Dubrovnik. Pocas ciudades en el mundo están tan bien conservadas
como Dubrovnik. Su principal atractivo es el casco histórico, que traslada de
inmediato a la época medieval y hace sentir al visitante dentro del set
de una película. Se puede acceder a él por dos inmensas puertas, la de Pile y
la Ploce, una al oeste y otra al este de la ciudad. También se puede ingresar
por barco, llegando al Puerto Viejo, sitio que tiene una variada oferta
gastronómica y al que muchos consideran el lugar más romántico de la ciudad.
Dentro de la parte histórica, hay que recorrer la calle
principal (Stradun), aunque será un desafío sacar una foto de ella sin que
aparezca repleta de turistas. Allí hay restaurantes, tiendas de souvenirs,
de ropa, bares y museos. Vale la pena conocer el Monasterio Franciscano —que
tiene una de las farmacias más antiguas del mundo—, la Plaza de la Luza y la
Catedral de Dubrovnik, construida en estilo bizantino y reconstruida más tarde
en el románico.
Sin duda, lo que más se disfruta es la caminata por las
murallas. Por 250 kunas (33 euros), uno puede recorrer toda la estructura desde
donde se obtiene una vista magnífica de la ciudad fortificada, el resto de
Dubrovnik y el mar Adriático. Las mejores fotos del viaje definitivamente
fueron desde allí arriba. El paseo dura una hora y media, y es fundamental
hacerlo con buen calzado y agua. El ticket permite también el ingreso al fuerte
de San Juan, ubicado a metros de la puerta de Pile.
Casco antiguo de Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga
Los amantes de Game of Thrones encontramos
también otras atracciones. Durante los rodajes de la serie de HBO, algunas
calles de Dubrovnik se utilizaron para darle vida a King’s Landing, la capital
y la ciudad más grande de los siete reinos. Sitios como Get Your Guide y
Tripadvisor ofrecen recorridos guiados que muestran dónde se filmó la serie,
aunque los fans fácilmente pueden identificar algunas locaciones. Por ejemplo,
está la escalinata por la que Cersei baja desnuda frente a miles de ciudadanos
de King’s Landing, que la abuchean y le arrojan cosas al grito de “shame”.
Los comerciantes han sabido explotar el éxito de la serie ofreciendo merchandising
de Game of Thrones en cada esquina.
En cuanto a las playas, la más recomendable es la de
Bellevue, que recibe sombra en la tarde gracias a su ubicación al suroeste.
Está en una bahía rodeada de acantilados, por lo que se accede bajando unas
largas escaleras, y tiene una cueva a la que se puede llegar nadando. A metros
de la puerta Ploce, está Banje Beach: una concurrida playa de arena artificial.
En temporada alta, los muchos turistas que la visitan pueden hacer tediosa la
estadía, aunque tiene una vista única a la muralla y allí se pueden alquilar
motos de agua, kayaks y bananas acuáticas.
Puerto Viejo de Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga
A la hora de buscar un lugar para detenerse, la visita a
Buža Bar es obligatoria, ya sea para disfrutar del atardecer, cenar o tomar una
cerveza observando el reflejo de la Luna en el mar. Se trata de un bar que está
sobre un acantilado y al que se accede atravesando la muralla. De día, los
jóvenes intercalan tragos con saltos al agua y de noche se respira allí una
sensación de completa paz. No es fácil encontrar el bar y tuvimos que pedir
ayuda a los locales para llegar; solo un pequeño cartel en la puerta indica que
estás en el lugar correcto. El bar es de acceso gratuito y se puede permanecer
en él, incluso sin consumir nada.
La vida nocturna de Dubrovnik es especial. Cuando uno
atraviesa la muralla pasada la medianoche se encuentra con una ciudad distinta,
libre de turistas y con una iluminación que realza su belleza. Siguiendo grupos
de jóvenes fue como nos encontramos con una de las mejores discotecas del
viaje: Revelin. La entrada cuesta 25 euros, pero entrando después de las 3 de
la mañana es gratuita.
La diferencia de precios entre el casco antiguo y el
resto de la ciudad es abismal. Se refleja en restaurantes, tiendas de souvenirs
y ropa, e incluso en las comisiones de las casas de cambio y de los cajeros
automáticos.
La zona amurallada es peatonal y, por más que se puede
abarcar a pie, tiene subidas y escaleras que pueden resultar un obstáculo para
personas con movilidad reducida o para quienes estén alojados en lo alto del
casco antiguo y tengan que cargar valijas.
Puerta de Pile, Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga
Consejos:
- Las fuentes de la ciudad proporcionan agua potable,
por lo que vale la pena llevar siempre una botella e ir recargándola.
- Conviene recorrer la muralla en un día despejado y al
atardecer. Pero no se puede subir después de las 19 horas.
- Es recomendable el uso de calzado para el agua. Los
venden en cada esquina y sin ellos es difícil entrar al mar o caminar por las
playas, que tienen canto rodado en lugar de arena.
Bosnia y Montenegro. La cercanía de
Dubrovnik con Montenegro y Bosnia Herzegovina hace que estos países sean
lugares ideales para visitar por el día. La poca frecuencia del transporte
público no es un impedimento para hacer estos paseos, ya que quienes prefieran
no alquilar auto, se encontrarán con una infinidad de tours.
La ciudad de Mostar, en Bosnia
Herzegovina, queda a menos de dos horas y media en auto desde Dubrovnik, por
rutas que bordean parte de la costa croata y bosnia. El principal atractivo de
Mostar es el puente Stari Most, que fue destruido en 1993 en las guerras
yugoslavas y reconstruido en 2004 con el apoyo de la Unesco. Con 24 metros de
altura, el puente es sede del Club de Clavadistas de Mostar, donde
especialistas enseñan a valientes de todo el mundo a saltar desde lo alto del
Stari Most al agua. El puente divide el lado católico de la ciudad del lado
musulmán, donde abundan las mezquitas, los bazares y los restaurantes de comida
árabe. La moneda nacional es el marco bosnioherzegovino, aunque en la mayoría
de los comercios aceptan euros e incluso kunas.
A una hora y media de Dubrovnik está Kotor, una ciudad
costera de Montenegro, reconocida por su historia, sus vistas y por recibir
grandes cruceros. Tiene un barrio histórico rodeado por una muralla que data de
la Edad Media y sitios históricos como la Iglesia de Nuestra Señora de la Salud
y la Catedral de San Trifón.
A minutos de Kotor está Budva, una ciudad costera que
combina edificios modernos, con un atractivo paseo portuario y un casco
antiguo, que también vale la pena conocer.
Hvar. A la isla Hvar
llegamos desde Dubrovnik por un ferry de la compañía estatal Jadrolinija
que dura unas tres horas y cuesta 280 kunas (37 euros). La ciudad tiene un
centro histórico con murallas del siglo XII, una fortaleza sobre un cerro
(desde donde se obtiene una increíble vista panorámica) y una plaza llena de
vida, marcada por la presencia de una catedral renacentista. También cuenta con
un puerto, donde atracan yates de primer nivel, rodeado de tiendas, ferias,
restaurantes y bares que funcionan hasta las dos de la mañana.
Hvar. Foto: Adrián Echeverriaga
Pero el principal atractivo de la isla pasa por otro
lado: el mar y la noche. A la hora que sea, grupos y grupos de jóvenes bajan a
las distintas playas en busca de un baño de mar y la diversión que los
paradores ofrecen. Las playas de Lucica y Bonj son las más concurridas (por su
cercanía con los principales puntos de la ciudad), aunque quienes cuentan con
vehículo pueden explorar otras más distantes. Nuestra favorita fue la playa
Robinson, ubicada a unos 40 minutos a pie de la plaza principal. La recomendó
la propietaria del apartamento en el que nos alojamos, que la frecuenta porque
no suele estar en el radar de los turistas.
Pero para conocer realmente Hvar es casi obligatorio
alquilar un barco. Por un precio cercano a los 70 euros por persona, se puede
hacer un tour con guía de ocho horas por algunas de las playas más emblemáticas
de las islas Pakleni, la Cueva Azul, la Cueva Verde y la isla de Vis, sitio en
el que se filmó la mayor parte de la película Mamma Mia 2.
Cuando cae el atardecer es momento de visitar el bar
Hula Hula, que por su gastronomía, sus tragos y su atmósfera es el más popular
de la isla. Funciona tanto de día como de noche y reúne diariamente a decenas
de personas que aprovechan los distintos espacios abiertos que tiene, ya sea
para relajarse, comer o disfrutar de una fiesta temprana de la mano de
prestigiosos DJ.
Carpe Diem, la discoteca más exclusiva de Hvar.
Pasada la medianoche comienza un éxodo hacia el puerto,
desde donde salen constantemente ferrys a Carpe Diem, el boliche más
emblemático de todo Croacia. La discoteca ocupa la superficie total de una
isla, en la región de las Islas Pakleni, a unos 15 minutos en barco de la
costa. La entrada, que se paga recién en la isla, tiene un costo de unos 50
euros, y hay que considerar que las cervezas o los tragos en las barras valen
dos o tres veces más que en los bares de Hvar. Carpe Diem cierra a las 5 a.m.,
aunque continuamente salen barcos de regreso.
Consejo:
Conviene asegurar el alojamiento en Hvar con
anticipación porque la isla carece de una gran oferta hotelera y eso se refleja
en los precios.
Split. El trayecto de Hvar a Split en ferry lleva unos 45
minutos y tiene un costo de 130 kunas (17 euros). La principal atracción de la
ciudad es el Palacio de Diocleciano, que fue mandado a construir por el
emperador romano Cayo Aurelio Valerio Diocleciano en el siglo III d. c. para su
disfrute personal. Es una enorme superficie irregular que combina elementos
propios de una lujosa villa con murallas, torres de vigilancia y bóvedas
subterráneas. Hoy, el centro de Split está constituido dentro del palacio, con restaurantes,
tiendas y hoteles que le dan vida a la ciudad y conviven en armonía con su
historia. Es por esto que lo que más gusta en Split es callejear y, en una
caminata por momentos sin rumbo, irse encontrando con joyas arquitectónicas
vinculadas al Imperio romano.
La mejor vista de la ciudad se
obtiene desde el mirador de Marjan. La subida hasta lo alto del monte puede
llevar una hora y media, aunque se pueden obtener buenas fotografías a la
altura del Cementerio Judío, con tan solo 20 minutos de caminata y muchos menos
escalones.
Palacio de Diocleciano, Split
El paseo marítimo que bordea la riva (palabra
croata para referirse a la rambla) es atractivo tanto de día como de noche.
Algunos de los mejores restaurantes de Split se encuentran en esa zona, que
además es el epicentro de la movida nocturna. De allí salen decenas de
excursiones diarias a Hvar y Brac, isla conocida por tener la playa más famosa
de Croacia, Zlatni Rat. Esta está rodeada de paradores, es menos rocosa que
otras playas, es ideal para hacer buceo y otros deportes acuáticos, y está
próxima a los pintorescos pueblos de Bol y Supetar.
La vida nocturna de Split sorprende, incluso comparado
con Hvar. Con calles repletas de restaurantes y bares, el movimiento de gente
es continuo hasta altas horas de la madrugada. La oferta es variada y se puede
elegir entre grandes discotecas, fiestas en la playa, bares multitudinarios y
locales con música latina.
Parques nacionales. Croacia tiene ocho parques nacionales que, junto con
otros 12 de carácter natural, compone más del 10% de la superficie total del
país. El más visitado es el de Plitvice, que está a 240 kilómetros de Split y
cuenta con ocho rutas de senderismo que van desde los 3,5 a los 18,6
kilómetros. En temporada alta, el costo de ingreso al parque es de 300 kunas
(40 euros) e incluye pasajes de ómnibus y ferries para trasladarse
dentro.
Parque Nacional de Plitvice
El parque, que está próximo a la
frontera con Bosnia, tiene 295 km2 de extensión y está comprendido
por una cadena de 16 lagos unidos por cascadas que se extienden hasta un cañón
de piedra caliza que le da al agua un color turquesa único. En el lugar viven
osos pardos europeos, lobos, linces, gatos monteses y más de 120 especies de
aves registradas por los especialistas del parque.
Hay quienes prefieren visitar el
parque de Krka, que está más próximo a Split y tiene como ventaja que los
visitantes pueden tirarse al agua, cosa que no está permitida en los lagos de
Plitvice. Además, de camino a Krka se pueden conocer las ciudades costeras de
Šibenik y Trogir.
Consejo:
Se recomienda chequear el pronóstico del tiempo en el
Parque Nacional de Plitvice antes de salir. Pese a la cercanía, la temperatura
en esa región suele ser inferior a la de Split.