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    Venancio Flores

    Sr. Director:

    En la edición de Búsqueda del 12 de noviembre, en su nota de la página 16, la señora Andrea Blanqué le adjudica al general Flores la condición de degollador. Esto ocasiona que a la semana siguiente un señor de apellido Flores, que supongo debe ser pariente del general, se sienta molesto y afirme que la señora Blanqué dice lo que dice por desconocimiento de nuestra historia.

    Deseo aclarar que desconozco por completo a ambos contradictores, pero como investigador siento la necesidad de aportar alguna información sobre el tema en discusión, sin pretender polemizar sobre la valorización de una figura política del siglo XIX, que hoy no tiene demasiada relevancia.

    Nuestra historia tiene gran importancia para nosotros debido a que es nuestra historia; y los personajes de ella, los protagonistas del pasado, debemos naturalmente analizarlos en su contexto histórico.

    Estas figuras del siglo XIX —siglo indiscutiblemente violento y sangriento— son los políticos de esa época y como todos los dirigentes políticos pudieron tener aciertos y pudieron cometer equivocaciones. Se suele caer en el tremendo error de querer hacer de ellos semidioses, ocultando los gravísimos errores en los que cayeron, en honor a su posible condición de forjadores de nuestro país.

    Yo creo que uno se debe introducir en el estudio de nuestra historia intentando acercarse a la verdad, aunque esta nos muestre una realidad que no nos guste. Todos tenemos nuestras inclinaciones políticas y podemos querer defender hasta la sinrazón a los nuestros, a los que consideramos “Los Buenos”, en contra de los otros a los que consideramos “Los Malos”. Esta es una muy mala actitud, que domina lamentablemente a muchos en la vida actual. Creo, sin embargo, que debemos hacer lo imposible para desprendernos de esos sentimientos que nos impiden un sano razonamiento, si queremos tener certezas en nuestra investigación.

    Esta carta no tiene la intención de hacer una valoración del general Flores, pero creo necesario considerar algunos acontecimientos de ese siglo en los cuales tuvo Flores principal protagonismo, para poder apreciar mejor el tema que está en controversia.

    En este momento, casualmente (no por estudiar el comportamiento del general Flores, sino por otros motivos), estoy investigando el sitio y toma de Florida por las tropas rebeldes de Flores en 1864. La resistencia de la pequeña guarnición fue heroica y solo se entiende el olvido de este episodio histórico porque poco tiempo después lo opaca la inmolación de la heroica Paysandú, una verdadera epopeya.

    El libro “La Cruzada Libertadora” de Antonio Conte del año 1891 contiene mucha correspondencia del general Flores y de sus allegados. Es importante aclarar que el señor Conte dedica el libro a los hijos de Flores con muchos halagos. Se define como correligionario de ellos, es decir colorado y admirador del general Flores.

    En las páginas 457 y 458 hay una carta del secretario de Flores, José Bustamante, de fecha 5 de agosto de 1864, que en lo que nos interesa expresa:

    “Ayer a las 8 de la mañana nos presentamos como con 1.000 hombres de infantería y caballería (—eran más—), a 8 cuadras de este pueblo, guarnecido por 200 y tantos infantes (—eran solo 77 con algunos vecinos—) a las órdenes de comandante Párraga.

    A las 2 de la tarde nuestros bravos coronaban los cantones enemigos tomados a viva fuerza de fusilería y cañón (—los defensores no tenían cañones—).

    Tenemos que lamentar la pérdida sensible del coronel López que murió en la primera carga a 50 varas de un cantón. También pereció, víctima de su arrojo desmedido, el capitán Venancio Flores, hijo del General, atropellando el cantón y penetrando en él. (—Algunos afirman que la muerte del hijo de Flores es la causa de que este, haya hecho ejecutar a los valientes defensores que se rindieron. Tratan de esta forma de justificar o al menos de atenuar el bárbaro crimen. Flores en su carta expresa cuáles fueron los motivos reales por los que ordenó las ejecuciones—).

    Fueron muertos en el acto de la lucha el jefe de la guarnición y siete jefes y oficiales más, habiendo el general indultado a los prisioneros, como tiene costumbre (—esto fue desmentido por Flores en la carta posterior, que veremos a continuación, Flores, amenazante, desmiente a su secretario—).

    La carta de Flores, de apenas 4 días después, o sea del 9 de agosto, dirigida al ministro del gobierno legal, brigadier general Diego Lamas, se encuentra en las páginas 460 y 461 del libro citado.

    “El General en Jefe del Ejército Libertador

    Sr. Ministro de Guerra y Marina, Brigadier general don Diego Lamas.

    Cuartel General, Paso de la Arena, Agosto 9 de 1864.

    Sr. Ministro:

    Mi nota del 26, no ha sido contestada, sin embargo de haber sido recibida, como me consta. (Flores, continúa quejándose porque no ha recibido contestación a las propuestas realizadas al gobierno, y en lo que nos interesa, expresa lo siguiente:)

    …Y todo lo que ha influido sobre mi ánimo para efectuar esa ejecución de siete jefes y oficiales prisioneros, no ha podido ser más que el silencio despreciativo con que se ha mirado la indicación que tantas veces he hecho de hacer menos cruel la guerra por parte de ese gobierno y sobre lo que insistí en mi nota del 26.

    Una contestación cualquiera, una palabra sola, hubiera bastado para mejorar la suerte de esos prisioneros fusilados cuya lista acompaño como también va la de los que permanecen en este campo en calidad de tales.

    Venancio Flores

    José Candido Bustamante

    Secretario

    (—Realmente es patético; los mató porque el gobierno no accedió a sus pretensiones. Fue algo así como un asesinato de rehenes.)

    Queda claro, por lo tanto, que ejecutó a los prisioneros y está totalmente documentado por carta del propio general Flores, de su puño y letra y recogida en el libro de Conte, correligionario y admirador del general.

    Ahora habría que saber, para afirmar si la señora Blanqué emitió un juicio falso o no, si alguno de los héroes asesinados fue degollado. Es decir, si el adjetivo de la señora Blanqué hubiera expresado solamente la condición de matador, sin tomar en cuenta la forma en que fueron hechas las ejecuciones, el calificativo hubiera sido correcto y suficientemente comprobada su veracidad, no siendo necesario continuar más con la discusión.

    Podemos sospechar por las informaciones que existen que por lo menos uno de los prisioneros no fue fusilado y sí fue degollado. Por lo tanto no nos parece disparatado el calificativo que la señora Blanqué le adjudica al general Flores.

    Veamos el libro “Párraga. El artillero sin cañones” de Heraclio Labandera.

    No conozco la filiación política del autor, pero podemos presumir que sea blanco, lo que no invalida lo que contiene su libro, producto de un estudio profundo sobre el tema. Veamos algunas cosas que nos interesan, extraídas del libro, sobre el tema que estamos tratando:

    El tema de la caída de Florida y el asesinato de Párraga también fue mencionado por Luis Alberto de Herrera con alguna amplitud en dos de los 27 libros que escribió. En un trabajo de 1926, este prolífico autor de una importante historiografía del siglo XIX, transcribió una misiva de Florentino Castellanos enviada a Andrés Lamas y datada 08.08.1864, dando noticias de las acciones en Florida, aunque sin mencionar la figura de Párraga.

    “Anoche ha sido una noche de verdadera amargura para este pueblo. Se dijo que Flores había atacado durante dos días a Florida, defendido por los Guardias Nacionales; que perdió un hijo suyo, Venancio, el coronel Faustino López (…) y a muchos de los suyos, que entró al pueblo, después de rendida la guarnición por falta de municiones, e hizo ultimar a los rendidos. Me cuesta creerlo, pero hoy se dice que es verdad. Tiemblo ante la idea de que pueda haber guerra así practicada”.

    En otro trabajo de 1951 —el cual sería su último libro— Herrera volvió a referir los episodios de la Florida:…

    “Agobiada por el número, la pequeña guarnición de Florida, después de heroica resistencia, se había rendido. Por orden directa de Flores, sus oficiales fueron pasados por las armas (siendo) inmolados el mayor Jacinto Párraga, comandante militar del departamento”, y demás compañeros de armas.

    Por otra parte, en un opúsculo de 1964 editado en conmemoración del centenario de los episodios por una agrupación nacionalista, y dedicado a la memoria “de don Zoilo Gutiérrez, soldado de Oribe en Carpintería, Tte. Cnel., benemérito de la Patria, en la Defensa de la Florida en 1864”, Carlos Muñoz explicó con algún detalle los episodios de la villa tomada en 1864.

    Luego de reseñar la noticia de los sucesos de agosto, el autor en la lista de jefes ajusticiados —en particular, en el degüello de Dámaso Silva — y añadió algunas anécdotas de difícil registro.

    “Conmovedores detalles que se conservan vivos en las tradiciones familiares: la esposa del Tte. Cnel. Silva, doña Juana Irureta, se arrodilló ante el jefe vencedor, implorando clemencia. Estaba grávida de quien fue luego Dámaso Silva; destinado a inscribir su existencia entre el sacrificio de su padre y el propio, cayó en Tarariras, en 1897, siendo jefe de la escolta del Cnel. Diego Lamas”, relató.

    Creo por lo tanto y en honor a la verdad histórica que capaz que Dámaso Silva no fue degollado, pero sí ejecutado, aunque como tenemos versiones insistentes de que fue decapitado, no se puede descartar que esta haya sido finalmente la forma en que fue ultimado. La señora Blanqué por lo tanto no inventó nada, no hizo ninguna afirmación nueva.

    Es indudable que Flores tuvo actos sanguinarios y sería suficiente estudiar su actuación en la Argentina al servicio de Mitre para tener mayores pruebas. (Es sobre todo espantosa la actuación de Flores, el 22 de noviembre de 1861, en la batalla de Cañada de Gómez). También es cierto que Flores no está en el nivel imperdonable de su subalterno, Gregorio Suárez, que según la viuda de Flores fue quien hizo asesinar a su esposo. Pero debemos concluir que muchas de las actuaciones de Flores son totalmente reprobables.

    Aclaro que no tengo interés en polemizar sobre un tema triste de nuestra historia, que no amerita la menor discusión por sus evidencias. El calificativo de la señora Blanqué puede haber sido demasiado fuerte, pero no es ajeno a la verdad histórica.

    Mi único interés ha sido el de aportar información para que se pueda así juzgar mejor, con mayores certezas, la controversia.

    Alberto Arias Perdomo

    CI 1.048.368-2