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    Uruguay, Mercosur y después

    Nº 2140 - 16 al 22 de Setiembre de 2021

    “Sur, paredón y después… ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera y esperándote”, dice la letra del tango Sur. Y podemos parafrasearlo diciendo que el Mercosur ha sido para Uruguay como un paredón que nos impide crecer, pero que ya no estamos dispuestos a esperar que nuestros hermanos argentinos cambien sus fracasadas políticas peronistas y nos dejen recostados contra la vidriera, esperando que pase un nuevo tren.

    Ya Tabaré Vázquez y su Frente Amplio nos hicieron perder el tren de un TLC con Estados Unidos. Cuando vino el presidente George Bush (h) nos dijo: “Si ustedes quieren, yo quiero”. Y el socialista Reinaldo Gargano (excanciller) sacó todo su marxismo-leninismo y todos sus conceptos errados del mundo y de la vida y le respondió: “No quiero”. Y así, los uruguayos, supuestamente tan ilustrados como valientes, “nos fuimos al mazo”.

    Paradojas del destino, ahora el TLC será con China, el archienemigo de Estados Unidos; el país más poblado del mundo donde rige un “comunismo de mercado abierto”, un raro engendro que mezcla una gran libertad de comercio con una férrea dictadura política. Solo los chinos pueden manejar esto.

    Ahora Uruguay podrá dar “un gran salto adelante”, pero no como el que dio Mao Zedong entre 1958 y 1961 (condenando a la muerte por hambruna a millones de chinos), sino que será a lo Deng Xiaoping, quien sostenía que “no importa que el gato sea negro o blanco, sino que cace ratones”.

    Uruguay tiene que quitarse el lastre del Mercosur. Los argentinos seguirán viniendo a Punta del Este, con o sin Mercosur. Seguirán invirtiendo en inmuebles y en campos, con o sin Mercosur. Y se seguirán mudando a nuestro paisito, porque cada día aguantarán menos los impuestos, las regulaciones asfixiantes, la corrupción política o los piquetes sindicales. Y nosotros seguiremos comprando y vendiendo como se hizo siempre, con Mercosur, con CAUCE, con acuerdos puntuales o sin ellos.

    Los brasileros, con Jair Bolsonaro y el ministro de Economía Paulo Güedes a la cabeza de reformas liberales, están más dispuestos a acompañar esta iniciativa. Y Paraguay (muy casado con Taiwán) mira para el costado, pero no pesa.

    En la interna, el avispero se sacudió. Los que duermen “la siesta interminable” (título de una magnífica columna de Claudio Paolillo1) no quieren que se hagan olas. Así, sindicalistas, políticos y empresarios protegidos por aranceles, no quieren más aperturas. Pero en vez de exigirle al Estado que los “proteja” (que es algo así como pedirle al lobo que te cuide las ovejas), mejor sería que presionen a ese mismo Estado para que les quiten impuestos, burocracia, regulaciones laborales rígidas y una burocracia que todo lo impide. De esa manera podrán competir mejor.

    Hay que felicitar al presidente Luis Lacalle Pou por esta iniciativa. Demuestra una visión clara de hacia dónde va el mundo; una comprensión cabal de que el destino de Uruguay es hacia fuera y un coraje político para enfrentar a los pocos privilegiados que se benefician de este encierro.

    El Mercosur terminará como termina la letra del tango Sur: “Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura del sueño que murió”.

    (1) Búsqueda Nº1849 de enero de 2016.

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