N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn los últimos días comenzó a circular en medios periodísticos brasileños que el equipo de transición del presidente electo Jair Bolsonaro estaba considerando tres proyectos para la liberalización del comercio exterior, que tienen como común denominador la reducción voluntaria y unilateral de los aranceles a la importación. La idea que primaría sería que los aranceles a todos los productos importados se reduzcan en un plazo de cuatro años. De acuerdo a los trascendidos, si prospera la propuesta de una mayor apertura de la economía, sería gradual e iría acompañada de una reforma tributaria que tendría como objetivo mejorar la competitividad y el clima de negocios.
Lo interesante para Uruguay es que si prospera alguna de las tres iniciativas de apertura comercial que estaría considerando el gobierno a instalarse en Brasilia el próximo 1º de enero, ello implicaría modificar el actual esquema de funcionamiento del Mercosur, que pasaría a ser una zona de libre comercio, en lugar de la imperfecta unión aduanera actual. Entonces, cada país podría fijar aranceles externos frente a terceros países de manera independiente en lugar de estar limitado por el actual arancel externo común, a la vez que se podrían buscar acuerdos comerciales bilaterales también de manera independiente.
Desde que se creó el Mercosur hace más de un cuarto de siglo, siempre sostuvimos que era una mala idea para un país pequeño como Uruguay, ya que un esquema de zona de libre comercio estaba —y está— mucho más alineado con los intereses estratégicos que debería tener nuestro país. Más de 25 años e incontables frustraciones después, quizás ahora tengamos la oportunidad de poder retomar el control de nuestra política de comercio exterior, y también perseguir un esquema similar al que tanto éxito les generó a Chile y a muchos otros países pequeños.
Claro está que no se trata solo de bajar aranceles. Al mismo tiempo o incluso antes de una rebaja significativa de aranceles hay que crear las condiciones para que las empresas locales puedan mejorar de manera importante su capacidad de competencia. Eso implicaría, entre otras cosas, disminuir la carga impositiva, tomar las medidas para asegurar precios de la energía, combustibles y comunicaciones competitivos a escala internacional, mejorar sustancialmente la infraestructura logística (puertos, carreteras, ferrocarril, aeropuertos) para generar una caída en los costos internos de transporte, cambiar la política salarial hacia un esquema de negociación empresa por empresa y donde los aumentos de salarios reales queden acotados al crecimiento de la productividad, partir de un tipo de cambio elevado que dé un colchón inicial de competitividad y rentabilidad a los sectores exportadores, e ir a un manejo macroeconómico (política fiscal fuertemente restrictiva que genere un alto superávit primario estructural, política monetaria expansiva, restricción a los ingresos de capitales de corto plazo, etc.) que busque sostener lo más posible en el tiempo un tipo de cambio competitivo. También sería necesario realizar una profunda reforma educativa que priorice la excelencia y la capacitación de los recursos humanos de forma tal que resulte viable exportar trabajo uruguayo.
Es cada vez más evidente que el espejismo de bonanza que generó el boom de los precios de las materias primas se terminó, y por más que fue lindo mientras duró, ahora habrá que enfrentar la realidad y pensar en algo totalmente diferente. Lamentablemente, el haber desaprovechado los tiempos con viento a favor llevará a que el camino que tendremos que recorrer en los próximos años será mucho más difícil, con una mochila insoportablemente pesada sobre los hombros del sector productivo, y donde las expectativas de mejora en el nivel de vida para mucha gente se verán postergadas por años.
Lo que está ocurriendo en Argentina en la actualidad, y las proyecciones que sugieren que es cada vez más probable que haya un nuevo default en pocos trimestres, muestran con mucha claridad lo nefasto que es tratar de posponer el inevitable reconocimiento de la realidad, que tarde o temprano te termina alcanzando.
Sería fantástico que Brasil pegue efectivamente un fuerte giro liberal en el manejo de su economía, tanto en los aspectos de política macroeconómica, como en términos de política comercial y de políticas microeconómicas (desregulación de mercados, esquemas de incentivos, mejora de la competencia, etc.). Aunque los costos de corto plazo pueden llegar a ser elevados, particularmente ante el deteriorado contexto internacional que toda la región enfrentará al menos en los próximos dos a tres años, si efectivamente el gigante norteño fuera por ese camino, nos obligaría a hacer lo mismo, lo cual sería una excelente noticia.