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Julieta Riverti: “Me encanta la flor seca, el árbol que no crece perfecto”

Con su estudio Estación Salvaje, la paisajista plasma la creatividad de las artes dramáticas, su antigua profesión, en los jardines que diseña en el Este y en Montevideo

Julieta Riverti vive rodeada de árboles, mariposas y pájaros. La acompaña Don Duna, un perro que adoptó de la calle y que hoy no se despega de ella. Es más, posiblemente decir rodeada es quedarse corto cuando se trata del estilo de vida de esta paisajista argentina, que vivió toda su vida en Uruguay. Vive con los árboles, las mariposas y los pájaros. Esto se nota cuando se visita su casa en Balneario Buenos Aires, donde también funciona la sede de Estación­ Salvaje, el estudio de diseño de paisajes que fundó en 2018. 

Su casa no se ve desde la calle de tierra. Hay que cruzar un jardín, frondoso y musicalizado por renacuajos, para llegar a ella. “Mi jardín está bastante verde porque llovió ayer”, comenta mientras guía el camino por una pasarela de madera hacia la entrada principal. El trayecto está inundado de arbustos, que crecen a los costados, y rozan las piernas y brazos de quienes lo caminan. 

<em> La casa y estudio de Julieta fue construído por el estudio de arquitectura de Carolina Pedroni, su madre. El jardín que la rodea fue diseñado por la paisajista. </em>La casa y estudio de Julieta fue construído por el estudio de arquitectura de Carolina Pedroni, su madre. El jardín que la rodea fue diseñado por la paisajista. 
<em>Los ascentos rojos con característicos de la casa. </em>Los ascentos rojos con característicos de la casa. 

La casa de Julieta da la bienvenida con una puerta gigante roja, corrediza y abierta. En frente, en el mismo terreno, se encuentra Espacio Foto Arte, galería de fotografía a cargo de su padre, el fotógrafo Roberto Riverti, y el estudio de arquitectura de Carolina Pedroni, su madre y autora de la casa de Julieta.

“Hago todo desde un lugar muy creativo y poco estructurado”, dice ella sentada en el banquito de madera de su jardín. “Me gusta el jardín desordenado, el que tiene hojas secas sobre el pasto, me encanta la flor seca. La trato de dejar lo más posible. Me gusta el árbol que no está creciendo perfecto”, admite. Confirma así la impronta contemporánea, silvestre y naturalista­ que, además de ser evidente en su propia casa, también lo es en los proyectos que desarrolla con Estación Salvaje, donde diseña jardines, canteros y todo tipo de espacio verde, públicos y privados. La plaza Alemania, en el barrio Palermo de Montevideo, los locales de Magma, numerosas chacras privadas y casas a lo largo de la costa atlántica y el hall de arribos del Aeropuerto Internacional de Carrasco son solo algunos lugares que hoy tienen su huella. 

<em> Julieta y su perro, Don Duna, frente al estudio de Estación Salvaje. </em>Julieta y su perro, Don Duna, frente al estudio de Estación Salvaje. 

Tras el telón. Antes de vivir entre ceibos, ibirapitás y petunias, Julieta estaba arriba de los escenarios interpretando personajes. Empezó a actuar a los siete años y se dedicó al arte dramático hasta cerca de los 20. Estudió actuación, canto y danza en Montevideo y en Londres, a donde viajó a hacer un curso de actuación en inglés antiguo (que tuvo que aprender) a los 14 años. Y también en Buenos Aires, donde hizo la carrera de Arte Dramático. “Hubo un momento de quiebre, a los 22 años, en que dije: no, no quiero seguir por acá”, explica mientras le hace­ mimos a Don Duna, sentado junto a ella. “De a poco me fui acercando a las plantas y Estación Salvaje surgió de una necesidad muy grande de hacer algo relacionado con ellas, con el planeta Tierra. Empecé a pensar en un proyecto que tuviera eso como eje. Quería reivindicar, ayudar y aportar al planeta. No sabía la forma que iba a tener el proyecto”. 

<em> Varios caminos conectan su casa, con su estudio y la galería Foto Arte, de su padre, Roberto Riverti. </em>Varios caminos conectan su casa, con su estudio y la galería Foto Arte, de su padre, Roberto Riverti. 

En 2018 empezó a vender plantas, entregándolas a sus clientes en bicicleta. En paralelo, estudiaba Paisajismo en Montevideo y también asistía a cursos virtuales de diseño de paisaje, a cargo de profesores internacionales, de distintas instituciones. “Un laburo me fue llevando a otro, y a otro y a otro. Crecí mucho por el boca a boca”, dice. Así es que Estación Salvaje se fue gestando, de a poco fue tomando forma de estudio de paisajismo, y hoy se consolida como uno de los más codiciados. 

Arte en forma de jardín. “El paisajismo tiene mucho que ver con el arte, con la contemplación y con el poder de recrear desde la observación”, comenta. De hecho, los dibujos iniciales del proceso de diseño de un jardín son, a simple vista, manchas de colores y un sinfín de puntitos que orquestan un futuro jardín, ya sea de una casa, una chacra, unos canteros o un jardín interno. No es sorpresa que quien es atravesado­ por lo artístico y creativo pueda desplegar esa sensibilidad en cualquier cosa que haga. Julieta no es la excepción. 

“Hay mucha creatividad y arte en los jardines que diseño. Para mí, los jardines son teatrales, escenográficos. Pienso en la luz, los colores, las formas; es como armar una obra de teatro, una puesta en escena. Al pensar el diseño de un jardín, lo hago como si fuera a hacer un cuadro. Pienso en manchas y colores, que luego pueden ser piedras o determinadas plantas. Esa es la parte que más me gusta del trabajo, sumado a la obra, es decir el momento de llevar todo a la vida real”. Al escuchar esas palabras, el jardín que la rodea a ella y a su casa toma una dimensión aún más especial de lo que se ve a simple vista. 

<em> Cada espacio, incluída la cocina, dialoga con la naturaleza y hace evidente la fascinación de Julieta por el verde. </em>Cada espacio, incluída la cocina, dialoga con la naturaleza y hace evidente la fascinación de Julieta por el verde. 

Más allá de la obra en sí. Así como una pintura, una película o una canción puede transmitir sensaciones, ideas y valores, ¿quién dice que no puede suceder lo mismo con los jardines? “Me gusta poder trabajar con personas con las que conecto. Con las que les voy a poder transmitir algo con lo que haga”, dice Julieta. “Conecto con quienes les gusta armar un jardín, con los que les gusta ver el crecimiento de las plantas y le dan importancia a todo ese mundo. Con todos mis proyectos trato de aportar algo a la persona para la que estoy trabajando”.

<em> El estudio de Estación Salvaje, que es independiente de la casa, fue inspirado en los invernaderos. </em>El estudio de Estación Salvaje, que es independiente de la casa, fue inspirado en los invernaderos. 

Admite que disfruta compartir sus conocimientos sobre la flora a quien le otorga la tarea de diseñar su jardín, así como transmitirle la importancia del tiempo que hay que dedicarle. “Me gusta enseñarle sobre la cantidad de sonidos de pájaros, de insectos y demás que uno puede atraer con la selección de flora adecuada al lugar. Si es un jardín de una casa de familia, por ejemplo, y hay niños, me gusta incluir frutales; para que ellos puedan ver de cerca el crecimiento de las frutas en un árbol y aprender. Que la persona esté abierta a recibir y compartir es importante para mí, eso me gusta mucho del trabajo con el cliente. Le doy mucha importancia a lo que genero en el otro”. 

Estilo naturalista. En línea con la tendencia naturalista que se nota en jardines desde hace ya un tiempo en distintos puntos del planeta y que ha inspirado libros enteros sobre el tema, Julieta encabeza una generación joven que defiende ese movimiento en Uruguay. En contraposición­ a la perfección, estructura y dureza del paisajismo clásico, el naturalista promueve lo desordenado, creativo y tiene un fuerte componente nativo. “Si bien en cada parte del mundo tienen su estilo, porque además las plantas varían dependiendo de cada lugar, me parece que es hacia donde va un poco el diseño de paisaje”, confirma Julieta. 

Quizá esta tendencia se explique por la estrecha relación que guarda el paisajismo con la ecología, algo que le confiere responsabilidad a esa profesión sobre el medio ambiente. “La importancia de usar plantas que sean del lugar, que necesiten poco mantenimiento, que no necesiten de riego humano está presente a la hora de decidir cómo hacer un jardín”, agrega. “Creo que somos bastante responsables los paisajistas en eso de poder crear espacios verdes que vayan por esa línea. Yo elijo este camino porque elijo aportar al planeta Tierra, quizá otros no porque eligen la profesión por otras razones”. 

<em> El estilo naturalista caracteriza al estudio Estación Salvaje. </em>El estilo naturalista caracteriza al estudio Estación Salvaje. 

Casa soñada. El sello del estudio de arquitectura Carolina Pedroni, autor de la casa de Julieta, es claro: la madera como protagonista y en completo diálogo con el entorno natural. Carolina, su hermana Delfina Riverti y el arquitecto Miguel Rossi son las cabezas detrás del estudio. Sus proyectos se pueden ver en varios puntos del Este, y en algunas ocasiones en colaboración­ con el reconocido arquitecto chileno Mathias Klotz, como es el caso del espacio Las Musas, en José Ignacio. 

La casa de Julieta fue primero un vivero hecho por el estudio de Pedroni hace aproximadamente 16 años. Poco antes de la pandemia, la familia compró el lugar, que en 2020 se convirtió en el hogar de la paisajista. La excasa de las plantas tenía un tamaño de solo 24 m2 y se fue reformando para ser la casa de Julieta. Del original solo queda algo de la estructura exterior, por dentro se cambió por completo para poder ser habitable.

“Una vez pronta la casa, empecé a armar el jardín de a poco, generando varios caminitos que conectan mi casa con los otros espacios”, explica sobre los distintos pasajes de su jardín. Así como la pasarela de madera une la calle con la casa, también lo hace con Estación Salvaje, que parece un pequeño invernadero en el centro del jardín. “Con mi madre lo pensamos como una especie de juguete tirado en el jardín, está muy incrustado en la vegetación”, cuenta Julieta sobre su espacio de trabajo, una especie de oficina completamente independiente de su casa, también de madera y con la puerta roja. Otros caminos, siempre entre arbustos y árboles, conectan su estudio con la galería Foto Arte y el estudio de Pedroni. Y así todo convive en un ecosistema familiar en diálogo profundo con la naturaleza.