Nº 2204 - 15 al 21 de Diciembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa transparencia sepultó el concepto de que “los jueces solo hablan por sus sentencias”. Hoy los fallos se alaban o cuestionan sin hesitación; el periodismo abrió los despachos. El fundamento refiere a las sentencias y al proceso, pero en cuestiones judiciales debe ser ajeno a intereses personales. Para eso están las denuncias formales o los recursos administrativos.
Desde 2017 con el nuevo Código del Proceso Penal (CPP) las investigaciones son exclusivas de los fiscales. Comunican sus acciones en forma personal o a través de la Fiscalía General. No incursionan en cuestiones privadas para expresar emociones, reproches o aflicciones ajenas a los juicios. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, advertían nuestros abuelos.
La fiscal de flagrancia Gabriela Fossati investiga al excustodio presidencial, Alejandro Astesiano. Varios de sus colegas la consideran inteligente y trabajadora. También arrogante, vanidosa, levantisca y errática. Muy desconfiada, teme ser perjudicada, se abroquela contra propios o ajenos y aguijonea. A Sócrates lo apodaban “tábano de Atenas” porque con su aguijón fustigaba al poder y al statu quo. Como una tabarra —derivado femenino de tábano—, como también ha sostenido José Saramago, actúa como una mosca cojonera.
Si el asunto de Astesiano adquirió ribetes de escándalo público es en gran parte debido a esos aguijones a través Twitter, Facebook y algunos medios. La han mantenido iluminada como una estrella del mundo del espectáculo, sin precedentes en ese mundillo. De otra forma no se explica que un corrupto, a quien la imprevisión e ingenuidad del gobierno le dio facilidades, haga más ruido que casos con mayor peso político, entre otros, un vicepresidente, un ministro y directores de entes: Enrique Braga, Julio Grenno, Daniel Cambón, Salomón Noachas, Juan Justo Amaro, Ernesto Laguardia, Juan Carlos Bengoa, Raúl Sendic o Fernando Lorenzo. Todos ellos vinculados a las cúpulas de distintos colores y desde allí defendidos. También sindicalistas patoteros y corruptos. Hoy todos se rasgan las vestiduras.
En 1999 el fiscal de Corte Óscar Peri Valdez designó fiscal a Fossati, por lo que renunció al Poder Judicial, donde se había desempeñado como jueza desde 1993. Como fiscal trabajó en Maldonado, Rocha, Canelones, llegó a Montevideo a través de Aduana (especialidad que no requiere venia parlamentaria), de allí pasó a civil hasta que Jorge Díaz, entonces titular del Ministerio Público, la destinó a penal en flagrancia cuando todavía no había concursos. Mientras Díaz estuvo en el cargo los enfrentamientos entre ambos eran como choques de trenes. Cuando el fiscal general dispuso su traslado a una fiscalía de casos anteriores al CPP, Fossati lo sintió como degradación, una sanción “por contar cosas que suceden en la Fiscalía General”. En Facebook acusó: “Este traslado es una presión, y es un mensaje (…). Los fiscales no tenemos garantías si tenemos que investigar algún caso cercano al poder (…). Total avasallamiento de la carrera”. Disparen contra Díaz.
La atomización informativa del “caso Astesiano” y las demagógicas embestidas del oficialismo y la oposición han impedido observar de forma global las opiniones de la fiscal. Alternativamente denunció desviaciones éticas o abusos funcionales de jerarcas y colegas, aunque sin presentar denuncias formales, pese a que tenía caminos para hacerlo. Seguramente no fue por inexperiencia: el 4 de setiembre cumplió 60 años y 30 de ejercicio judicial y fiscal. Tampoco fue objeto de investigaciones administrativas por sus acusaciones.
En 2019 renunció al gremio de los fiscales, regresó y en 2021 se volvió a ir de la asociación que preside el fiscal adscripto (en Twitter delimitó ese cargo tal vez para marcar que es jerárquicamente inferior a ella) William Rosa. “No me representa” y “no comparto reacciones corporativas”, señaló Fossati. Sostuvo que fue objeto de violencia de género por parte de Rosa durante confrontaciones gremiales y que nadie investigó. En realidad el Tribunal de Conducta la desestimó y evitaron confrontar.
La tabarra tuvo otras. En 2019 cuestionó en Facebook el nombramiento en forma directa por parte de Díaz del fiscal Rodrigo Morosoli. Afirmó que esa designación “generó suspicacias en las redes sociales” y que tuvo como objetivo investigar al senador Guido Manini Ríos sobre una eventual omisión de informarle a la Justicia detalles aportados por los militares represores José Gavazzo y Jorge Silveira ante los tribunales militares de honor. Manini era el comandante en jefe del Ejército.
En sus más recientes intervenciones cuestionó al fiscal general interino, Juan Gómez. Antes de que le tocara investigar a Astesiano, Gómez le había dicho que la trasladaría a una fiscalía especializada en delitos económicos, en los hechos un ascenso y con menos trabajo porque casi todo se acuerda sin un juicio. Pero debido al asunto Astesiano su jefe decidió mantenerla en flagrancia. Una vez más reaccionó enojada: “Estoy muy molesta”, le dijo a El Observador. En Montevideo Portal remarcó: “La importancia de la investigación (sobre Astesiano) amerita que sea asignado un fiscal que tenga real respaldo de la jerarquía”. Verborrágica, sostiene que Gómez no la respalda, aunque se diga lo contrario, bla, bla.
En esa misma época irrumpió en Twitter para dar su versión sobre la controvertida y discutida entrega de los chats entre Astesiano y el presidente Luis Lacalle Pou, este sí un tema propio de la investigación penal pero erráticamente transformado en político, tanto por la fiscal como por el gobierno, que inicialmente buscaron sacarle el culo a la jeringa con argumentos baladíes.
La semana pasada en Búsqueda Fossati opinó que los cuestionamientos recibidos de colegas por sus manifestaciones públicas son con “mala intención” y responden a una “interna” en el Ministerio Público. Quedan pocos sin aguijonear.
A fines de octubre el periodista Ignacio Álvarez relató en Azul FM que tiene con la fiscal “un lío desde hace años por un tema periodístico”.
“Tuve un encontronazo fuerte. Para decirlo con mucho cuidado, me parece una magistrada no muy centrada”, dijo. Opinó: “Hay un tema que lamentablemente se repite. No es la única. Sería bueno hacer una pericia psiquiátrica o psicológica para magistrados que definen sobre cosas tan sensibles como la libertad o la prisión de una persona”.
Como decía Jorge Traverso al cerrar el informativo de Canal 10: “Así está el mundo, amigos”. Entreverado y asquea.