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El próximo 28 de diciembre, el Coca-Cola Arena de Dubái será escenario de un evento que promete trascender lo deportivo: la número uno del tenis femenino, Aryna Sabalenka, se enfrentará al australiano Nick Kyrgios en un partido de exhibición bautizado como La batalla de los sexos.
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El nombre no es casual. Evoca aquel histórico duelo de 1973 entre Billie Jean King y Bobby Riggs, que marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad de género en el deporte. Medio siglo más tarde, la historia parece repetirse, aunque el contexto y los protagonistas sean otros.
Una reedición con otro espíritu
Sabalenka, campeona de cuatro torneos de Grand Slam y actual líder del ranking WTA, llega como embajadora del tenis femenino en su mejor momento. “Estoy orgullosa de representar a las mujeres y de formar parte de esta versión moderna de Labatalla de los sexos”, declaró al anunciar el evento.
Frente a ella estará Kyrgios, un jugador tan talentoso como polémico, que regresa tras una larga pausa por lesiones. Fiel a su estilo provocador, ya avisó: “¿De verdad creen que tengo que jugar al cien por ciento para ganarle?”.
Aunque se trata de una exhibición, el encuentro ha despertado una enorme expectativa mediática. Las reglas incluirán algunas modificaciones —por ejemplo, una cancha ligeramente más pequeña para Sabalenka— para equilibrar las condiciones entre ambos. Pero más allá del resultado, el verdadero interés estará en lo que este enfrentamiento simboliza.
Batalla de los sexos
El eco de 1973: King vs. Riggs
El precedente inevitable es la primera Batalla de los sexos, disputada el 20 de setiembre de 1973 en el Astrodome de Houston.
Aquel día, Billie Jean King, entonces campeona de Wimbledon, derrotó por 6-4, 6-3 y 6-3 al veterano Bobby Riggs, un exnúmero uno que había desafiado públicamente a las mujeres bajo el argumento de que “ni la mejor de ellas podría vencer a un hombre de su edad”.
El partido, visto por más de 50 millones de personas en todo el mundo, fue mucho más que un espectáculo deportivo: se convirtió en un símbolo de la lucha por la igualdad salarial y el respeto hacia las atletas. King no solo ganó en la cancha, ayudó a consolidar la Women’s Tennis Association (WTA) y a acelerar los cambios culturales dentro del deporte profesional.
Nick Kyrgios AFP__
“¿De verdad creen que tengo que jugar al cien por ciento para ganarle?”, dijo el australiano Nick Kyrgios sobre el encuentro.
Entre el show y la reivindicación
Más de 50 años después, Sabalenka y Kyrgios protagonizan una versión 2.0 de aquella historia. Sin embargo, el contexto es distinto: hoy el tenis femenino goza de independencia, visibilidad y premios más equitativos. Por eso, la “batalla” de Dubái se lee más como un homenaje y una conversación sobre la evolución del deporte que como una confrontación entre géneros.
La jugadora bielorrusa lo resume con pragmatismo: “Considero que es un partido difícil de afrontar para él, porque pase lo que pase sale perdiendo. En cambio, para mí es lo contrario. Si gano el partido, será algo de lo que se hablará muchísimo; mientras que si lo pierdo, se considerará algo lógico, siempre y cuando logre competir”.
“Voy a tomármelo muy en serio, jugaré a pleno rendimiento y espero contribuir a la promoción del tenis femenino, siguiendo los pasos de Billie Jean King”, agregó.
Kyrgios, fiel a su personaje, parece más interesado en el espectáculo que en el mensaje. Pero su sola participación garantiza audiencia, debate y polémica, ingredientes infaltables para un evento que busca atraer tanto al público tradicional del tenis como a las nuevas generaciones.