrán, varios de los cuales se sabe que no cuentan con el apoyo de muchos legisladores republicanos, en particular en lo que se refiere a la política presupuestaria e impositiva.
A pesar de la incertidumbre que subsiste respecto a las políticas que va a implementar la administración Trump, la “luna de miel” de los mercados financieros e incluso de la economía con el nuevo mandatario continúa. Esta semana se supo que la confianza de los consumidores norteamericanos alcanzó en febrero el nivel más alto en 15 años, al tiempo que también las medidas de confianza de los empresarios pequeños, de las empresas constructoras y de los CEO han alcanzado en las últimas semanas niveles vistos hace más de 10 años. El “Trump rally” en Wall Street continúa su marcha imparable, con los principales índices bursátiles marcando récords prácticamente todos los días, donde este miércoles 1º de marzo el índice Dow Jones llego a superar los 21.000 puntos, luego de superar los 20.000 puntos por primera vez el pasado 25 de enero. De hecho, considerando los mínimos en la madrugada del 9 de noviembre una vez que se conoció el resultado de la elección, Trump ya ha tenido su propio bull market considerando el índice Dow Jones, ya que ha tenido una suba de más de 20% en algo menos de cuatro meses.
Más allá de que parece claro (ello es evidente en los diferentes índices de confianza) que Trump ha desatado los animal spirits de los inversores, no menos cierto es que en cuanto a la economía los datos conocidos en los meses finales del año pasado y en lo que va del 2017 muestran un mayor dinamismo en EEUU, a la vez que una recuperación del crecimiento en Europa y también en China, todo lo cual también está contribuyendo a la actual bonanza que se observa en los mercados financieros. A tal punto la economía norteamericana está mostrando mejoras, que en los últimos días varios miembros de la Reserva Federal señalaron que podrían subir las tasas de interés en la próxima reunión del FOMC del 14 y 15 de marzo.
Hacia adelante, un problema significativo es el hecho de que se hayan inflado tanto las expectativas respecto a lo que potencialmente pueda generar la Trumponomics, con lo que el margen para la decepción es muy elevado. La actual “luna de miel” no durará para siempre, y tarde o temprano Trump tendrá que darles contenido a sus propuestas, y el Congreso deberá ver qué es lo que termina votando. En algún momento también, los inversores deberán internalizar los aspectos negativos de la agenda de Trump, en particular en lo que hace a la política comercial y la reforma inmigratoria. Sin ninguna duda, los próximos meses serán muy interesantes.