Croacia, el lugar donde la historia se junta con el mar y la diversión

Una guía para visitar Croacia, un destino que por sus playas y otros atractivos se convirtió en uno de los países europeos que convoca a más jóvenes

El interés lo despertó la lupita de Instagram, que mostraba hasta el cansancio increíbles playas y paisajes de Croacia. Luego aparecieron distintas voces que confirmaron aquella impresión y dieron el impulso para salir a descubrir ese país. En agosto, un viaje de 10 días con amigos no solo tuvo grandes tardes de playa, sino también ciudades hermosas, sitios históricos, interminables parques nacionales, boliches icónicos y países limítrofes, también con mucho para ofrecer.

¿Qué tener en cuenta al ir? Agosto no es el mes ideal para visitar Croacia. Las altas temperaturas, los precios y la cantidad de turistas pueden llegar a complicar un poco el viaje. El mejor momento puede ser junio o julio, cuando el calor es menos sofocante y aún no inició la temporada de cruceros.

<em> Stradun, la calle principal de Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga</em>Stradun, la calle principal de Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga


Para quienes saben inglés, el idioma no debería ser un obstáculo, ya que casi no se escucha el croata y los carteles en la vía pública son bastante intuitivos. En las ciudades más turísticas, muchos locales hablan inglés o italiano, aunque tal vez no lo hagan de buena gana.

En cuanto a la moneda, se utiliza la kuna, que al momento de este viaje tenía un valor de 5,2 pesos uruguayos, y en casi todos los comercios aceptan tarjetas de crédito y débito. A partir de enero de 2023, el país comenzará a dejar de usar la kuna para darle paso al euro.

Dubrovnik. Pocas ciudades en el mundo están tan bien conservadas como Dubrovnik. Su principal atractivo es el casco histórico, que traslada de inmediato a la época medieval y hace sentir al visitante dentro del set de una película. Se puede acceder a él por dos inmensas puertas, la de Pile y la Ploce, una al oeste y otra al este de la ciudad. También se puede ingresar por barco, llegando al Puerto Viejo, sitio que tiene una variada oferta gastronómica y al que muchos consideran el lugar más romántico de la ciudad.

Dentro de la parte histórica, hay que recorrer la calle principal (Stradun), aunque será un desafío sacar una foto de ella sin que aparezca repleta de turistas. Allí hay restaurantes, tiendas de souvenirs, de ropa, bares y museos. Vale la pena conocer el Monasterio Franciscano —que tiene una de las farmacias más antiguas del mundo—, la Plaza de la Luza y la Catedral de Dubrovnik, construida en estilo bizantino y reconstruida más tarde en el románico.

Sin duda, lo que más se disfruta es la caminata por las murallas. Por 250 kunas (33 euros), uno puede recorrer toda la estructura desde donde se obtiene una vista magnífica de la ciudad fortificada, el resto de Dubrovnik y el mar Adriático. Las mejores fotos del viaje definitivamente fueron desde allí arriba. El paseo dura una hora y media, y es fundamental hacerlo con buen calzado y agua. El ticket permite también el ingreso al fuerte de San Juan, ubicado a metros de la puerta de Pile.

<em> Casco antiguo de Dubrovnik.  Foto: Adrián Echeverriaga</em>Casco antiguo de Dubrovnik.  Foto: Adrián Echeverriaga

Los amantes de Game of Thrones encontramos también otras atracciones. Durante los rodajes de la serie de HBO, algunas calles de Dubrovnik se utilizaron para darle vida a King’s Landing, la capital y la ciudad más grande de los siete reinos. Sitios como Get Your Guide y Tripadvisor ofrecen recorridos guiados que muestran dónde se filmó la serie, aunque los fans fácilmente pueden identificar algunas locaciones. Por ejemplo, está la escalinata por la que Cersei baja desnuda frente a miles de ciudadanos de King’s Landing, que la abuchean y le arrojan cosas al grito de “shame”. Los comerciantes han sabido explotar el éxito de la serie ofreciendo merchandising de Game of Thrones en cada esquina.

En cuanto a las playas, la más recomendable es la de Bellevue, que recibe sombra en la tarde gracias a su ubicación al suroeste. Está en una bahía rodeada de acantilados, por lo que se accede bajando unas largas escaleras, y tiene una cueva a la que se puede llegar nadando. A metros de la puerta Ploce, está Banje Beach: una concurrida playa de arena artificial. En temporada alta, los muchos turistas que la visitan pueden hacer tediosa la estadía, aunque tiene una vista única a la muralla y allí se pueden alquilar motos de agua, kayaks y bananas acuáticas.

<em> Puerto Viejo de Dubrovnik.  Foto: Adrián Echeverriaga</em>Puerto Viejo de Dubrovnik.  Foto: Adrián Echeverriaga

A la hora de buscar un lugar para detenerse, la visita a Buža Bar es obligatoria, ya sea para disfrutar del atardecer, cenar o tomar una cerveza observando el reflejo de la Luna en el mar. Se trata de un bar que está sobre un acantilado y al que se accede atravesando la muralla. De día, los jóvenes intercalan tragos con saltos al agua y de noche se respira allí una sensación de completa paz. No es fácil encontrar el bar y tuvimos que pedir ayuda a los locales para llegar; solo un pequeño cartel en la puerta indica que estás en el lugar correcto. El bar es de acceso gratuito y se puede permanecer en él, incluso sin consumir nada.

La vida nocturna de Dubrovnik es especial. Cuando uno atraviesa la muralla pasada la medianoche se encuentra con una ciudad distinta, libre de turistas y con una iluminación que realza su belleza. Siguiendo grupos de jóvenes fue como nos encontramos con una de las mejores discotecas del viaje: Revelin. La entrada cuesta 25 euros, pero entrando después de las 3 de la mañana es gratuita.

La diferencia de precios entre el casco antiguo y el resto de la ciudad es abismal. Se refleja en restaurantes, tiendas de souvenirs y ropa, e incluso en las comisiones de las casas de cambio y de los cajeros automáticos.

La zona amurallada es peatonal y, por más que se puede abarcar a pie, tiene subidas y escaleras que pueden resultar un obstáculo para personas con movilidad reducida o para quienes estén alojados en lo alto del casco antiguo y tengan que cargar valijas.

<em> Puerta de Pile, Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga</em>Puerta de Pile, Dubrovnik. Foto: Adrián Echeverriaga

Consejos:

- Las fuentes de la ciudad proporcionan agua potable, por lo que vale la pena llevar siempre una botella e ir recargándola.

- Conviene recorrer la muralla en un día despejado y al atardecer. Pero no se puede subir después de las 19 horas.

- Es recomendable el uso de calzado para el agua. Los venden en cada esquina y sin ellos es difícil entrar al mar o caminar por las playas, que tienen canto rodado en lugar de arena.

Bosnia y Montenegro. La cercanía de Dubrovnik con Montenegro y Bosnia Herzegovina hace que estos países sean lugares ideales para visitar por el día. La poca frecuencia del transporte público no es un impedimento para hacer estos paseos, ya que quienes prefieran no alquilar auto, se encontrarán con una infinidad de tours.

La ciudad de Mostar, en Bosnia Herzegovina, queda a menos de dos horas y media en auto desde Dubrovnik, por rutas que bordean parte de la costa croata y bosnia. El principal atractivo de Mostar es el puente Stari Most, que fue destruido en 1993 en las guerras yugoslavas y reconstruido en 2004 con el apoyo de la Unesco. Con 24 metros de altura, el puente es sede del Club de Clavadistas de Mostar, donde especialistas enseñan a valientes de todo el mundo a saltar desde lo alto del Stari Most al agua. El puente divide el lado católico de la ciudad del lado musulmán, donde abundan las mezquitas, los bazares y los restaurantes de comida árabe. La moneda nacional es el marco bosnioherzegovino, aunque en la mayoría de los comercios aceptan euros e incluso kunas.

A una hora y media de Dubrovnik está Kotor, una ciudad costera de Montenegro, reconocida por su historia, sus vistas y por recibir grandes cruceros. Tiene un barrio histórico rodeado por una muralla que data de la Edad Media y sitios históricos como la Iglesia de Nuestra Señora de la Salud y la Catedral de San Trifón.

A minutos de Kotor está Budva, una ciudad costera que combina edificios modernos, con un atractivo paseo portuario y un casco antiguo, que también vale la pena conocer. 

Hvar. A la isla Hvar llegamos desde Dubrovnik por un ferry de la compañía estatal Jadrolinija que dura unas tres horas y cuesta 280 kunas (37 euros). La ciudad tiene un centro histórico con murallas del siglo XII, una fortaleza sobre un cerro (desde donde se obtiene una increíble vista panorámica) y una plaza llena de vida, marcada por la presencia de una catedral renacentista. También cuenta con un puerto, donde atracan yates de primer nivel, rodeado de tiendas, ferias, restaurantes y bares que funcionan hasta las dos de la mañana.

<em> Hvar. Foto: Adrián Echeverriaga</em>Hvar. Foto: Adrián Echeverriaga

Pero el principal atractivo de la isla pasa por otro lado: el mar y la noche. A la hora que sea, grupos y grupos de jóvenes bajan a las distintas playas en busca de un baño de mar y la diversión que los paradores ofrecen. Las playas de Lucica y Bonj son las más concurridas (por su cercanía con los principales puntos de la ciudad), aunque quienes cuentan con vehículo pueden explorar otras más distantes. Nuestra favorita fue la playa Robinson, ubicada a unos 40 minutos a pie de la plaza principal. La recomendó la propietaria del apartamento en el que nos alojamos, que la frecuenta porque no suele estar en el radar de los turistas.

Pero para conocer realmente Hvar es casi obligatorio alquilar un barco. Por un precio cercano a los 70 euros por persona, se puede hacer un tour con guía de ocho horas por algunas de las playas más emblemáticas de las islas Pakleni, la Cueva Azul, la Cueva Verde y la isla de Vis, sitio en el que se filmó la mayor parte de la película Mamma Mia 2.

Cuando cae el atardecer es momento de visitar el bar Hula Hula, que por su gastronomía, sus tragos y su atmósfera es el más popular de la isla. Funciona tanto de día como de noche y reúne diariamente a decenas de personas que aprovechan los distintos espacios abiertos que tiene, ya sea para relajarse, comer o disfrutar de una fiesta temprana de la mano de prestigiosos DJ.

Carpe Diem, la discoteca más exclusiva de Hvar. Carpe Diem, la discoteca más exclusiva de Hvar.

Pasada la medianoche comienza un éxodo hacia el puerto, desde donde salen constantemente ferrys a Carpe Diem, el boliche más emblemático de todo Croacia. La discoteca ocupa la superficie total de una isla, en la región de las Islas Pakleni, a unos 15 minutos en barco de la costa. La entrada, que se paga recién en la isla, tiene un costo de unos 50 euros, y hay que considerar que las cervezas o los tragos en las barras valen dos o tres veces más que en los bares de Hvar. Carpe Diem cierra a las 5 a.m., aunque continuamente salen barcos de regreso.

Consejo:

Conviene asegurar el alojamiento en Hvar con anticipación porque la isla carece de una gran oferta hotelera y eso se refleja en los precios. 

Split. El trayecto de Hvar a Split en ferry lleva unos 45 minutos y tiene un costo de 130 kunas (17 euros). La principal atracción de la ciudad es el Palacio de Diocleciano, que fue mandado a construir por el emperador romano Cayo Aurelio Valerio Diocleciano en el siglo III d. c. para su disfrute personal. Es una enorme superficie irregular que combina elementos propios de una lujosa villa con murallas, torres de vigilancia y bóvedas subterráneas. Hoy, el centro de Split está constituido dentro del palacio, con restaurantes, tiendas y hoteles que le dan vida a la ciudad y conviven en armonía con su historia. Es por esto que lo que más gusta en Split es callejear y, en una caminata por momentos sin rumbo, irse encontrando con joyas arquitectónicas vinculadas al Imperio romano.

La mejor vista de la ciudad se obtiene desde el mirador de Marjan. La subida hasta lo alto del monte puede llevar una hora y media, aunque se pueden obtener buenas fotografías a la altura del Cementerio Judío, con tan solo 20 minutos de caminata y muchos menos escalones.

<em> Palacio de Diocleciano, Split</em>Palacio de Diocleciano, Split

El paseo marítimo que bordea la riva (palabra croata para referirse a la rambla) es atractivo tanto de día como de noche. Algunos de los mejores restaurantes de Split se encuentran en esa zona, que además es el epicentro de la movida nocturna. De allí salen decenas de excursiones diarias a Hvar y Brac, isla conocida por tener la playa más famosa de Croacia, Zlatni Rat. Esta está rodeada de paradores, es menos rocosa que otras playas, es ideal para hacer buceo y otros deportes acuáticos, y está próxima a los pintorescos pueblos de Bol y Supetar.

La vida nocturna de Split sorprende, incluso comparado con Hvar. Con calles repletas de restaurantes y bares, el movimiento de gente es continuo hasta altas horas de la madrugada. La oferta es variada y se puede elegir entre grandes discotecas, fiestas en la playa, bares multitudinarios y locales con música latina.

Parques nacionales. Croacia tiene ocho parques nacionales que, junto con otros 12 de carácter natural, compone más del 10% de la superficie total del país. El más visitado es el de Plitvice, que está a 240 kilómetros de Split y cuenta con ocho rutas de senderismo que van desde los 3,5 a los 18,6 kilómetros. En temporada alta, el costo de ingreso al parque es de 300 kunas (40 euros) e incluye pasajes de ómnibus y ferries para trasladarse dentro.

<em>  Parque Nacional de Plitvice</em> Parque Nacional de Plitvice

El parque, que está próximo a la frontera con Bosnia, tiene 295 km2 de extensión y está comprendido por una cadena de 16 lagos unidos por cascadas que se extienden hasta un cañón de piedra caliza que le da al agua un color turquesa único. En el lugar viven osos pardos europeos, lobos, linces, gatos monteses y más de 120 especies de aves registradas por los especialistas del parque.

Hay quienes prefieren visitar el parque de Krka, que está más próximo a Split y tiene como ventaja que los visitantes pueden tirarse al agua, cosa que no está permitida en los lagos de Plitvice. Además, de camino a Krka se pueden conocer las ciudades costeras de Šibenik y Trogir.

Consejo:

Se recomienda chequear el pronóstico del tiempo en el Parque Nacional de Plitvice antes de salir. Pese a la cercanía, la temperatura en esa región suele ser inferior a la de Split.