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    La resistencia de la península

    La Asociación Amigos del Faro se ocupa de mantener un estilo de vida que comenzó con los primeros pobladores de Punta del Este

    Las exigencias que establece el funcionamiento del faro han hecho que las 20 manzanas a su alrededor mantengan ciertas características urbanas que lo convierten en un lugar privilegiado. En su costa rompen imponentes olas los días ventosos, hay una visión del horizonte marítimo del noreste al sudoeste, diversas especies de aves sobrevuelan la costa. A esto se sumó la acción del humano, que plantó tamarindos, transparentes, pitosporums, araucarias, ombúes y palmeras que le dieron un toque verde a un lugar rocoso y árido. Alrededor del faro y adaptadas a un damero urbano, diseño del agrimensor Francisco Surroca de 1890, se fueron construyendo casas a lo largo de las distintas décadas del siglo XX, destinadas en su mayoría al veraneo, que se distinguen por su buen gusto y un estilo de arquitectura típico que, rodeadas de cuidados jardines, embellecen las calles.

    Con el objetivo de conservar las particularidades históricas, ambientales, estético-edilicias, pero sobre todo de preservar un estilo de vida, la Asociación Amigos del Faro nuclea a los vecinos y trabaja en contacto permanente con las autoridades. En la puerta de Stella Maris, la casa que su bisabuelo construyó en 1934, el argentino Pablo Sanguinetti, actual presidente de la asociación, asegura que las casas de esta zona de Punta del Este han ido pasando de generaciones, pero esto, desde hace unos 10 años, empezó a cambiar: cuando mueren los mayores, los jóvenes venden y se van a José Ignacio, una nueva centralidad, como se le llama en urbanismo.

    Cuando Punta del Este fue esa nueva centralidad, los comercios estaban en la península. Ahora, el que busca servicios tiene que irse un poquito más lejos, porque hay toda una zona residencial en la que no está permitida la instalación de comercios. Otra ordenanza que va marcando el perfil de este sector es la que limita la edificación en altura: siete metros en la zona residencial y nueve en la comercial.

     

    La unión hace la fuerza. Los vecinos del faro siempre tuvieron charlas orgánicas con las autoridades departamentales, del signo político que fueran. Al principio se daban simplemente por ser una zona de mucha influencia. “Vivían personas jóvenes; entonces era fácil, con unllamado de teléfono al intendente ya se arreglaba todo”, cuenta Sanguinetti. La asociación surge precisamente porque ese vínculo se fue complejizando, empezó el gran desarrollo de Punta del Este, y los interlocutores cambiaron; los intendentes pasaron a ser gente de negocios y quedaron en segundo plano algunos aspectos que para estos vecinos habían sido muy fáciles de obtener hasta ese momento. Necesitaban una herramienta jurídica para hacer frente al nuevo contexto. El 30 de enero de 1989, el reconocido arquitecto uruguayo Samuel Flores Flores, Haroldo Olcese y Juan Pellegrini lideraron el grupo fundador de la asociación civil sin fines de lucro que este mes llega a sus 30 años con 100 socios/casas en su nómina (70% de argentinos), de un total de 200 casas que hay en el casco antiguo.Cada dos años cambia el presidente, y en cada nueva administración hay un desafío por resolver, como cuando lograron que se moviera de lugar la planta de tratamiento de aguas cloacales ubicada en Punta Salinas (en las rocas de la península), que tenía una chimenea de cuatro metros de altura y producía mucho ruido. Esta batalla la ganaron después de varias peleas en medios de comunicación.A Pablo Sanguinetti le tocó encarar el tema de la seguridad. “Hubo una época en que estaba muy descontrolado. Una cosa es vigilar todo el año cuando hay poca gente y otra cosa es con la cantidad enorme de gente que viene en verano. La policía trae refuerzos de lugares donde no están acostumbrados a que la gente sea mentirosa y tramposa. Hablamos todos los años con el jefe de Policía, con el intendente, que ahora es una visita más protocolar porque está descentralizado en las alcaldías”. Para combatir los robos, los vecinos se unieron y crearon un sistema de vigilancia que consiste en una moto con un vigilante las 24 horas que recorre la zona y está en contacto con los vecinos a través de un grupo de WhatsApp.

    Otro tema que preocupa son los vehículos. “Mañana tengo que ir a la intendencia para hablar con la gente de tránsito por esto”, dice el presidente. Excursiones de Montevideo, pero también de Brasil y hasta de Bolivia llegan a la península y estacionan sus gigantescos ómnibus por varios días sobre la rambla. Las casas de la primera línea, con una vista privilegiada, tienen durante 15 días un ómnibus frente a su ventana.Las cuestiones edilicias también son otro ítem importante en esta asociación. “En Punta del Este vas a encontrar que todos los intendentes hicieron excepciones, de una u otra manera. Las excepciones acá no corren. Tenemos abogados, secretaría permanente abierta todo el año. Los intendentes no mandan a la Junta Departamental ninguna excepción para votar de esta zona porque saben que es peor el remedio que la enfermedad”, dice el presidente. Cualquier obra nueva estará bajo los ojos controladores de la asociación, que maneja muy bien los códigos. Las únicas edificaciones que se salen de la norma son las que se aprobaron durante los años de la dictadura, un complejo de apartamentos que da hacia la rambla. De todas maneras, Sanguinetti no es muy optimista sobre el futuro de su tan querido barrio. “Es probable que esta zona termine siendo toda de departamentos. No sabemos cómo va a ser el desarrollo. Dentro de 20 años vamos a ver qué quieren las nuevas generaciones”, reflexiona.

    “Las casas podrán cambiar; el objetivo es preservar una zona que tiene singularidades geográficas. Así también tenemos que mantener las casas. Podés dejar de pintar un año pero no dos, porque estás adentro del mar”, asegura este argentino que no baja los brazos en su lucha por proteger un estilo de vida y el perfil característico de este sector de la península, manteniendo al faro como símbolo y referencia de Punta del Este, a pesar de la escalada de torres que dominan el horizonte en el resto de la ciudad.

    Eden Rock, de 1935. Con una importante falta de mantenimiento, su anterior dueña de nacionalidad francesa la vendió recientemente a la familia argentina Vartparanian.

     

    Windswept, de 1940. Este chalet, que perteneció a Emilio van Peborgh, es ahora de la familia Vartparanian, empresarios de la industria textil argentina. Una de las ventanas de la segunda planta es punto de referencia para los barcos  que entran al puerto

     

    Villa Ema, de 1930. Hace más de 10 años que está prácticamente abandonada.

     

    La Media Luna (o “la casa de la bola”, como la llaman en el barrio), de 1910. Sobre la calle Virazón, es una de las casas más antiguas de Punta del Este. Fue de una familia argentina, después fue un hotel y desde hace muchos años pertenece a Malena Gainza