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Punta Ballena: ¿mantener la esencia o abrirle las puertas al progreso?

Ícono por sus atardeceres a los pies de Casapueblo, el balneario creció después de la pandemia, que revalorizó la vida tranquila y atrajo importantes propuestas

Porque se puede disfrutar de la caída del sol como en ninguna otra parte del país, ofrece una de las mejores vistas a la península, su bahía fue declarada santuario de ballenas y delfines, está cerca de Montevideo y una larga lista de razones más es que Punta Ballena naturalmente ofrece una sólida propuesta turística y opciones de alojamiento con tintes mediterráneos, con potencial para mantenerse en boga todo el año.

Desde las playas de Solanas y Portezuelo hasta las piedras de Punta del Chileno se impone este balneario que cada vez está más integrado al desarrollo de Punta del Este, pero, sin arriesgarse a perder su sello personal. “Energéticamente especial”, “paraíso natural”, “informal, sencillo”, “de disfrute genuino” y, sobre todo, “alejado del show del verano” son algunos de los calificativos con los que la gente local define a su hogar, que parece sacado de una postal de viajes.

Pero mientras que (según se dice) el metro cuadrado de tierra valía lo mismo que una caja de cigarrillos al momento en que Carlos Páez Vilaró comprara el terreno para levantar Casapueblo, hoy desde Punta Ballena Inmobiliaria no se animan a ponerle un precio menor a 1.800 dólares.

El director general de Turismo de la Intendencia de Maldonado, Martín Laventure, anticipa un crecimiento muy importante para Punta Ballena en los próximos años, con un esfuerzo por revalorizar el lado oeste dentro del “gran paraguas” que es Punta del Este, así como ya sucedió en La Barra, Manantiales y José Ignacio. La tendencia va hacia la separación de este gran balneario para que se generen nuevos centros de movimiento, con “muy buenos proyectos” que mantengan el “encanto” que, en Punta Ballena, todavía duerme en las clásicas casonas a los pies de Solanas, sobre el ala derecha del lomo.

Un descubrimiento. La artista plástica Agó Paéz Vilaró, hija del pintor, reside en Punta Ballena desde que tiene tres años y compara los tiempos en los que su familia conoció el lugar con el hoy, cuando más de 1.700 personas van a conocer Casapueblo por día. Supieron ser solo ellos y los pescadores de Las Grutas recorriendo la zona en jeep, porque todavía no se habían delineado los caminos. No había agua, no había luz, pero no importaba: “No queríamos salir de Punta Ballena. Nos costaba gorlerear, porque tenías todo lo que precisabas acá. El mar, los peces… Un paraíso”.

Ahora son muchas más las personas que, como Agó, no se mueven de Punta Ballena, porque llegaron los servicios. La vista desde la ruta panorámica se tapó de luces. La oferta comercial y residencial comenzó a crecer por y para los cada vez más interesados por el lugar, apostando a que los años dorados del balneario ya no dependieran solamente del verano. Los restaurantes hoy funcionan fuera de temporada, se instalaron importantes cadenas de supermercados —que en enero llegan a estar desabastecidos— y aparecieron las tan a la moda cafeterías de especialidad.

Aunque es difícil saber cuál fue el detonante del despertar de Punta Ballena en las últimas temporadas, se trata de un “cambio interno, personal”, “una búsqueda de paz y tranquilidad” que avivó la pandemia, según Agó. “Ahora pareciera que descubrieron Punta Ballena”.

Durante los años de emergencia sanitaria, gracias al teletrabajo y sin los argentinos (golpeados por la pandemia y además por la crisis), Punta del Este se sostuvo con una concurrencia 100% local. “El uruguayo comprando es la diferencia”, señaló Gianni Bazzano, de la gerencia de Punta Ballena Inmobiliaria.

Con un público asentado y propio, el presidente de la Junta Vecinal de Las Grutas, Gustavo Rivero, asegura con osadía que Punta Ballena “también comienza a ser una ciudad”, donde “la oportunidad para la inversión es ideal”.

Los jinetes de la ballena. Desde el aplauso o el disgusto, para nadie pasó desapercibida la limpieza de terrenos sobre la lomada previo a que los gigantes de Syrah Punta Ballena se instalaran. La familia de empresarios argentinos inició sus operaciones en 2018 y al día de hoy llevan construidos un total de tres edificios con apartamentos de gestión hotelera —que pueden tanto comprarse como alquilarse por noche o por año, e incluyen servicios de limpieza y recambio de sábanas—, con terraza privada y vistas panorámicas al mar y la península.

Así se ve el intento por encajar con la postal de la zona de los edificios de Syrah: reubicación de especies de flora y uso de piedras que se extrajeron para la construcción del edificio. Foto: Sofía Torres Así se ve el intento por encajar con la postal de la zona de los edificios de Syrah: reubicación de especies de flora y uso de piedras que se extrajeron para la construcción del edificio. Foto: Sofía Torres

Opuestos a la parte más clásica del balneario, que mira hacia la puesta del sol, entendida como “un lugar de vistas exclusivas, casas muy grandes y por ende muy caras”, sus apartamentos dan la oportunidad de tener “una vista igual de espectacular”, con unidades más pequeñas —y más accesibles— y con piscina privada e independiente. Así lo contó a Galería Manuel Romero Pasman, uno de los empresarios detrás de este proyecto inmobiliario.

Intentando posicionar al paisaje de la bahía Mansa y la isla Gorriti a la altura de los atardeceres en Casapueblo, la idea terminó convocando a otros complejos como Sierra de la Ballena y Altamar a seguir los pasos de Syrah y explotar el potencial del otro lado del lomo.

Foto: Sofía Torres Foto: Sofía Torres

Varios de los terrenos que pertenecían a Páez Vilaró se expropiaron y vendieron también para la futura construcción de edificios, contó Agó. “Estéticamente a mí me impresiona un poco. ¿Te imaginás que me construyan edificios al lado de Casapueblo? Yo por suerte no lo voy a ver, y mi padre murió con la imagen de tener todo ese horizonte para él”. Según la artista, sobre todo los inversores argentinos aparecen con “delirios” edilicios acostumbrados a sus “ciudades gigantescas” y millones de habitantes. “(Los empresarios) vienen con otra mentalidad, más comercial, distinta a los que vivimos acá, que nos gusta este lugar y queremos protegerlo”.

Emblemática vista de Casapueblo, la casa taller de Carlos Páez Vilaró, construida en contra del concepto mismo de línea recta. Foto: Sofía Torres Emblemática vista de Casapueblo, la casa taller de Carlos Páez Vilaró, construida en contra del concepto mismo de línea recta. Foto: Sofía Torres

Pero el progreso no conoce de frenos, aunque los propios impulsores de Syrah reconozcan que su construcción repercute muchísimo en el medio ambiente. Hay que mover de lugar especies naturales, hacer pozos, excavar y sacar piedra, y luego “hay que hacer algo con ella”, señaló Romero Pasman, y aseguró que en sus complejos se las utiliza como adorno y decoración: “Es nuestra forma de volver a darle vida a lo que ya estaba en este lugar antes que nosotros”. El esfuerzo está en que la empresa subsista en el tiempo con un impacto reducido.

Pero mientras que en ciudades como Mykonos existen multas solo por pintar una casa con otros colores que no sean los sugeridos para no romper con la esencia del lugar, Punta Ballena ni siquiera está dentro de las áreas protegidas nacionales. Laventure habla de un “crecimiento responsable“ que siga la —insuficiente, para algunos vecinos— normativa departamental, teniendo en cuenta la preservación de la franja costera —no se permite la modificación de las afloraciones rocosas por fuera del área de construcción, que no puede ser mayor a 2.800 m2— y las limitaciones de altura (siete metros para los edificios). “La gente viene a buscar una esencia que es nuestra obligación preservar, pero preservarla no significa no hacer nada, sino generar desarrollo teniendo en cuenta estos factores”, concluyó el director.

Aunque aparentemente en regla, no todas las construcciones resultan tan agresivas a la vista como los modernos complejos de Syrah. Cerca, en Sauce de Portezuelo, dentro de un predio de 40 hectáreas se asoma el glamping Big Bang, una posada de domos dentro del bosque junto al mar, ideal para aquellas personas a las que les gusta el contacto con la naturaleza pero también el confort, la buena comida y una agenda cultural variada, con shows de música en vivo, obras de teatro, kirtan, yoga y spiritual raves.

Glamping Big Bang. Glamping Big Bang.

La idea es replicable en zonas como Las Grutas, donde hace más de 12 años existe el Octógono de Agó. Una construcción hecha totalmente a mano con el barro del terreno de la construcción, destinada a todo tipo de actividades culturales, espirituales y de conexión con la naturaleza. La artista está muy contenta de haber emprendido el camino de la arquitectura sostenible, “para que la gente pueda imitarlo”.

Hora de comer. Dentro de cualquier despertar comercial, el negocio primero, de vital necesidad, es el gastronómico. En Punta Ballena existen algunas propuestas de muchos años que funcionan dentro de un “mercado cautivo”, como explicó Rivero, quien además es fundador de la icónica marca de alfajores Colonos, y de su cafetería. Todos estos locales apuestan en la misma medida a este crecimiento exponencial del balneario, que impacta directamente en su economía y trabajo.

Leandro Quiroga, quien está hace más de 25 años detrás de Medio y Medio y lleva más de 10 organizando el festival privado más antiguo de Maldonado, no reniega de “la marca Punta del Este” como buque insignia: “La defiendo y me incluyo”. Este nuevo movimiento dentro del circuito sacude a otros clásicos de la zona, como Pachamama, que se mantuvo a lo largo de 42 años con el mismo menú dedicado a las pastas y crepes, sin carnes, huevo, ajo ni cebolla por ser adeptos a la filosofía hinduista del Hare Krishna. A finales del año pasado se vieron obligados a actualizarse e incursionar en el mundo de la carta digital y el marketing a través de las redes sociales. Hoy, los alegra que el balneario crezca y los negocios puedan sostenerse.

Para Sofía Méndez, hija de los dueños, “hacían falta cafecitos”. Hasta que con la reciente ola de emprendimientos aparecieron Mansalva y Checa. Esta última, en clave verde con el balneario, está instalada en el Arboretum Lussich, atrayendo también a los turistas al paseo del nuevo museo interactivo. Se trata de una cafetería que, como indica su nombre, ofrece todo tipo de dulces de origen checo como el medovnik, strudel de frutillas y bohemios rellenos de crema de cognac. Las ideas nacen de las recetas familiares de su dueña, Zuzana Kostolna, quien había soñado desde siempre con construir un espacio como Checa en donde la gente se sintiera como ella lo hacía “merendando en el living de la casa de su abuela“.

El borgoña pastel de cafetería Checa rompe con el entorno verde del Arboretum Lussich. Foto: Lucía Durán El borgoña pastel de cafetería Checa rompe con el entorno verde del Arboretum Lussich. Foto: Lucía Durán

Todo lo nuevo se sale bastante de lo previsible, y propuestas como la de Mansalva no podrían existir en otro balneario. Sorprendería si ninguna de las nuevas cafeterías de especialidad aprovechase la impronta más cultural y artística de Punta Ballena. Con una concept store integrada —con librería de vanguardia y mobiliario de diseño—, la de Mansalva se presenta como toda una experiencia de restó entre literatura, interiorismo, artes visuales y oficios artesanales, donde toda la decoración es de industria uruguaya y lo que se expone está a la venta.

La nueva propuesta cultural de galería 3 Musas (su nombre es en honor a Antonio Lussich, Samuel Flores Flores y Carlos Páez Vilaró) y su cafetería Mansalva. Foto: Adrián Echeverriaga La nueva propuesta cultural de galería 3 Musas (su nombre es en honor a Antonio Lussich, Samuel Flores Flores y Carlos Páez Vilaró) y su cafetería Mansalva. Foto: Adrián Echeverriaga

Pero, la vedette del espectro culinario de esta temporada es Bodegas de la Ballena, un restaurante de cocina mediterránea, cava y salón de eventos impulsado por los mismos empresarios detrás de los edificios Syrah. El sofisticado y moderno aporte de este restaurante es una nueva propuesta para todo el año con entradas y postres por alrededor de 500 pesos y platos principales por 1.000. La parte de cava trabaja exclusivamente con vinos uruguayos; son 4.700 botellas y 170 etiquetas, con mayor presencia de vinos de Maldonado. Con la economía circular como bandera, la idea es promocionar productos locales y sentar convenios para darles beneficios a los huéspedes de Syrah.

El restaurante Bodegas de la Ballena, en pleno barrio Las Grutas, está impulsado por los mismos empresarios de edificios Syrah. Foto: Sofía Torres El restaurante Bodegas de la Ballena, en pleno barrio Las Grutas, está impulsado por los mismos empresarios de edificios Syrah. Foto: Sofía Torres

Sed de desarrollo. A la hora de hablar de progreso no se pueden olvidar emblemas como el Club del Lago o Solanas Spa & Resort, reconocidos internacionalmente. Con la construcción pendiente de un centro deportivo de primer nivel, con dos canchas de fútbol profesional, pádel y hockey, desde Grupo Solanas se está pensando en “generar otras cosas” dentro de su zona de competencia, contó Alejandro D’Elía, su gerente general. La idea es romper con la estacionalidad del balneario, trayendo al país una prestigiosa universidad de renombre internacional para que se convierta en un centro educativo sede de eventos y congresos, y vaya “más allá del turismo y los desarrollos inmobiliarios”.

El grupo emprendedor no se limita a la zona aledaña al resort, sino que ya avanzaron en la compra de terrenos y se encuentran a la espera de progresar en las negociaciones con el gobierno, “que está con buenas intenciones de evaluarlo”.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, Syrah también tiene algunas proyecciones para la próxima temporada, como un parador sobre la playa Las Grutas “que no sea de música electrónica“ y “acompañe al espíritu del barrio”, contó Romero Pasman. Ya está licitada y habilitada la concesión del terreno, y la Intendencia de Maldonado acompañará la iniciativa con mejoras al servicio de guardavidas de la zona.

Punta Ballena pasó por una década de pura inversión, y lo que se viene es imparable. Algunos aseguran que, por el momento, no ha significado ningún daño, y que seguirá siendo así mientras se mantenga la proporción y armonía entre los espacios naturales y la mano del hombre. Otros lamentan que sea la “gente del barrio” la que luche porque “las cosas se hagan de forma ordenada“, poniendo carteles para evitar el exceso de velocidad de autos y motos, cuando “es algo que depende del Estado”, señaló Rivero.

“Por ahora te puedo decir que podemos irla llevando, pero capaz que algún día te digo: Mirá, no aguanto más estar acá, y me voy”, fue el dictamen de Agó, quien pone sus esperanzas en las nuevas generaciones para valorar estos espacios.