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    Una mochila para Chediak

    N° 1901 - 12 al 18 de Febrero de 2017

    La Constitución de 1934 fijó en 70 años la edad tope para ser ministro de la Suprema Corte de Justicia. A ese cese se le añade el también obligatorio de que los ministros deben retirarse luego de 10 años en el cargo. Ambas disposiciones limitan indirectamente el ejercicio rotatativo de la Presidencia a no más de dos veces, aunque no en todos los casos. En un hecho sin precedentes Jorge Chediak la asumirá en febrero por tercera vez. Esta referencia anecdótica revela también que ante situaciones adversas y complejas, el presidente debe sumar a su conocimiento científico otras condiciones. Un juez americano las definió como “endurance”. Aquí podemos decir “templanza”.

    Por antigüedad la Presidencia le hubiera correspondido a Felipe Hounie, un juez con dedicación casi exclusiva a la ciencia jurídica y esquivo de los medios: desistió. Por el mismo orden debió tomar el bastón Elena Martínez, pero también declinó. Dos hechos también inéditos.

    “Entendimos, como razón fundamental, que en un año signado por la entrada en vigencia del CPP (prevista para el 16 de julio), la persona más adecuada para llevar la nave a buen puerto es el doctor Chediak”, comentó Martínez. Dijo que debe considerarse la experiencia de Chediak con los medios de comunicación y que además se deberá negociar la Rendición de Cuentas (Búsqueda Nº 1.899).

    La realidad es compleja. El nuevo Código no está definido y algunos dudan de que se pueda completar antes del 16 de julio, pese a que se discute desde hace más de 20 años. Quedan pendientes aspectos sobres los que advirtió la cátedra de Derecho Procesal.

    El problema laboral interno es enrevesado. Ingresarán a trabajar 30 jueces y 58 defensores públicos. Los defensores estarán en desigualdad con sus “rivales”, los fiscales, para quienes el fiscal de Corte, Jorge Díaz, constituyó equipos de investigación de los que carecen los defensores. Merman así las posibilidades de defensa de los abogados públicos, que defienden en más de 90% de los juicios. Un desbalance preocupante.

    Las salas de audiencias para los juicios orales son insuficientes y reducidas. Por eso se planifica trabajar en doble horario, lo que puede plantear colisiones con funcionarios que tengan un segundo trabajo con horario fijo. Está pendiente un acuerdo para que el gobierno le pague a los administrativos varios millones que les adeuda por diferencia salarial. Los paros no pueden descartarse.

    No son los únicos quebraderos de cabeza. Chediak deberá pulsear la Rendición de Cuentas y vencer la resistencia del gobierno de los últimos años. Las restricciones se iniciaron durante la presidencia de José Mujica: una especie de rencor-castigo por las sentencias de inconstitucionalidad a leyes impulsadas por el gobierno.

    Se debe añadir que este año ingresarán dos nuevos ministros sin experiencia en administración, negociaciones políticas, ni manejo interno de la administración.

    Una pesada mochila para Chediak pese a su sólida experiencia jurídica. Conoce la cocina desde adentro: integró la comisión redactora del CPP y en 2015, cuando arreciaba el vendaval económico, le puso el pecho a las balas que iban degradando el sistema.

    Tiene a favor la siembra de su predecesor, Ricardo Pérez Manrique. Durante su Presidencia se constituyó en un enérgico defensor del estado de Derecho y de la independencia judicial como garantía del mismo. Al publicitar ampliamente su opinión, trasladó a los hechos su concepción sobre el valor de los medios de comunicación como base para la información del ciudadano.

    Cuestionó las detenciones arbitrarias y el riesgo del avance del Estado sobre las libertades que, entre otros, impulsan organismos internacionales como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). En una entrevista en “El Observador” advirtió que “la persecución de delitos no puede ser a costa de quitar derechos al resto de la sociedad”.

    Cuando en 2012 fue designado por la unanimidad de la Asamblea General, ocupaba el lugar 17 en la lista de ascensos. Entonces algunos le colgaron la etiqueta de “hombre del gobierno”, pero nadie lo hizo de frente. Algún mensaje fue obvio: la Asociación de Magistrados del Uruguay del momento, presidida por Rolando Vomero, no lo invitó a su sede como se estila cuando asume un nuevo ministro. Seis meses después lo invitaron a una cena y declinó asistir. 

    Los resentidos se sintieron postergados por los partidos que optaron por la primera opción del artículo 236 de la Constitución para las designaciones tras un acuerdo político. Desestimaron la segunda: si no hay acuerdo partidario a los 80 días ingresa el ministro más antiguo de los tribunales, como ha sido habitual. Cumplieron a rajatabla la Carta y probablemente vuelvan a hacerlo.

    Pérez Manrique demostró que para un juez, como en Berlín, lo medular es el ejercicio independiente, técnico y enérgico de la magistratura, le duela a quien le duela. “Cualquier gobierno, de cualquier lugar del mundo, cuando tiene problemas vinculados a la sociedad, busca hacer culpables a los jueces de algunas cosas que pasan, como forma de ponerse al resguardo de las críticas de la ciudadanía”, declaró a Búsqueda. Su referencia al Ministerio del Interior fue clara. Advirtió que quienes ejercen cargos de responsabilidad en el Estado tienen que “preservar la imagen de las instituciones y no hacer comentarios que las deterioren porque puede ser un camino muy peligroso”.

    Chediak recibe la Presidencia con un listón alto pero por sus antecedentes, firmeza, serenidad, experiencia y “cintura” política, seguirá el mismo camino aunque deberá esquivar zancadillas. Desde dentro del sistema y desde afuera.