Nº 2108 - 28 de Enero al 3 de Febrero de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi el periodismo que vimos ejercer en las grandes cadenas internacionales de cable en las últimas etapas de las elecciones y la asunción al poder del nuevo presidente de los Estados Unidos es el futuro de la tarea informativa, vade retro. Ya mencionamos en esta página la advertencia del periodista estrella de la revista Rolling Stone en su libro Hate INC: Why Today’s Media Makes Us Despise One Another (Odio Incorporado: Por qué los medios de hoy nos hacen despreciarnos unos a otros). El título lo dice todo: las grandes cadenas descubrieron que la polarización es su gran negocio.
Cuando hicimos referencia a ese libro hace unos meses ya era bastante obvia la apuesta de las cadenas por tomar partido, dejando de lado cualquier aproximación a un periodismo con sus códigos y ética de información rigurosa e independiente. La evolución que vimos en estos últimos meses de las cadenas que llegan a nuestro territorio es la descarada renuncia a cualquier ética periodística en la mayoría de los casos. Ya no les importa disimular, algo que hasta hace no tanto tiempo por lo menos intentaban.
Este tipo de periodismo no solo sigue los estudios del mercado, los llamados focus group; también intenta emular lo que sucede con las redes sociales, donde el negocio de la noticia a gusto del consumidor, sin desafiarlo, prevalece. Lo digital le puede echar la culpa —argumento débil, pero existe— a los algoritmos, donde una vez que uno elige un tema para seguir, la red se ocupará de ofrecernos una variedad de opciones para el mismo objetivo (aunque suene contradictorio). En el caso de las grandes cadenas parecería ser que la maniobra es más intencionada: buscamos una trinchera y desde allí le tiramos con toda la munición a los de la otra trinchera.
Fox News comenzó como una cadena que aprovechaba el espacio vacío en materia de información para los sectores más conservadores. Lo hizo al principio apostando a una variedad de columnistas que buscaban llegar a ese sector de la población respetando códigos periodísticos básicos y con algunos buenos locutores que todavía tienen. Incluso algunos de sus empleados fueron sancionados por no respetar esta ética. Pero no duró.
En estos tiempos se vieron cosas que no deberían verse nunca. Los supuestos periodistas de Fox empezaron a sumarse a la escena política. Algunos terminaron subiéndose al escenario para declarar su lealtad incondicional a Donald Trump y al Partido Republicano. No solo al presidente, sino también a gobernadores, senadores y diputados en los diversos estados. Incluso conduciendo los eventos y arengando a las masas, dando la fea sensación de frustración porque sabían que estaban usurpando un espacio que no era para ellos.
La transformación de CNN es aún más evidente. Los ataques a Trump provenían de prácticamente todos los supuestos comunicadores. Incluso alguno que únicamente debía presentar los números de la votación, no desperdició la oportunidad para denostar al candidato republicano. En cambio, el candidato demócrata parecía estar a un paso de ser un dios. Se llegó al colmo de poner al aire, con el apoyo de los locutores de turno, a un tal Alex Stamos, vinculado a Facebook, quien hizo un llamado a los dueños de la redes sociales para proscribir de sus plataformas a los conservadores. Y no solo apoyando el veto a Trump y a varios allegados cercanos al expresidente, incluido el bueno de Ron Paul: quería extenderlo a todos los seguidores de Trump, olvidando por completo que existe algo como la libertad de expresión. Olvido que también recae en los voceros de la cadena que miraban al señor Stamos con beneplácito.
Otro de los casos increíbles es el de Chris Cuomo. En su momento fue un buen corresponsal de guerra, un periodista con un interesante CV. Pero ahora apareció embanderando los ataques al presidente saliente, a quien definió como “el peor de la historia”. Lo realmente bochornoso fueron las entrevistas con su hermano, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, el más querido de sus ya muy queridos demócratas. ¡Un papelón! Interesante verlo al presentador hablando loas de su hermano, al tal punto que el propio gobernador se veía notoriamente incómodo.
Parecería que el negocio reside en tomar partido por cualquier tema que pueda provocar enfrentamientos entre dos bandos tribales y sostener las posturas con frases hechas y lugares comunes repetidos un montón de veces. Una forma terrible de fake news (noticias falsas/engañosas). A veces miramos al norte para saber lo que se viene. Trabajemos para que esto no suceda. Otra vez: vade retro.