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    Víctor Hugo Morales y los futbolistas alemanes

    Sr. Director:

    El día 13 de julio de 2014 la selección de la República Federal de Alemania ganó su cuarta Copa del Mundo en Brasil, frente a la selección de la República Argentina. El equipo alemán no solo desarrolló el mejor futbol del torneo, sino que fue un digno campeón. Los alemanes vencieron y respetaron al rival vencido al mejor estilo “artiguista”. Los alemanes vapulearon futbolísticamente al dueño de casa sin aprovecharse de esa supremacía por medio de algún tipo de argucia deportiva, “falta de respeto” o ataque a la dignidad humana. Alemania dio cátedra de fútbol y buen comportamiento luego de la victoria, porque en un mundo civilizado quien gana tiene que “saber ganar”, y quien pierde, tiene que “saber perder”.

    En estas latitudes, lamentablemente, nos hemos vuelto exitistas; pretendemos solo el éxito como resultado posible de nuestros (grandes o míseros) esfuerzos y admitimos cualquier artilugio para conseguir la victoria. En Alemania, país del que soy ciudadano legal y en el que viví una década, se valora el esfuerzo individual y el trabajo grupal, se persigue el máximo rendimiento y la asunción de la responsabilidad, se trabaja pocas horas de forma intensiva y se perciben buenas remuneraciones, se pagan impuestos altos que se ven reflejados en obras públicas y en la cobertura de todas las necesidades en salud y educación pública, se valora la pacífica convivencia y se menosprecia absolutamente la historia más negativa que pudo vivir como nación durante el gobierno nacionalsocialista.

    Solo quien ha vivido y criado a sus hijos en Alemania puede entender el modo en que Alemania (a diferencia de otras naciones) ha reconocido, asumido y elaborado quizás la peor tragedia conocida por la humanidad, aquella que nos obligó a repensar nuestra condición humana o, mejor dicho, a intentar pensar sobre lo que no habíamos imaginado como posible. En los primeros años de escuela se comienza a hablar del Holocausto, tema que fue tabú en Alemania durante la posguerra y comienzos de la “guerra fría”, pero que hoy se puede decir que a partir de los trabajos filosóficos de la Escuela de Frankfurt ha sido positivamente elaborado. En otras naciones que cometieron y que cometen genocidios, el reconocimiento y la elaboración no son variables que puedan siquiera ser consideradas. Alemania ha reparado a las víctimas material y simbólicamente. Alemania, durante el Mundial de 2006, incluso “hizo las paces” con sus símbolos nacionales que, como hacía mucho tiempo no se veía, pendieron de balcones y adornaron automóviles. Alemania es una de las potencias que hoy garantizan la paz mundial y refugio de muchos inmigrantes que voluntariamente adoptan la nacionalidad y hasta “defienden” futbolísticamente sus colores.

    Esta carta de lector no pretende hablar ni resaltar las virtudes de Alemania, sino que quiere rechazar profundamente la agresión e imbecilidad de un periodista uruguayo que escogió vivir y “sentir como argentino” y no pudo “digerir” una derrota futbolística. Este señor, en días recientes, se refirió en los medios de comunicación a los seis jugadores alemanes que durante el festejo a su llegada a Berlín por la obtención de la Copa del Mundo 2014 ante (la) Argentina cantaron la siguiente canción: “Así caminan los gauchos (mientras se agachaban)”… “así caminan los alemanes (mientras saltaban)”, sobre quienes sostuvo eran unos “nazis asquerosos”. Las agresiones a los ciudadanos alemanes no acabaron allí, porque haciendo referencia al “modo de vida” típico egoísta del “capitalismo” (omitió hablar del Estado Social y Democrático de Derecho), dijo que los alemanes “evitan tener hijos para no repartir las riquezas”, entre otras frases dignas del “Disparatario Ilustrado del Río de la Plata”.

    La música cantada por este pequeño grupo de jugadores (reconocida de una canción infantil) y la letra (no muy agraciada desde lo intelectual, y, por cierto, criticada por la prensa alemana porque podría considerarse como una “señal de superioridad” que los alemanes detestan porque recuerda las trágicas épocas pasadas) fue el desencadenante para que el Sr. Víctor Hugo Morales dijera públicamente que “los alemanes” son unos “nazis” y comparara ese hecho con el “Holocausto” y el exterminio en las “cámaras de gas” de millones de seres humanos. La comparación no merece un comentario racional por la falta de proporcionalidad, rayana con la imbecilidad. Los dichos injuriosos de este “mal perdedor” pueden ser considerados como propios de un “fanático” y estar, por ausencia de capacidad de culpabilidad, exentos de responsabilidad penal (sin entrar en aspectos del tipo penal en cuanto a si se adjudicó un hecho específico a una persona concreta) o pueden ser considerados “típicos” (ya no por adecuación a un tipo penal) de un vocero de una “forma de ver el mundo” propia del partido de gobierno que ostenta el poder en Argentina, del que el Sr. Morales es funcional y uno de sus partisanos (seudointelectuales).

    En lo personal, creo que este periodista ha perdido toda credibilidad en el ejercicio de su profesión y creo que no está en el “sano uso de razón”, quizás producto de una reciente decepción. Los alemanes no deberían sentirse ofendidos ni injuriados por estos dichos que, así como la “propaganda” de Joseph Goebbels, tienen una finalidad política absolutamente incorrecta y deleznable, propia de una manera de “hacer política” (porque Morales hace política, ya sea en democracia, como también la hizo durante la dictadura militar cuando vivió en Uruguay y amenizaba “fiestas” en cuarteles militares, como ha sido recientemente expuesto por una investigación periodística) que supedita las libertades individuales a determinadas “estructuras” o “entelequias” dirigidas por líderes “naturales” que actúan en nombre del “pueblo” (totalitaria e impunemente).

    Seguramente, Víctor Hugo, como “mal perdedor” que está demostrando ser, no considera ofensivo el canto “barrabrava” durante el Mundial contra Brasil y en Brasil (más propio de las huestes del general Julio Argentino Roca en su “campaña” de aniquilación de seres humanos en el sur de Argentina que de un visitante en país ajeno) pero se “siente” profundamente dolorido por el “infantil” e “infeliz” canto de seis jugadores alemanes sobre el “modo de caminar” de “gauchos” y “alemanes”, que de modo poco agraciado pretendía demostrar meros “estados de ánimo” luego de un partido de fútbol y no algún tipo de superioridad racial o de fenotipos como irracional y perversamente quiso interpretar Morales.

    Como uruguayo y compatriota me siento hondamente molesto con los dichos del Sr. Morales y exijo una solicitud pública de reconocimiento de su grosero error. Como ciudadano alemán solo cabe un intento de comprensión para quien “se siente” lastimado en su deseo irrefrenable de victoria frente a un “equipo” (no una nación, hablamos de fútbol no de política, aunque una victoria deportiva le hubiera beneficiado a CFK como en su momento benefició al general Videla) que ya lo ha derrotado en dos finales de copas del mundo y en otros tantos partidos eliminatorios de cuartos de final.

    Lo cierto es que el hecho de que Alemania se haya convertido en la “pesadilla” de (la) Argentina en materia futbolística no justifica que algunos “fanáticos” dedicados a la política más rudimentaria y poco transparente pretendan “hacer uso de la libre expresión” de un modo tan deleznable. Mucho menos, que sus ideas “totalitarias” se arroguen la potestad de hablar en nombre del “pueblo latinoamericano” que ya muchos inconvenientes (individuales) padece para tener que cargar en sus hombros con las imbecilidades de sujetos funcionales al poder más absoluto, que es el que respalda a diario Víctor Hugo Morales.

    Pablo Galain Palermo