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La latinidad es celebrada, consumida y convertida en aspiracional; el show de Bad Bunny en el Super Bowl fue tan solo una muestra de este auge cultural que convive con la polarización y un tenso contexto político en Estados Unidos
Bad Bunny es percibido como el broche de oro de una corriente latina que fluye en otra dirección.
Una joven influencer de Canadá presume su español de acento caribeño, al tiempo que se enorgullece de que Bad Bunny haya mencionado a su país en el histórico show en el Super Bowl. “Soy de Vancouver, British Columbia, soy british colombiana, ¡sí!”, dice en un juego de palabras con el país sudamericano en un video de Instagram que tiene casi 2.000 comentarios. Un veinteañero estadounidense publica un reel bailando al ritmo de la música del puertorriqueño desde las gradas de la final de la NFL: “No seré latino, pero sí me muevo como uno”, comenta, y recibe unos cuantos miles de elogios por sus movimientos.
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“Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón”, dice la letra de una de las canciones del último álbum de Bad Bunny, Debí tirar más fotos, el mismo que pasó a la historia por ser el primero íntegramente en español en ganar el máximo premio Grammy.
El artista cantó esa frase sobre el escenario del evento televisivo más importante de Estados Unidos, y 135 millones de personas lo vieron en vivo; entre ellos, el mismo Donald Trump, que no tardó en apuntar en su cuenta de Twitter contra el músico y, sobre todo, contra su idioma: “Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”, dijo el mandatario, mientras impulsa las redadas migratorias que llevan deportando a más de 200.000 personas de su país, muchos de ellos, justamente, latinos.
Es cierto que buena parte del mundo no entenderá ni una palabra del español, pero son cada vez más quienes desean hacerlo: ni bien terminó el show de Bad Bunny, Duolingo registró y publicó un aumento del 35% de sus alumnos de español, un reflejo del impacto que puede tener un ícono latino en una plataforma global.
Pedro Pascal
Ser latino se convirtió para muchos en sinónimo de calidez, color y ritmo.
AFP
En su columna de The Guardian El español es claramente el idioma más cool del mundo. Entonces, ¿por qué llevamos a los niños a aprender francés?, el periodista Gary Nunn informó que en agosto de 2025, el español se convirtió por primera vez en el Certificado General de Educación Secundaria (GCSE) más elegido en Inglaterra, con más de 136.000 inscriptos, superando al francés, que venía liderando la tabla. “Aunque los estudiantes británicos son conocidos por su descontento con el aprendizaje de idiomas extranjeros, la creciente confianza en la cultura latina podría convencerlos. Aprender español nunca fue tan cool”, concluye el periodista.
La latinidad atraviesa tiempos de dualidad. Por un lado, se consolida como un fenómeno mainstream mundial. Es consumida, es celebrada y se convierte, en muchos casos, en aspiracional. Por el otro, es altamente cuestionada y estigmatizada. Ser latino es, al mismo tiempo, fuente de orgullo y de vulnerabilidad. Y sentirse como tal o reivindicar la latinidad significa, también, tomar partido frente al contexto político actual.
Un representante que interpela
Muchos ven los últimos hitos de Bad Bunny como la culminación de un proceso y camino que se lleva recorriendo hace décadas.
El puertorriqueño llega como un representante tangible del fenómeno latino y, también, de la polarización que genera en el mundo, incluso en los nativos de América Latina. ¿Cómo es posible que muchas personas se sintieran altamente representadas e identificadas con su show, aun sin ser seguidoras de su música, mientras que otras tantas se sintieron escandalizadas?
Entre el último grupo, estuvo el presentador de televisión argentino Tomás Dente: “No me vengan a mí con el revoleo de las caderas latino, porque yo no me identifico con eso, porque soy hijo de italianos, porque mi cultura pasa por otro lado. Nos quieren meter la cultura latina a toda costa”, dijo en su programa.
Bad bunny time
En 2023, el puertorriqueño Bad Bunny protagonizó la primera portada de Time en español.
El docente, creativo publicitario y dramaturgo uruguayo Álvaro Ahunchain escribió una columna en el diario El País titulada No somos latinos, en la que manifiesta que el show del puertorriqueño fue un “catálogo de lugares comunes” de lo que significa ser latino. “América Latina es mucho más diversa de lo que quiere mostrarla la industria estadounidense del entretenimiento. Me da mucha bronca que un reguetonero tan exitoso como vacío reivindique a mi país y alce mi bandera en un escenario global, omitiendo que acá tenemos músicos y poetas en serio”, enfatizó.
Para la psicóloga especializada en investigación de mercado y tendencias Verónica Massonnier, lo de Bad Bunny representa el cruce de varias tendencias. “Se ha transformado en algo icónico, y lo que capta al público va más allá de la música. Como otros fenómenos artísticos, su prime se produce porque está en sintonía con valores e inquietudes de la época. Y por eso mismo no es para todos: su propuesta polariza y por lo tanto interpela”, detalla a Galería.
La narrativa del puertorriqueño es clara. Para Massonnier, apunta a la tensión del momento histórico, a la emoción de sentirse parte de un colectivo postergado y reivindicar el orgullo de pertenencia.
Shakira
A inicios de los 2000, cantantes como Shakira y Ricky Martin conquistaban el mercado global al traducir sus canciones al inglés.
AFP
No es un fenómeno nuevo, sino un patrón que se repite cada vez que una comunidad es atacada o vulnerada: el orgullo de quienes forman parte aumenta casi como un mecanismo de defensa, y también lo hace el volumen de producción cultural.
Es algo que Bad Bunny ha sabido manejar con astucia, ya que el artista acentúa cada vez más las raíces culturales y geográficas “frente a un poder que puede diluir esa identidad o esa autonomía”, plantea Massonnier. “A medida que se agiganta la presencia mediática, se hace más explícita una narrativa de rebeldía ante un poder que aplasta”, agrega.
Ser o no ser latino
Muchos de quienes no se identifican como latinos argumentan con base en el origen del término o el rótulo de latino y su trasfondo histórico. Es que, justamente, no fueron los latinos quienes decidieron empezar a denominarse como tales. Para empezar, ni siquiera la división etimológica entre las Américas nació en el continente, sino que el término América Latina fue impulsado en el siglo XIX por los franceses, bajo Napoleón III, en un contexto en el que se buscaba justificar la intervención de este país en México. Francia se presentaba como parte de esta América “opuesta” a la anglosajona con el fin de construir una afinidad cultural que le serviría a la hora de ocupar el territorio.
El término latino, en tanto, surgió mucho después en Estados Unidos como una forma de clasificar a quienes provenían de países de América Latina; no solo con fines estadísticos, sino también étnicos. Primero lo hizo bajo la palabra hispano; más tarde, encontraron que el término latino resultaba más preciso, menos ligado a España y más asociado a todos los países de Sudamérica y Centroamérica.
Lo que empezó como una etiqueta impuesta se transformó años después en una identidad que va mucho más allá de lo geográfico. Ser latino se convirtió para muchos en sinónimo de calidez, color y ritmo, pero también en un estereotipo reforzado por la cultura predominante, asociado a las complejidades políticas y sociales del continente. Justamente, debido a la enorme diversidad cultural de América Latina —con diferentes historias coloniales, etnias diversas y distintas trayectorias políticas—, la identificación y sentido de pertenencia con un término que agrupa realidades tan distintas sigue siendo, en muchos casos, subjetiva y personal.
Moda latina
La impronta latina en la moda comenzó a ser reconocida internacionalmente hace apenas dos años en los Latin American Fashion Awards.
Abundan ejemplos de latinos en el cine o la televisión que interpretan papeles secundarios de inmigrantes precarizados, narcotraficantes o figuras hipersexualizadas (sobre todo, en el caso de las mujeres). No es casual que a celebridades como Sofía Vergara o Salma Hayek se les haya pedido enfatizar su acento en películas de habla inglesa, al punto que este se convirtiera en un rasgo distintivo de la imagen que proyectaban, que también condicionó los papeles que obtuvieron.
En las últimas décadas, la latinidad en la cultura se vio generalmente obligada a suavizarse o adaptarse para romper techos de cristal y ganar terreno en el ámbito cultural. Artistas como Shakira, Ricky Martin y Enrique Iglesias lograron posicionarse dentro de rankings mundiales, aunque ni ellos ni nadie saben si habrían logrado dar el mismo salto sin traducir su música al inglés.
En los últimos años, sin embargo, los latinos comenzaron a ocupar un lugar central, aunque sin necesidad de traducirse ni adaptarse. Por eso, lo de Bad Bunny se percibe como el broche de oro de una corriente latina que fluye en otra dirección. Ya lo dijo el cantante en 2023 al protagonizar la primera portada de Time en español: “No voy a hacer otra cosa para que a ti te guste”. Es una frase que define a la reciente ola de música latina. En el mismo año, la colombiana Karol G fue la primera mujer latina en lograr el puesto número 1 en la lista Billboard 200 con su álbum Mañana será bonito, completamente en español. Y el año pasado, también se convirtió en la primera en dar un espectáculo en español en el prestigioso fashion show de Victoria’s Secret.
Karol G
Karol G se convirtió en la primera en dar un espectáculo en español en el prestigioso Victoria’s Secret Fashion Show.
AFP
Al mismo tiempo, la dinámica de las colaboraciones se invierte. Ya no es raro ver que artistas anglosajones se sumen y se adapten a producciones latinas, desde el fenómeno Despacito —que dominó el mercado mundial con la incorporación de Justin Bieber al dúo de Luis Fonsi y Daddy Yankee— hasta la participación de Lady Gaga en el show de Bad Bunny en el Super Bowl, versionando su música al ritmo de la salsa e intentando con ímpetu imitar el famoso swing latino.
En el mundo del cine, recién en 2019 una película latinoamericana en español logró estar nominada en la categoría Mejor película de los premios Oscar. Dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, Roma tuvo como protagonista a Yalitza Aparicio, quien también logró una nominación al Oscar como Mejor actriz. El año pasado, la película brasileña Aún estoy aquí, protagonizada por Fernanda Torres, obtuvo nominaciones tanto a Mejor película como a Mejor actriz. Y este año la película El agente secreto figura nominada a Mejor película, mientras que su protagonista, Wagner Moura, es el primer brasileño en aparecer como candidato a Mejor actor.
A pesar de su extensa carrera, el chileno Pedro Pascal se convirtió en un sex symbol recién en los últimos años, y una gran cantidad de actores y actrices estadounidenses empezaron a manifestar el orgullo de tener raíces latinas, desde Zoe Saldaña hasta Selena Gómez, Oscar Isaac o Jenna Ortega.
Pedro Pascal
A pesar de su extensa carrera, el chileno Pedro Pascal se convirtió en un sex symbol recién en los últimos años.
AFP
La estética latina, en tanto, viene ganando terreno en la industria de la moda. Desde Harry Styles hasta Dua Lipa y las hermanas Kardashian, cada vez son más los artistas no latinos que se inspiran en el maximalismo típicamente asociado a lo latino.
La impronta latina en la moda comenzó a ser reconocida internacionalmente hace apenas dos años en los Latin American Fashion Awards, un premio internacional creado con el objetivo de celebrar el talento latinoamericano en la industria de la moda y reconocer su herencia cultural, colocando a esta parte del mundo en el centro del mapa de la moda mundial. “Creemos que ha llegado el momento, ya que el mundo de la moda ha cambiado, la gente acoge la diversidad, da la bienvenida a nuevas estéticas y puntos de vista”, afirmaron las creadoras de este premio, Silvia Argüello y Constanza Etro.
Más allá del sentido de pertenencia y la identificación con el término, lo cierto es que la latinidad pasó de ser exótica y ajena a convertirse en un fenómeno cultural, en el centro de cada vez más industrias. La pregunta clave parece ser, entonces, si la tendencia será pasajera o si se trata de una transformación que llegó para quedarse.
El idioma de (casi todos) los latinos
Que el interés por aprender español venga en aumento está lejos de ser mérito de Bad Bunny. Hace varias décadas que el español viene ocupando un mayor lugar en el imaginario global, y eso tiene que ver, principalmente, con un avance “material concreto” del español en el mundo, explica el lingüista uruguayo Germán Canale. “El español ha tenido una política lingüística de gran expansión, sobre todo al expandir la enseñanza de la lengua a extranjeros a nivel mundial, y esto ha sido una política fuerte e incluso agresiva”, tanto de la Real Academia Española como del Instituto Cervantes, entre otras organizaciones.
Fue lo que se hizo con el inglés desde principios del siglo XX, un trabajo que tuvo un rol central a la hora de consolidar esta lengua a escala mundial, al punto de convertirla en la lengua universal. “El español lo está haciendo hace décadas y a través de estas cosas evidentemente tiene mayor visibilidad y mayor presencia en la esfera global”.
Que el prestigio o la presencia efectiva de una lengua se instale mundialmente depende de factores culturales, políticos y económicos. Pero ese prestigio, apunta Canale, tiende a ser desigual. “La lengua, los hablantes y la cultura latina hispánica pueden tener mucho prestigio en ciertos contextos y muy poco en otros contextos. A veces, eso también depende de cuáles son las figuras que se asocian a eso”, añade. Con esto se refiere, concretamente, a que el prestigio de una lengua asociado a artistas como Bad Bunny o Ricky Martin será muy distinto al que tenga la misma lengua en otro contexto, como el de un inmigrante indocumentado, una persona en trabajos mal remunerados o una familia inmigrante que vive en la frontera con México. “Hay que tener claro que el prestigio no es una categoría uniforme”, aclara el lingüista; “se mueve muy fácilmente y está siempre vinculado a otros símbolos que no son estrictamente lingüísticos”.