En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En una noche a fines del 2002, en plena crisis, estaba —como tantos uruguayos— desvelado. Me puse a hacer zapping mirando todos los canales sin mirar ninguno, hasta que algo me llamó la atención. Se trataba de la historia de un start up contada por sus propios protagonistas, sobre cómo estaban creando una empresa para ofrecer los servicios de “factura electrónica”.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Estos emprendedores habían conseguido 50 millones de dólares del mercado y el programa mostraba con detalle cómo invertían el dinero en desarrollo de software, equipos o marketing y también cómo la competencia hizo las cosas mejor que ellos y también mostraron cómo se fundieron. Perdieron más de 30 millones y pudieron ir recuperando el resto.
En Uruguay, este fracaso (u otro por unos miserables pesos), le hubiera provocado a ese emprendedor una suerte de capitis diminutio, ya que los bancos que le prestaron dinero lo hubieran mandado al Clearing, los proveedores pedido su quiebra, los obreros ocupado la empresa y los amigos se hubieran alejado de ese “fracasado”, como los sanos se alejan de los leprosos.
Sin embargo, este “fracasado” se dedicó luego a dar conferencias y a ganar mucho dinero, contando … ¡cómo se había fundido! No solo asesoraba a cualquier mortal, sino que era invitado a reuniones de gala con el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton.
Esta es la gran diferencia entre las mentalidades que predominan en las sociedades de primera y las que pululan entre las sociedades de cuarta. Donde se rigen por las reglas morales del capitalismo, saben cómo funciona una empresa, los riesgos que conlleva cualquier emprendimiento y el valor social de intentarlo. En las sociedades de cuarta, que se rigen con la moral del socialismo, no aceptan la idea de tomar riesgos individuales, sino colectivos; castigan económica, jurídica y socialmente al emprendedor, y destacan como virtud la pasividad del depredador.
En las sociedades pujantes los “inversores ángeles” y los “inversores de riesgo” prefieren arriesgar su dinero en aquellas personas que ya vienen con un par de fracasos encima, porque valoran esa experiencia y la voluntad de levantarse y seguir.
También las mejores escuelas de negocios y todos los programas de fomento al espíritu emprendedor valoran a las personas que han tenido fracasos anteriores pero que no los vivieron como tales (paralizándolos), sino como aprendizajes para crecer y seguir luchando.
“Chile acaba de dar un audaz paso para promover la innovación que debería ser imitado por todos los países latinoamericanos: ha puesto en vigencia una nueva ley de quiebra para que los emprendedores no se queden paralizados por miedo al fracaso y se animen a crear nuevas empresas sin temor a que una bancarrota los inhabilite por muchos años”, comenta Andrés Oppenheimer en un reciente artículo publicado en “El Nuevo Herald”.
Agrega que en América Latina, “no solo hay una cultura de falta de tolerancia social ante el fracaso individual, sino que las leyes castigan despiadadamente a quienes se declaran en quiebra, prohibiéndoles iniciar nuevos emprendimientos durante muchos años”, tal como lo recoge el siempre mencionado ranking Doing Business del Banco Mundial.
Martín Varsavsky, un “emprendedor serial” nacido en Argentina, con inversiones en España, Estados Unidos y el mundo entero, sostiene que “un buen emprendedor necesita tener visión y confianza en sus ideas y su capacidad para liderar. No puede tener miedo al fracaso, debe entender que todo el mundo fracasa en algún momento, es algo bueno de lo cual uno aprende mucho”.
Rita Ramalho, la principal autora del ranking Doing Business 2015, dice que “es bueno tener un sistema que permita la prueba y el error, porque el proceso de prueba y error es fundamental para la innovación”.
En Uruguay estamos bastante lejos de aceptar estos conceptos. No aceptamos el fracaso en los estudiantes (¡pero si están buscando lo que les gusta en la vida!), tampoco entre los empleados (¡mejor robots que seres pensantes!) y lo mismo en el deporte, el arte o la empresa. Al emprendedor fracasado lo castigamos con el Clearing y al emprendedor exitoso con el IRPF.
Por eso, la sociedad civil tiene que valorar el fracaso, y también el éxito. Tal vez, algún día, el sistema político entienda estos conceptos y tengamos leyes como la que acaba de aprobarse en Chile, dándole la razón al ex presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt cuando dijo: “En la vida hay algo peor que el fracaso, y es el no haber intentado nada”.