Candelaria empezó a hablar, y empezaron, también, las preguntas inesperadas. Más allá de la típica curiosidad de los niños, de querer saber por qué los pájaros vuelan o por qué el cielo es azul, la niña de tres años le preguntaba a su madre cómo se sentía, o cómo había sido su día. No era como otros niños de su edad. Candelaria Voulminot, dice su madre, tenía una luz distinta: “Me prometí no apagar esa luz”.
Tenía ocho años el día en que, al salir con sus padres del supermercado, vio a una familia que había perdido su casa en un incendio. Su temprana empatía se volvió, por primera vez, difícil de soportar. Hoy, con 13 años, Candelaria trata de encontrar las palabras para expresar lo que sintió, aunque no cree que existan. “Tenía rocas en el corazón, me pesaba. Me sentía impotente”.
Aquella escena fue la gota que rebasó el vaso. “Mamá, necesito hacer algo”, le dijo, sin saber exactamente qué podía hacer. A los pocos días surgió la idea: recolectar frazadas y abrigo para entregarlas personalmente a personas en situación de calle. Así nació De Corazón a Corazón, una campaña que la niña, con ayuda de sus padres, lleva adelante hace cinco años y que no para de expandirse.
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Candelaria Voulminot empezó a los ocho años con la campaña De corazón a corazón
Mauricio Rodríguez
El comienzo de la campaña coincidió con la pandemia, por lo que también vino acompañado de varios límites. “Mamá, ¿cuándo vamos a ir a ayudar?”. “Mamá, hace frío, ¡tenemos que salir!”, le reclamaba Candelaria a su madre, que, como tantas, seguía de forma estricta los protocolos recomendados. Así lo recuerda Fernanda, quien por obvias razones terminó oficiando de manager de la campaña de su hija: “Yo rezongo, pero ella es el motor de todo y la acompaño”.
En 2021 entregaron 10 frazadas; al año siguiente se duplicó esa cantidad, y lo mismo pasó en 2023. En 2024 entregaron sesenta frazadas y este año van 120. “Este año explotó”, señala Candelaria.
Ni bien surgió la idea, empezó a compartirla. Primero, con su entorno cercano; desde amigas que casualmente la ayudan a coser hasta planes en los que se suman sus madres con merienda de por medio. Muy pronto, sin embargo, notaron que había que ampliar el círculo para que no se agotaran los recursos, explica Fernanda: “Hacemos un flyer para pedir frazadas, pero cada año ha sido más difícil conseguir. El primer año fue boca a boca, al igual que el segundo. Hubo un año que fuimos al Lawn Tennis. Ahí mucha gente se enteró”.
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Mauricio Rodríguez
Un antes y un después llegó de la mano de una entrevista para el informativo Subrayado, que tuvo una llegada imprevista, al punto que una mujer le dijera a Candelaria algo que le costó asimilar: “Me dijo que lo único que había pedido de regalo de cumpleaños a sus amigas eran mantas para traerme. La miré como: ¿me estás tomando el pelo? No lo podía creer, no sabía cómo reaccionar”. La campaña llegó a todos los barrios y, también, al mundo artístico: desde entonces, el cantautor uruguayo Mario Carrero no solo aporta a la campaña, sino que hasta escribió un poema dedicado a la pequeña líder de este proyecto solidario (ver recuadro). “Es recontrasolidario, perfil bajo. Así (Candelaria) va conociendo a mucha gente solidaria, gente que habla en su mismo idioma, es increíble”, subraya Fernanda.
El crecimiento
Emprender un proyecto solidario a tan temprana edad tiene sus ventajas y desventajas, opina Candelaria. Por un lado, la imposibilidad de salir sola a buscar telas, presentar la campaña en colegios. “No tengo esas ventajas de cuando sos adulto”, dice, a lo que su madre agrega: “¡Pero tenés una buena ayudante!”.
Por otra parte, considera que la gran ventaja está en poder entusiasmar y contagiar a otros de su edad a que se sumen a la campaña, o sean solidarios de diferentes maneras. En esa línea, este año logró contactar al colegio Woodlands para proponerles asistir un día para presentar su proyecto en varias clases. “Le preguntaban a Candelaria si iba para anotarse en el colegio, pero les dije: no, ella es la de la campaña. ¡Y les vendió el proyecto!”, cuenta su madre. Así fue como la creadora de De Corazón a Corazón terminó recorriendo las aulas con el objetivo de ampliar el impacto de su campaña. “Estaba muy nerviosa, no quería trancarme; era gente de mi edad, varios que conozco. Pero fue muy lindo hablarle a esa gente de mi edad o un poco mayor, porque es un idioma que hablo”, agrega. A partir de sus charlas, lograron convocar a 15 alumnos que se juntaron tras el horario de clase para coser frazadas con la inicial del colegio y luego salir a repartirlas.
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La impulsora de la campaña cose a mano cada una de las frazadas
Ninguna salida a la calle es igual a la otra. Candelaria va siempre acompañada de su padre, con quien recorre distintos puntos de la ciudad en auto. “Cada experiencia es distinta. Algunos se asustan, que es común, porque pueden haber pasado muchas cosas. Siempre nos vamos acercando de a poco para que nos vean. Nos dicen: ‘muchas gracias, que Dios te bendiga’. El otro día, un señor nos agradeció y dijo: ‘por gente como vos se hace la diferencia’, eso me marcó”. A la emprendedora también le sorprende cuando algunas personas en situación de calle se niegan a recibir frazadas y le sugieren que las guarde para otros que las necesiten más que ellos. “A veces no quieren recibir más, porque les cuesta cargarla, y hay que aceptar su decisión”, dice.
Entregar mantas es, para Candelaria, una manera de aliviar el dolor que le produce ver personas sufriendo hambre, frío, sed: “Sabiendo que yo llego a casa y tengo la estufa, agua caliente, un plato cada día, necesito hacer esto porque tengo los medios para hacerlo. Me duele a mí, y con esto me hago bien a mí y a otras personas”.
A veces mira la televisión —que aclara que disfruta como cualquier otra adolescente— y se lleva algunas frazadas, gorros o guantes para coser. Si bien tiene máquina de coser, prefiere hacerlo a mano: la puntada no es la misma, no es perfecta, “y eso es algo de la vida misma”. Así, siente que no solo dedica su tiempo, sino que hay una parte de su corazón que entrega entre puntada y puntada. n
fotos: mauricio rodriguez
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Poema de Mario Carrero a Candelaria
Candelaria nunca pasó frío,
pero lo conoce bien…
tampoco ha pasado hambre
pero sabe del hambre también…
Candelaria vive el hambre y el frío
como en carne propia…
lo ha vivido en otras niñas como ella
lo ha sentido en otros niños…
y entonces a Candelaria le duele,
le duele en sus once años,
en su corazón enorme,
en sus manitos y su ternura gigante,
en ese amor valiente
con el que quiere abrazar y abrigar…
Candelaria es necesaria
como el pan, como la luz del sol,
como el agua de los ríos…
¡Candelaria es mucho más que necesaria!
En este mundo absurdo, hostil,
tan inteligente, como descorazonado,
Candelaria es imprescindible.
11 de mayo de 2024, Mario