• Cotizaciones
    domingo 22 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Va siendo hora de que hablemos

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2109 - 4 al 10 de Febrero de 2021

    Estaba en la ciudad de Oruro, en un hotel. Los casi 4.000 metros de altura y la falta de oxígeno hacían que subiera por el ascensor, un artefacto exterior inserto en un tubo de cristal que permitía admirar la belleza del altiplano. Mientras veía achicarse la calle, alejarse el mercado y a las mujeres y sus aguayos multicolores, mientras veía las nieves eternas de alguna montaña cuyo nombre nunca supe o he olvidado, caí en la cuenta de que hacía más de dos meses que no menstruaba. Tal vez pensé en arrugas y en dolores articulares y en manchas epidérmicas, sé que vi la palabra “menopausia” escrita con mayúsculas en el monte lejano cuyo nombre no recuerdo. Mi ascensor subía lentamente: afuera, en Oruro, la vida reventaba de colores y de movimiento, y yo pensé que en ese preciso momento empezaba oficialmente a envejecer. ¿Con quién iba a hablarlo? Tenía más de 50 y ninguna de mis amigas lo había mencionado.

    Menopausia es una palabra patologizada, no se menciona más que en la posología de los medicamentos o en las publicaciones médicas. Fuera de eso, las mujeres hacemos de cuenta que no existe. Es algo que nunca nos sucederá a nosotras, apenas lo susurramos entre amigas, y jamás lo hablamos con los hombres. Hacemos lo imposible por ignorarla o disimularla, hacemos de cuenta que nunca nos pasará a nosotras, y tan solo cuatro o cinco famosas han contado su experiencia. Como si fuera una vergüenza, un estigma, un hecho que nos vuelve despreciables. Como si la humanidad entera, mujeres y hombres, no estuviéramos transitando por la misma carretera que nos lleva del nacimiento a la muerte. Sí, yo también hice todo por ignorarla y disimularla y olvidarla, pero cuando desperté la menopausia todavía estaba allí.

    Aunque en el siglo XXI las mujeres occidentales hemos conquistado derechos legales, sexuales y reproductivos, hemos accedido a los niveles más altos de educación, aunque nos hemos introducido en nuevos oficios y profesiones, todavía seguimos atadas a la piedra sacrificial de la reproducción y de la juventud, por lo tanto, nada bueno puede suceder cuando se acaba esta etapa. La sociedad y el mercado abruman con modelos de mujeres de mediana edad que compiten en aspecto físico con las veinteañeras, nos inundan con publicidad de los paliativos más diversos: cosméticos, dietas, rellenos, entrenamientos físicos, cirugías, medicamentos. ¿Por qué? Porque la mujer sigue ligada a su rol reproductivo y, cuando deja de tenerlo, pierde al menos una parte de su valor. Nadie podría culparnos por buscar remedios para silenciar el paso del tiempo. Ni las feministas, que tanto dicen de menstruaciones, tocan jamás este tema.

    Se estereotipa y hasta excluye a la mujer adulta a través de un discurso que permanece incambiado desde los tiempos en que nuestra esperanza de vida era de 40 años, siendo que nuestra expectativa se ha duplicado y las mujeres pasamos más de 1/3 de nuestra vida en menopausia. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 1.000 millones de mujeres serán posmenopáusicas en el 2030. Debemos cargar con el tabú y el silencio más de 30 años.

    Por otro lado, aunque en franca minoría, están los que sí hablan y hasta sostienen que no hay nada que temer, que todo es color de rosa, que es el mejor momento de la vida. La doctora Christiane Northrup, profesora de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Vermont, en su libro Los placeres secretos de la menopausia, dice que en ese período “la creatividad adquiere un nuevo impulso, sueños y sentimientos olvidados retornan con pasión renovada, es el momento de dejar que aflore la verdadera esencia femenina cultivando el placer en todas sus formas”.

    Tampoco pretendíamos tanto, Christiane.

    Miriam Di Paoli es creadora del grupo No Pausa, un ecosistema de comunicación multiplataforma (web, redes sociales, YouTube) que busca visibilizar el tema de una etapa que, según ella, sigue siendo “el último gran tabú del universo”. “Confieso que a pesar de estar llegando a los 50 nunca había dedicado un minuto a pensar en esta etapa. Yo, de la peor manera, me di cuenta de que para mí una menopáusica no representaba un tipo de persona sino una sensación. De finitud, de falta de energía, de ausencia de sueños. Nada que se pareciera a mí y, sin embargo, los análisis me decían que yo era casi una menopáusica. Y me puse a pensar: ¿dónde están las otras? No me acordaba de alguien hablando del tema. Me sorprendió que una etapa que abarca cerca de 1/3 de la vida de una mujer moderna aún siguiera siendo invisible”, afirma Di Paoli. Las responsables de No Pausa, dicen ellas, buscan desmitificar los estereotipos que están en el inconsciente colectivo, especialmente el que afirma que la menopausia es un anuncio o sinónimo del fin.

    Pero no nos engañemos: más allá de hechos aislados, de libros de autoayuda y de asociaciones para empoderar mujeres mayores, más allá de grandes fines y de buenos deseos aislados, la menopausia sigue silenciándose y, lo que es peor, percibiéndose socialmente como una capitulación frente al paso del tiempo. Una muestra más de discriminación, rechazo y marginación por razones de edad y de sexo. Y me pregunto qué más vamos a esperar las mujeres para sacar este otro cangrejo de abajo de la piedra.

    // Leer el objeto desde localStorage