N° 2033 - 15 al 21 de Agosto de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara comenzar, vale la pena aclarar el concepto de vergüenza ajena. Es el sentimiento que todos hemos sentido y que irrumpe en nuestro estado de ánimo cuando observamos que alguien hace el ridículo debido generalmente a errores involuntarios.
No es necesario que solo sean errores involuntarios. Es el caso del ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, quien tomó una decisión consciente, voluntaria, que generó vergüenza ajena. Ocurrió cuando en nombre del gobierno publicó un comunicado para advertirles a los uruguayos que tomen precauciones si viajan a Estados Unidos ante “la creciente violencia indiscriminada” por crímenes de racismo y discriminación.
Esa vergüenza ajena incluye a frenteamplistas serios y con sentido común y a diplomáticos uruguayos y extranjeros. Algunos quizá sintieron que el gobierno hizo bien. Una forma de reeditar el coraje de David frente al despreciable Goliat encarnado en Donald Trump. Más propio de una reacción patriotera calenturienta que de sentido común.
Fue una infantil bravuconada. Un contracomunicado como reacción al de Estados Unidos, que les recomendó a sus compatriotas que si viajaban a Uruguay debían tener “mayor precaución debido a la criminalidad” .
No es la primera vez que el gobierno norteamericano formula esa advertencia. Tampoco es el único país. Desde 2018 Alemania, Suecia, Canadá, Suiza, Australia, Portugal, Francia, Italia, Holanda y España han alertado, con variados matices, sobre la inseguridad en Uruguay.
El ministro se justificó: “Nos pareció que nosotros deberíamos también, con el mismo celo que ellos tienen para defender a sus ciudadanos, hacer exactamente lo mismo”. Valoró que el comunicado americano es “extemporáneo” y “se mete en la campaña electoral uruguaya”.
Con eso le atribuye implícitamente al gobierno de Trump la intención de desacreditar al oficialismo. De repente así es. Nunca lo sabremos. Pero eso deja en el olvido que los uruguayos, sin distinción partidaria, ¡padecen desde hace años una creciente criminalidad!
Uruguay destaca que Estados Unidos no puede prever ataques debido a “la posesión indiscriminada” de armas de fuego entre sus ciudadanos. Aconseja “evitar los lugares donde se producen grandes concentraciones de personas, como parques temáticos, centros comerciales, festivales artísticos, actividades religiosas, ferias gastronómicas y cualquier tipo de manifestaciones culturales o deportivas multitudinarias”.
Menudo lío para planificar un viaje. De Texas a Dakota del Norte y de Oregón a Washington DC los estadios deportivos para concentraciones masivas son casi 200. Hay que agregarle centenares de institutos secundarios y universitarios. Los grandes centros comerciales llegan a 1.200, los templos religiosos (católicos, evangelistas, mormones, hinduistas, judíos y mahometanos, entre otros) superan los 20.000, las principales universidades públicas y privadas son 4.600 y hay decenas de miles de institutos de educación primaria y secundaria.
El domingo 11 en El País, en una columna titulada El rugido del ratón, Martín Aguirre señala indicadores relevantes. Estados Unidos “tiene casi la misma población que toda América del Sur. ¿Alguien sabe cuánta gente murió por armas de fuego en lo que va del año en nuestro continente? Como ejemplo: EE.UU. tiene una tasa de homicidios de 4,9 cada 100.000 habitantes. Brasil 30, Venezuela 56, Uruguay… ¡11,8!”.
El rugido del ratón hizo bramar al monstruo. Según el diario US Today, Trump anunció represalias contra países y organizaciones, que no identificó, que emitan advertencias de viaje a Estados Unidos debido a la violencia armada. “Cuando alguien nos hace algo negativo en términos de país, se lo hacemos a ellos”, comentó en una rueda informal de prensa.
Cuando se trata de inseguridad y criminalidad, el gobierno uruguayo se siente en la obligación de defender su incapacidad. Es una forma de respaldar al presidente Tabaré Vázquez porque en 2014, cuando ganó las elecciones, prometió que disminuiría la criminalidad. Después se fue a pescar.
Pero contra realidad no se puede luchar. A los homicidios, rapiñas y hurtos se le sumó el narcotráfico a gran escala.
Coincidiendo en fechas con el comunicado uruguayo, la policía alemana incautó en el puerto de Hamburgo, en un barco proveniente de Uruguay, 4.500 kilos de cocaína. Poco después, en Parque del Plata, se incautaron 850 kilos de cocaína depositados para ser distribuidos. En total más de cinco toneladas cuyo precio global es superior a US$ 1.100 millones.
InSightCrime, una fundación que investiga la criminalidad en las Américas, destacó el año pasado que varios problemas de seguridad de Uruguay están asociados con el narcotráfico.
¿Cómo y por dónde ingresó esa brutal cantidad de droga para utilizar a Uruguay como puente? ¿Con qué ayuda la disimularon en paquetes que transportaron hasta el puerto? ¿Nadie supervisó la legalidad del embarque? ¿Qué autoridades controlan los vuelos y las carreteras? ¿Qué hacían los servicios de inteligencia? ¿Cuánta cocaína quedó en Uruguay cuya circulación aumentará los problemas de inseguridad?
Hasta el comunicado de la Cancillería parecía que el oficialismo había llegado al tope de generar vergüenza ajena con dos hechos: la elección de Graciela Villar como candidata a la vicepresidencia y la admisión de gobernantes de calificar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro como dictador luego de varias campañas en su defensa.
Si alguien quiere evitarle papelones al ministro Nin Novoa, debe regalarle el libro The Book of Human Emotions (El libro de las emociones humanas) de la historiadora cultural británica Tiffany Watt Smith.
Esta docente universitaria incluye entre su análisis la vergüenza ajena, a la cual describe como una “humillación indirecta hacia extraños”.
Sostiene que quienes despiertan con mayor intensidad la vergüenza ajena son aquellos “a quienes les resbala todo porque se creen importantes” y son incapaces de admitir errores. Cuando eso ocurre, señala, “el escarnio es doble: tanto por cometer el error como por no admitirlo”.
Así nos va.