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Hace unos cuantos años aprendí con el Ing. Jacobo Varela el concepto de disonancia cognitiva (León Festinger, 1957): es la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en contradicción con sus creencias. Al producirse esa incongruencia o disonancia, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, reconstruyendo la coherencia interna. Por ejemplo, una persona con valores y creencias morales inculcados desde su infancia puede verse involucrado en acciones que rechazaría (guerras, muertes, torturas...), por lo que se ve motivada a introducir valores superiores que justificarían su actitud: la defensa de la patria, el evitar males mayores, etc.
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El jueves pasado, tres cartas publicadas en Búsqueda constituyen un ejemplo “de texto” acerca del referido concepto (“Vargas Llosa, la marihuana y el Estado de derecho”). Los tres autores inician aclarando su admiración por el escritor, pero se sienten indignados por sus comentarios referidos a la eventual legalización del cultivo y venta de marihuana. Obvian el argumento más relevante de Vargas (“…esta medida infligirá un duro revés a las mafias… que utilizan a ese país no solo como mercado…”), soslayan las referencias a experiencias internacionales y exponen cuestionamientos que el mismo Vargas ya anota en su propia columna, como la inconveniencia de que sea controlado por el sector público, sin dar participación al sector privado (Time Magazine).
Pero sobre todo se manifiestan traicionados por los comentarios que refieren al gobierno uruguayo y a José Mujica, por haber tomado esa “valerosa decisión” y otros elogios (en algún caso ni se hace referencia al tema “marihuana”). Evidentemente, la admiración por Vargas (“oveja negra” de la generación de escritores latinoamericanos por revisar sus viejas afiliaciones, izquierdista disidente, devenido en crítico implacable de la dictadura cubana) no es consistente con una manifestación de aprobación y elogio del gobierno frentista (entraron en disonancia…). Entonces, los tres ensayan fuertes críticas del mismo, asumiendo que Vargas Llosa está muy desinformado (¿?), o que se olvidó de cuando “casi” no le dan el doctorado honoris causa en la Udelar y hasta le sugieren leer Búsqueda y consultar a otros expresidentes uruguayos…
No es mi intención salir en defensa de Vargas y sus opiniones, cosa que no necesita. Además, todavía no tengo posición tomada sobre el asunto de marras. Lo que sí me resulta justo y necesario es destacar el ejemplo que nos da el Escribidor con su clara y pasmosa actitud de hombre libre y pensante, expresando su opinión sin preconceptos ni dogmas, sin “ponerse la camiseta” o “calzarse un balde en la cabeza”. En su momento no dudó en transformarse en “políticamente incorrecto” según los perimidos esquemas de la izquierda sesentista; y ahora tampoco le tiembla la pluma si tiene que elogiar medidas tomadas por un gobierno de izquierda. Lo que no significa que valide todos sus actos ni adhiera a su filosofía.
Seguramente, Vargas Llosa nunca se tendrá que enfrentar a una disonancia cognitiva.