Se acabó el festín electoral y los medios de comunicación entramos de zopetón en el alucinante síndrome de abstinencia.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConversando con colegas en estos días siguientes al cierre del carnaval democrático que nos ha tenido en vilo a lo largo de tantos meses, he encontrado un sinfín de dramas personales, y cuasi institucionales.
Después de tomarse dos pastillas de Calmostrés Forte 20 mg, mi amigo Braulio Soyzur Delli, de TV Montevideo, me contaba sus cuitas.
—Hermano, ya no le puedo decir “cajetilla de Pocitos” a Laura Raffo, ni reírme de sus Louboutin con suelas rojas y taquitos cafishos, como dice el Pepe… ¡No solo la cheta esta marchó por muerte con Carolina, sino que la muy coqueta de nuestra nueva intendenta se puso unos Louboutin para ir a visitarlo a Tabaré! ¡El mundo está cambiando demasiado! —se quejó.
Por su parte, al colega Heráclito Elbol Chevique, periodista de la revista Rostros y Rostretas, lo encontré sollozando frente a un vaso vacío de grappamiel en el resto pub del Cordón La Gauche Cachée, donde además hace recitales por streaming interpretando canciones de Viglietti, Benedetti, Violeta Parra y Carlos Puebla.
—Macho —me dijo—, me pasé meses denunciando los enjuagues de los caudillos blancos corruptos del interior, el tráfico de influencias, el acomodo de los parientes en las intendencias, las coimas y los negociados, y después va Lacalle Pou de visita, regala dos ambulancias, inaugura un bidet en una policlínica de un pueblo fantasma, y los blancos ganan en 15 departamentos… ¡No es justo! —se lamentó.
Me pasó algo parecido con algunos de los informativistas de los canales, los cuales, cada uno con su protegido, le daban matraca al candidato frentista de su predilección.
—Yo tenía que seguir todas las ollas populares a las que iba Villar, casi siempre con Bergara, y aplaudir a muerte el sacrificio solidario que ellos hacían por alimentar a los más desfavorecidos—, me dijo detrás de su tapabocas estampado una simpática notera de uno de los canales—. Y además tenía que aprovechar para agregar que en esa olla nunca habían estado ni Cosse ni Martínez, porque seguramente no se preocupaban tanto por la (mala) suerte de los desposeídos, pero ahora, con el aplastante triunfo de Carolina, ni mención se hace a las ollas populares —enfatizó la delgada y simpática periodista.
Algo parecido me decía otro muchacho, de un canal de la competencia, pero que al que tenía que seguir era al Pelado en las ollas en las que lo mostraban pelando papas y sirviendo guiso en tuppers o en cajas de helado recicladas.
—Había que elogiar al ingeniero, mostrarlo sudoroso y al borde del desmayo, tomarle declaraciones con paneos sobre las largas filas de postulantes al alimento solidario que aguardaban sus generosos gestos. Ahí había entonces que aprovechar para decir que era raro que ni la Ing. Carolina Cosse ni el Dr. Álvaro Villar se hubieran aparecido nunca por el Club La Alpargata Progresista, donde los vecinos, impulsados por el espíritu de sacrificio del Ing. Martínez, se habían organizado para ayudar al vecindario desamparado en el que cada vez había más desempleados que procuraban llevar un plato de comida a sus familias, en medio de la crisis que había desatado la política neoliberal de este gobierno de coalición que vive a espaldas del pueblo. Fijate —me agregó— que el gobierno salió ganando en todo el país menos por esta zona, y justo esta zona, donde querían pincharlos a Carolina Cosse y a Villar, la Cosse los hizo puré, qué cosa, ¿no? —concluyó, apenada.
—¿Vos sabés lo que me mandaron a cubrir para la edición de mañana? —me dijo con aire confundido Ifigenia Laché Tacheta, periodista de temas especiales del diario El Parchís—. ¡El conflicto de Nagorno Karabaj! —suspiró—. Yo estaba cubriendo las giras de la Loli (N. de R.: se refiere a la Sra. Lorena Ponce de León, esposa del señor presidente de la República Dr. Luis Lacalle Pou) con ese tema divino de las huertas verticales y los plantíos de arbolitos de la flora nativa, las rúculas y los ciboulettes, los arazás, las pitangas y los guaviyús, y ahora tengo que averiguar por qué se están matando los musulmanes y los cristianos por allá por el Cáucaso, entre Turquía y Rusia. ¡No hay derecho! ¡A mí qué me importa eso que está pasando tan lejos de acá, cuando hay tanta cosa linda para cubrir en este país tranquilo y sin guerras, che! —protestó.
Vienen momentos difíciles para el periodismo.
Tabaré y Astori no fueron a votar por prescripción de sus respectivos médicos. Cuando lo hacían, nubes de periodistas se arremolinaban en las mesas de votación que les habían tocado, para recoger sus comentarios, expectativas y predicciones. Ahora van a votar unos señores que se llaman López, Fernández o Zubizarreta, candidatos a alcaldes de los municipios J, Z o W, unas circunscripciones hasta ahora desconocidas, que vienen tomando un lugar preponderante en la opinión pública. Y uno ni sabe qué cara tienen, ni a qué hora van a votar, y a quién le importa si después se van a comer tortas fritas a la casa de su tía Zulema. Cuando votaban los referentes, las busecas en lo de Tabaré o las milanesas en lo de Danilo tenían otro brillo y otra trascendencia, qué embromar.
El Pepe se retira de la política en 15 días, y ya nadie irá a la chacra a ver qué gladiolos está cultivando mientras lo vienen a visitar Kusturica, el rey Juan Carlos o Joan Manuel Serrat. O Yamandú Orsi, en busca de una transfusión de plasma. El excanciller Rodolfo Nin Novoa se presenta a las elecciones departamentales en Cerro Largo y saca menos votos que su contendiente colorado en el departamento, un tal John Kennedy Rodríguez.
Menos mal que nos quedan las elecciones en los Estados Unidos para seguir entreteniéndonos, al menos por unas semanas más…