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Ropa usada, toneladas de contaminación

La moda rápida y el comercio online aumentaron el consumo de ropa; compramos más y más barato que antes; pero ese uso y abuso tiene consecuencias en el medioambiente

Editora Jefa de Galería

Es evidente que cada vez consumimos más. Una información publicada recientemente en el diario El País indica que antes de que llegara la aplicación de compras china Temu a Uruguay, ingresaron un promedio de 48.051 encomiendas por mes durante el primer cuatrimestre de 2024. Ahora, bajo “el efecto Temu”, se registraron un promedio de 145.197 paquetes mensuales durante el mismo período de este año. Casi tres veces más. ¿Será que realmente precisamos todas esas cosas? ¿Nos están haciendo falta? Seguramente no. Solo es más barato y fácil de comprar, y eso crea necesidades donde no las hay.

Esa, precisamente, es la lógica que rige el consumo hoy. No estamos buscando nada, pero nos cruzamos con ofertas, promociones, descuentos y se nos hace inevitable sentir esa pequeña y efímera satisfacción de tener algo nuevo a un costo bajo. Porque es un hecho que la ropa es más barata que hace unos años; sin embargo, no debería ser una razón suficiente.

Más allá de que está claro que seguimos llenando vacíos con cosas materiales —que sería una de las causas del problema—, es importante detenerse a pensar en las consecuencias de ese consumo sin medida y sin sentido.

Por un lado, sabemos que la industria textil es la tercera —después de los combustibles fósiles y de la ganadería— más contaminante del planeta. No solo hablamos del gasto de energía y el uso de recursos, como el agua durante su fabricación, sino de lo que sucede después, al final de la cadena de mercado, cuando ya se usó y se tira, o cuando nunca se usó y también se desecha.

Un grupo de periodistas de El País de Madrid­ realizó una investigación en la que durante 11 meses siguieron el rastro de 15 prendas usadas que geolocalizaron con un dispositivo y tiraron en contenedores de reciclaje­ por toda España. Los resultados son pasmosos. Mientras algunas recorrieron miles de kilómetros saltando de un país a otro, y dejando a su paso una huella de carbono enorme, otras nunca salieron de España y seguían apiladas en depósitos.

Casi la mitad de la ropa usada que llega está en tan mal estado que termina en la playa o apilada en grandes montañas que se queman y contaminan el aire y el suelo. Casi la mitad de la ropa usada que llega está en tan mal estado que termina en la playa o apilada en grandes montañas que se queman y contaminan el aire y el suelo.

Un destino común que tenían estas prendas era Ghana, y allá viajaron los periodistas para ver con sus propios ojos que en ese país reciben cada día toneladas de ropa usada (algunas incluso sin estrenar). Casi la mitad está en tan mal estado que termina en la playa o apilada en grandes montañas que se queman y contaminan el aire y el suelo. Quienes la reciben afirman que la ropa que llega cada vez es de peor calidad. Las imágenes de esta situación en Ghana son catastróficas, incluso peor que las que veíamos hace un tiempo del vertedero de ropa en el desierto de Chile.

Otra noticia de este diario español dice que cada europeo compra 19 kilos de ropa al año y produce 16 kilos de desechos textiles.

No somos Europa, pero seguramente las cifras aquí sean similares. No se trata de dejar de comprar ropa, la que nos haga falta, pero sí de pensar dos, tres veces antes de dirigirnos a la caja de la tienda o de hacer clic en la página de comercio online. De hecho, es la compra web uno de los factores que ha provocado un aumento exponencial del consumo.

Es decir, cada vez compramos más y más barato, y si no detenemos la rueda en algún momento, las montañas de ropa van a llegar hasta nuestra puerta. Y ahí sí nos va a preocupar. Pero para entonces ya habrá sido demasiado tarde y el planeta habrá colapsado.

Cada 5 de junio, el Día Internacional del Medio Ambiente nos plantea la oportunidad de repensar nuestros hábitos, de informarnos sobre las consecuencias de nuestros actos y de recordar que somos parte de un planeta que no está a nuestro servicio, solo somos una especie más sobre él, y nos está haciendo saber lo mal que lo venimos tratando.

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