N° 1723 - 25 al 31 de Julio de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace exactamente un año, la crisis de deuda europea estaba en un punto muy difícil, con los rendimientos de los bonos españoles e italianos por encima del 7% anual, lo que llevó a que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi, dijera que esa institución iba a hacer “lo que fuera necesario para sostener al euro”, delineando luego una estrategia por la cual teóricamente se comprarían bonos de corto plazo de los países altamente endeudados que se comprometieran a programas de ajuste y a reformas estructurales a efectos de disminuir su costo de financiamiento.
Sin tener que gastar un solo euro, la “intervención verbal” de Draghi resultó exitosa en reducir los costos financieros de los países altamente endeudados (en la actualidad, los rendimientos de los bonos españoles e italianos están bastante por debajo del 5%) y en terminar con los temores de que se diera una ruptura de la moneda única a corto plazo. Sin embargo, ni la mejora de los mercados financieros ni las dos reducciones de intereses aplicadas por el BCE, que llevó la tasa de referencia hasta el mínimo histórico de 0,5% actual, lograron evitar una profundización de la recesión económica en la parte final de 2012 y durante el primer trimestre de este año.
El deterioro económico no solo se acentuó en los países altamente endeudados del Mediterráneo, sino que incluso Francia entró nuevamente en recesión con caídas del PBI en el cuarto trimestre de 2012 y el primer trimestre de este año. Incluso la locomotora alemana mostró signos de desaceleración durante los meses iniciales de 2013. El desempleo en el Área Euro marca récords todos los meses, el consumo se mantiene deprimido, las ventas de autos están en mínimos de más de 20 años, las empresas se mantienen renuentes a incrementar significativamente la inversión y el único factor dinámico pasa por las exportaciones.
Más allá de que el panorama económico del Viejo Continente sigue siendo muy complicado, en estos últimos días se han conocido algunos indicadores que podrían estar anticipando que quizás la situación económica comienza a estabilizarse, aunque en un nivel muy deprimido. Esta semana el Banco de España anticipó que proyectaba una contracción del PBI de 0,1% en el segundo trimestre del año, por debajo de la caída de 0,3% que esperaba el mercado, y el Banco de Francia proyectó que el PBI de dicho país habría crecido 0,1% en abril/junio, llevando a que el gobierno francés decretara el “fin” de la recesión. Aunque anticipa una desaceleración para el segundo semestre, el Bundesbank alemán también pronosticó una recuperación de la economía germana en el período abril/junio, luego de un débil primer trimestre en parte debido a factores climáticos.
A eso se agrega que esta semana se conocieron las estimaciones preliminares de encuestas que miden la actividad de los sectores manufactureros y de servicios, que mostraron valores mucho mejores a los previstos. De hecho, el sector manufacturero habría mostrado expansión en julio en relación al mes anterior por primera vez en dos años, lo cual es un dato muy alentador. Al mismo tiempo, se observa en diversos países europeos una incipiente mejora de la confianza de los empresarios y de los consumidores, que podría ayudar —si se sostiene— a mejorar los niveles de consumo e inversión en los próximos meses.
En momentos en que la economía china está mostrando una desaceleración mayor a la que se esperaba, las aparentes señales de estabilización de la economía europea constituyen una muy buena noticia, especialmente teniendo en cuenta el todavía escaso dinamismo que muestra la recuperación económica tanto en Estados Unidos como en Japón, al tiempo que los mercados emergentes están pasando por una desaceleración más o menos importante.
Sin embargo, como el propio BCE sistemáticamente viene reconociendo, los riesgos en el crecimiento de la zona euro siguen “sesgados a la baja”, por lo que es prematuro cantar victoria y señalar que a partir de ahora la economía europea entrará en una etapa de expansión económica sostenida. Por un lado, la desaceleración de China y de los mercados emergentes, junto a la fortaleza del euro, podrían limitar el crecimiento de las exportaciones europeas. Por otro lado, si la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos efectivamente comienza a reducir el nivel de estímulo monetario hacia fines de este año, eso podría llevar a mayor inestabilidad en los mercados financieros y a subas en las tasas de interés (tal cual ya se observara en mayo y especialmente en junio), que podrían volver a complicarles la vida a los países altamente endeudados del Mediterráneo, en donde la “fatiga del ajuste” es cada vez más evidente.
Por tanto, si bien parece claro que para los europeos el actual verano será más disfrutable que el del año pasado, todavía está por verse si podrá decirse lo mismo del próximo invierno. La luz que parece asomarse al final del túnel es muy tenue y puede apagarse en cualquier momento.