Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQuedan menos de tres días para que termine un nuevo año. Se vive por estos días con un sentido de urgencia peculiar. Al menos ese es el comentario que reina en las conversaciones casuales. “La gente anda como loca”, dicen algunos, o “la calle es un caos”, afirman otros. Vivimos en cierta forma el cierre de año como si algo terminara, como si lo no logrado hasta el próximo 31 de diciembre fuera algo que se perdió y que nunca podrá alcanzarse.
Lo cierto es que terminar un año y comenzar otro cuenta para muchos con un sentido de cambio, de dejar atrás y mirar hacia adelante. Si bien es solo un cambio en el almanaque, una herramienta que nos enfrenta al paso del tiempo, fin de año tiene para la mayoría de las personas un sentido de movimiento, de evaluación y de proyección.
Muchas empresas cierran por estas horas sus balances de fin de año. Las que no lo hacen también aprovechan este mes para hacer sus evaluaciones finales, para medirse contra los objetivos que se propusieron a comienzo de año y para proyectar las metas del 2023.
Fin de año es una buena oportunidad tanto en el plano empresarial como en el personal para hacer una pausa. Un parar tan necesario como olvidado para preguntarse el sentido que le estamos dando a nuestra actividad profesional y personal. Entre tanta vertiginosidad abrumadora en el afuera, obligarse a bajar revoluciones internamente e interpelarnos acerca de nuestro rol como directivos, líderes o ejecutivos empresariales puede llevarnos a la pausa necesaria para vivir esta época con algo más de sentido.
Durante los últimos años, ha habido una explosión de interés en el liderazgo impulsado por un propósito. Varias escuelas de negocio argumentan en sus mensajes a directivos que el papel más importante de un ejecutivo es estar al servicio y velar por el propósito de la organización. Los expertos en negocios argumentan que el propósito es la clave para un desempeño excepcional, mientras que los psicólogos lo describen como el camino hacia un mayor bienestar personal y una vida de mayor plenitud.
Pero ¿para qué sirve el propósito? ¿No es como la misión y visión de algunas empresas, que quedaba puesta en un par de cuadritos en la pared y nada más?
El propósito se posiciona y se diferencia cada vez más como la clave para navegar en un mundo complejo, volátil y ambiguo como en el que vivimos hoy, donde la estrategia cambia de forma constante y pocas decisiones son obviamente correctas o incorrectas.
Sin embargo, a pesar de este creciente consenso, sigue existiendo en la comunidad empresarial un gran desafío. Un estudio de hace dos años que la Universidad de Harvard realizó entre sus estudiantes de maestrías, doctorados y postgrados arrojó que menos del 20% de los líderes tienen un fuerte sentido de su propio propósito individual. Por otro lado, más del 85% argumentaban la importancia de que las organizaciones tuvieran definido el suyo.
Muchas organizaciones trabajan asiduamente en definir y buscar su propósito. En lo personal he sido testigo de este proceso en varias empresas locales. Sin embargo, al pedirles a los ejecutivos que definan su propósito personal, la tarea no es tan sencilla. Es llamativo cómo las mismas personas pueden ser capaces de articular claramente la misión de su organización pero, cuando se les pide que describan su propio propósito, la mayoría de los líderes normalmente recurre a algo genérico y nebuloso: “Ayudar a otros a ser mejores”; “asegurar el éxito de los demás”; “empoderar a personas para lograr sus metas”. Igual de desafiante, casi ninguno de ellos tiene un plan claro para traducir el propósito en acción. Como resultado, sus aspiraciones quedan limitadas y, a menudo, se ven frustrados en alcanzar sus metas profesionales y personales más profundas y ambiciosas.
El propósito de liderazgo es quién define y distingue a un ejecutivo, a una persona. No importa el nivel ni el tamaño de la organización, el propósito es su marca, lo que le impulsa a lograr, la magia que lo hace funcionar. No es lo que hace, sino más bien cómo lo hace y sobre todo por qué, las fortalezas y pasiones que aporta y lleva consigo sin importar las circunstancias externas.
Es posible expresar el propósito de diferentes maneras y en diferentes contextos. Muchos lo definen como el atributo clave de la marca personal de un líder. En un taller sobre esta temática, facilitado por Gerry Garlbusky, director TED en español y creador del pódcast Aprender de grandes, pude apreciar lo desafiante que es trabajar sobre el propósito. Garlbusky propuso a los participantes escribir sobre todos los atributos personales, listar esas dimensiones que los que están cerca de uno reconocen como algo único y lo que más extrañarían si no estuviera. “¿Qué dice la gente cuando dejás esta sala o una reunión?”, preguntó Gerry a los participantes como disparador de la actividad para trabajar sobre la marca personal de cada uno.
En esencia, el propósito del liderazgo surge de la propia identidad, la esencia de lo que cada uno es. El propósito no es una lista de las instituciones educativas a las que una persona fue, la experiencia y las habilidades que se han acumulado en la vida, ni tampoco un párrafo que resume muy bien los puntos altos de un currículum profesional. Tampoco es un conjunto de frases hechas (“Empoderar a mi equipo para lograr resultados comerciales fantásticos”).
El propósito debe ser específico y personal, resonando con cada uno a escala íntima, sin caer en expresar lo que debería ser o pensarse desde el punto de vista de agradar a otros. Tampoco tiene que ser políticamente correcto o apalancado por una causa noble.
¿Cómo hacer entonces para empezar a transitar el camino de encontrar y definir el propósito personal? Cargar de propósito al liderazgo no es fácil. Si lo fuera, todos sabríamos exactamente por qué estamos aquí y viviríamos ese propósito cada minuto de cada día. En un mundo que está plagado de modelos de éxito y estereotipos, mucho más en el ámbito empresarial, ser único y diferenciarse puede ser realmente una tarea ardua.
Un colega y amigo trabaja hace años con empresarios ayudándolos a buscar y definir su propósito. Él les propone pensar en el propósito como aquello que está en la intersección de lo que amas con lo que eres bueno, con lo que el mundo necesita y con lo que te servirá para ganarte un ingreso. Por más sencillo que parezca, este colega se ha topado con que la mayoría de las personas se paralizan ante la percepción de que lo que tiene que definir, escribir, debe ser trascendental o es la nada. Debe ser grandilocuente y sísmico, como si la vida de ellos dependiera de no errar en un punto o una coma.
También, hay una fuerte tendencia a sentir el síndrome del impostor: “Parece autobombo”; “quedo como vende humo”. Según mi colega, el propósito es algo vivo, dinámico, es completar la siguiente oración: “Soy el/la que se levanta cada mañana para…”.
No se puede obtener una imagen clara de sí mismo sin colegas o amigos de confianza que actúen como espejos. Pedir a otros una mirada crítica sobre uno mismo es una tarea tan desafiante como enriquecedora. Es asombroso lo que puede venir en una lista en la que los demás son invitados a escribir una característica positiva sobre uno mismo y un área de mejora que cada uno debería enfrentar.
Aclarar su propósito es fundamental para todo líder, pero no alcanza solo con escribir la declaración en una hoja. Es crucial visualizar el impacto que tendrá en el entorno de cada uno vivir en sintonía y honrando el propósito. Las acciones, no las palabras, son las que realmente importan. Por supuesto, es imposible para cualquier persona vivir completamente alineada a su propósito el 100% del tiempo.
Los planes de propósito a impacto difieren de los planes de desarrollo tradicionales en varias formas importantes. Comienzan con una declaración de propósito de liderazgo en lugar de una meta comercial o profesional. Toman una visión holística de la vida profesional y personal en lugar de desasociar a la persona que trabaja con la persona que tiene una vida fuera del trabajo.
En este caos de fin de año que se produce anualmente, y del cual nos sorprendemos una y otra vez, nos debemos desafiar y hacer una pausa para pensarnos. Si tenemos una guía o un sentido que nos permita mirar para adelante, ordenar prioridades y tomar acción, todo es mucho más sencillo. El propósito es ese oasis de introspección que nos da seguridad, nos permite visualizar un camino, que por más sinuoso y en subida que sea, sobre todo a fin de año, sabemos que lo podemos recorrer con foco y mucha motivación.