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    Vos sos un gordo bueno

    El embajador argentino Dante Gordovena es un tipo genial.

    Las declaraciones que le hizo a nuestro semanario levantaron tremenda polvareda en forma totalmente injusta, lo cual demuestra que los medios de comunicación le están haciendo mucho daño a la convivencia pacífica entre los pueblos hermanos del Río de la Plata.

    En realidad, como Gordovena dice, nuestras relaciones con la Argentina nunca estuvieron mejor que ahora (fíjense que les ganamos la Copa América en sus propias narices y no nos mandaron el portaaviones “San Néstor” a bombardear la fortaleza del Cerro). Lo mismo puede decirse del Mercosur, ese maravilloso acuerdo político-socio-culturo-sicológico-comercial que no ha hecho más que integrar profundamente a nuestros pueblos, tal como lo demuestra la exitosa gira de la murga Falta y Resto por todo el territorio argentino, cosechando aplausos y éxitos en lugares tan inesperados como Gualeguaychú, Santa Cruz y Buenos Aires.

    Gordovena dijo también que Tabaré debería estar arrepentido de haberle pedido ayuda a Bush, y que lo del alejamiento de la actividad política era pura mula.

    Y tiene razón. El día que el Taba abrió la boca en el salón de clase del instituto del Opus Dei para contarles a los estudiantes de sus devaneos con el imperialismo yanqui debe estar entre los días que él hubiera querido que nunca existieran, como aquel otro cuando rajó por las azoteas después de la derrota electoral.

    Y que nunca se alejó de la política, no es Gordovena el que lo va a descubrir, lo vemos todos, todos los días.

    Días atrás los periodistas lo rodearon al embajador al salir de su residencia, para hacerle unas preguntitas sobre estos asuntos.

    —“¡Ché, pibess, cómo me dieron con lass declaraciones del otro día en Bússqueda, queridos! ¡Con ustedes no se puede, ché!” —les dijo Gordovena a los periodistas cuando le cerraron el paso —“¿quesslo que quieren ahora, ché?” —concluyó.

    —“Embajador, ¿es cierto que usted se disculpó en la Cancillería por esos dichos tan desafortunados?” —inquirió una joven y bella notera de la televisión.

    —“Desafortunada sos vos, piba, porque no estáss casada conmigo, si no, serías la mina más feliss del mundo, ¿visste querida?, y andá llevando, yo al Almagrito, como lo bautissó Timerman a tu canciller, le dije no jodass, pibe, lo que yo digo me lo banco y lissto, vos dessí lo que quieras, ¿visste? Y él anda por ahí dissiendo que yo pedí perdón y esas boludesses, pero qué le vamos a hasser, ¿visste?” —contestó Gordovena.

    —“Embajador, el Canciller Almagro dice que en 72 horas se arregla lo del dragado del Canal Martín García, ¿usted puede confirmar esa información?” —disparó otro periodista.

    —“Mirá, pibe” —replicó Gordovena— “la última coima de un palito verde que recibió la delegación argentina, que va miti-miti con la uruguaya, ¿visste? porque no es cossa que usstedes se hagan siempre loss impolutoss, pibe, es de una compañía creo que húngara, o ucraniana, ya ni me acuerdo, que se llama Cucharit-Dragging Company, que tiene un sistema un poco lento para dragar, pero que anda muy bien, y usstede tendrán el canal Martín García lissto como para el 2068, massomeno, ¿visste?” —replicó Gordovena, que estaba encantado con la entrevista. Tanto así que siguió su diálogo con la prensa con algunas otras informaciones inesperadas.

    —“Miren, less voy a dar una primissia, pibes, para que puedan pedir aumento de salarios, ¿vieron?” —arrancó Gordovena —“la Rendissión de Cuentas quesstá a estudio del Parlamento va a tener una inversión de más de los 140 milloness de dólares que anda boquillando el ministro Lorensso, ¿saben? Yo esstuve hasse unos díass con los legissladores frentistas y ya les dije que le dieran parriba con lo gassto, que Cristina lessiba a mandar unos millone dessos que ella tenía con el Tuerto Nésstor allá en Suiza, y todo bien ¿vieron pibess? ¡Hay máss guita de la que usstedessperaban, sentiende? ¡si seremo buenagente lossargentinos!” —concluyó, con una sonrisa socarrona en su rostro lunar.

    De nada sirvió que los periodistas lo acosaran con preguntas tales como si no creía que esto era un caso más flagrante de injerencia en los asuntos internos del Uruguay, y que esa noticia haría subir la temperatura en torno a su figura y su gestión. Gordovena siguió sin detenerse dando buenas nuevas.

    —“Y también less vamo a salvar a Pluna, pobressita, que ess tan simpática la flotita aérea que tienen usstede, ¿saben? Lo vamos a hasser asociando a Pluna con una línea aérea nueva que tenemos en nuestro país, que se llama AirK, y que pertenesse a la razón social Moreno, Fernández & Asociados, en la que tiene acciones la señora Cristina, que de todos modoss quiere ayudar a esste país que tanto queremos. La garantía de esste negossio ess el Estado uruguayo, que yasstá acostumbrado a dar estas garantías, y ya arreglamos que en el acuerdo el Estado uruguayo absorbe parte de las deudas de Aerolíneas Argentinas, eso para facilitar la transacción ¿visste?” —resaltó el diplomático.

    —“¿Y Almagro ya está al tanto de este acuerdo?” —preguntó un periodista.

    —“Y yoquesé, ¿visste?” —replicó Gordovena— “yo a vesses creo que Almagrito ya sabe todo, y al final resulta que él es el último en enterarse de las cosas, ¿visste?” —respondió el embajador.

    Y después de estas sorprendentes declaraciones, Gordovena empezó a despedirse de los periodistas. Vestía ropa de campo, y daba la impresión que no estaba en funciones diplomáticas en ese momento.

    —“Me voy para afuera, pibes, a pasar unos días de reposo después de tanta adrenalina, así que me desspido por ahora” —dijo.

    —“¿Para dónde se va, si no es indiscreción?” —volvió a preguntar la bella notera, levantándole otra vez un centro en forma involuntaria.

    —“¡Ay querida, lo bien que la passarías si te vinieras conmigo!” —arrancó respondiendo Gordovena. “Me voy para la estanssia Anchorena, que era argentino, esspero que lo supierass, querida, hice un negossio con el Pepe, yo le pago la luz y el agua de la chacrita de él ahí en el Rincón del Cerro, y él me cede Anchorena por todos los fines de semana hasta el 2014, y me paresse que no podía desperdiciar essta oportunidad, ¿visste?” —concluyó, alejándose rumbo a su coche, con paso triunfador.

    Si alguien duda que nuestras relaciones con Argentina no están en su mejor momento, que venga y lo diga.