Correo Uruguayo
Adrián Echeverriaga
Una mesa con sillas de madera define la circulación del espacio, en el que confluyen varios estilos arquitectónicos. Toda la sala está revestida en roble tallado por artesanos uruguayos. El techo presenta incrustaciones de madera también hechos a mano, y tanto en él como en el mobiliario se exhibe el símbolo del correo: dos serpientes entrelazadas en un cetro con casco alado, en representación de Hermes o Mercurio, el mensajero de los dioses, según la mitología griega o romana.
En el sector izquierdo de la sala, hay una estructura de madera cuya función original es aún desconocida. Mirian Matías, la jefa de la Unidad de Comunicación Corporativa y experta en la historia del edificio que acompaña en el recorrido, cuenta que se manejan tres teorías principales. Podría haber sido una estufa, pero se descarta por la ausencia de salida de humo y la falta de mención en los planos originales; una biblioteca, pero su diseño es inusual en comparación con otras similares, y la tercera posibilidad, la más controvertida, menciona un pasaje secreto, pero tampoco se ha encontrado evidencia. También se habla de una posible influencia masónica, debido a ciertos símbolos en la construcción.
La ornamentación del techo, con fino acabado dorado y las paredes de roble, contribuyen a potenciar el impacto lumínico que provoca el vitral, obsequio del Correo de Perú. En colores vibrantes se aprecian las figuras de un chasqui y un cacique con la inscripción: “Se ve al paynani (mensajero que va de prisa) entregando un mensaje a un emperador azteca”.
A la izquierda se ubica una caja fuerte bastante particular en su funcionamiento y en su aspecto. En la parte frontal y en los laterales, emergen semiesferas incrustadas que se alternan con estrellas de ocho puntas que aluden al rococó francés del siglo XVIII. Su primer destino fue Minas, en donde José Batlle y Ordóñez se desempeñaba con el cargo de jefe político. Para abrirla se requiere de tres llaves que se accionan en una determinada combinación y en forma sucesiva.
En la zona opuesta a la caja fuerte se encuentra un reloj de origen alemán, marca Carillón, muy antiguo, y una lámpara Tiffany, regalo del Correo de Francia.
Devolverle la vida con luz natural
La entrada principal del Correo, en Buenos Aires 451, estuvo cerrada desde agosto de 2024, cuando se inició la intervención de la claraboya con el objetivo de recuperar y revalorizar los elementos formales existentes. Al tratarse de un monumento histórico nacional, se debía respetar la calidad del cerramiento sin alterar las líneas arquitectónicas. Además, se trabajó en estrecha colaboración con dos comisiones de patrimonio (de la Intendencia de Montevideo y de Ciudad Vieja) para asegurar la fidelidad al diseño original.
Con riesgos para la seguridad y afectación en la construcción histórica, esta reforma se concretó gracias al impulso sistemático de Ana Paula González, gerenta de la Unidad de Monitoreo y Transparencia, que convenció a la directiva del Correo en el gobierno anterior para que en diciembre de 2024 se comenzara con el proceso licitatorio y así llegar a tiempo con la obra para esta celebración centenaria.
El arquitecto Álvaro Martínez estuvo al frente de la obra por parte de la Administración Nacional de Correos y la empresa Programa S.R.L. se encargó de la ejecución de la misma. “Más allá de la seguridad, la restauración busca un impacto cultural, revalorizando un monumento histórico y arquitectónico de la ciudad”, indica el presidente del Correo, Gabriel Bonfrisco.
del Correo Uruguayo
Del Correo Uruguayo: gerenta de la Unidad de Monitoreo y Transparencia Ana Paula González y presidente Gabriel Bonfrisco.
Adrián Echeverriaga
González explica que la claraboya es una estructura de cemento armado, con relieves que se habían perdido con el tiempo, pero que fueron recuperados en un “trabajo espectacular de reconstrucción”. El diseño geométrico esgrafiado se relevó en su totalidad con el fin de la recuperación en vigas y nervios de hormigón armado. Uno de los elementos significativos de la claraboya es el vitral central, que para su puesta en valor requirió de la sustitución del cerramiento de mampostería por uno transparente, que permitió el pasaje de la luz natural.
La obra consistió en el remplazo de la perfilería de hierro por aluminio y cristales laminados en lugar de los vidrios comunes, lo que mejoró la seguridad y el acondicionamiento térmico. Se procedió a la demolición de los muros de la mampostería y a la restauración del vitral manteniendo su originalidad y valor patrimonial. Cada una de las piezas, que fueron numeradas y clasificadas, se bajaron manualmente, se limpiaron, se verificó la firmeza de las grisallas (técnica pictórica que crea un efecto de relieve escultórico) en los vidrios y se repararon todas las soldaduras rotas con sus respectivos hierros de sujeción.
Después de un año de arduo trabajo, el fin de semana del 4 y 5 de octubre se volverá a abrir el Palacio de Correos para la celebración del Patrimonio. Posteriormente, las visitas serán de 9 a 17 horas. Las recorridas educativas se realizan todo el año; el edificio es un punto de interés para escuelas, ya que en él se narra la historia del correo y el proceso completo de la correspondencia, incluyendo el rol del cartero y la importancia del código postal.
Servicios más allá de las cartas
El servicio postal universal se refiere a la obligación legal del correo, considerada un derecho, de llevar correspondencia a todas las localidades que cuenten con un mínimo de 500 habitantes, de modo de asegurar la comunicación incluso en zonas remotas. A pesar del cambio en los hábitos de comunicación, el servicio tradicional del correo sigue siendo relevante, especialmente para los adultos mayores, y persiste en la entrega de paquetes, el envío de cartas comerciales, los estados de cuenta y recibos. Según describe el presidente, Bonfrisco, el Correo se ha reorientado fuertemente hacia la logística, manejando paquetería a gran escala para clientes privados y organismos estatales.
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En el Museo Postal se exponen buzones de diferentes épocas.
Adrián Echeverriaga
Más allá de la correspondencia y los paquetes, los servicios no tradicionales incluyen las pesquisas neonatales (al transportar las primeras muestras de recién nacidos para detección de enfermedades), las encomiendas a todas las cárceles del país (siendo el único acceso), y la entrega de medicamentos (a partir de la pandemia se estableció un convenio con farmacias y la Administración de los Servicios de Salud del Estado para entregarlos a domicilio), un servicio que se inició de forma gratuita y ahora es una prestación más.
Proyección al futuro
Al terminar el recorrido, Matías revela otros secretos de la construcción. La Administración Nacional de Correos estaba originalmente instalada en un edificio en la misma manzana, sobre la calle Sarandí, en donde hoy funciona la escuela Pedro Figari. Ambas construcciones comparten el mismo estilo arquitectónico y se conectan físicamente a través de un pasaje interno, actualmente sellado.
También mencionó que hasta hace algunos años se podía acceder al mirador sobre la torre, desde donde se apreciaba una vista espectacular de la bahía de Montevideo. La torre, de 63 metros de altura, alberga un ascensor desde el cual se alcanza una escalera de hierro que a su vez conecta a una escalerilla adicional que permite llegar a la cúpula. Hoy este sector no está habilitado, aunque en el pasado era el atractivo principal de los turistas que lo visitaban.
En la actualidad, “una de las prioridades del directorio es integrar el Correo al circuito cultural de la Ciudad Vieja y fortalecer los tejidos sociales en todos los sentidos. Este palacio no es solo un gran monumento histórico: al igual que en otras ciudades de América, y como ocurre con el Palacio Legislativo, este edificio que cumple 100 años habla de un auge arquitectónico con fuerte influencia europea”, comentó Bonfrisco.
En el futuro, está previsto que continúen las obras de restauración del edificio para celebrar los 200 años de la creación del Correo Uruguayo, en el año 2027.
Bóveda Correo Uruguayo
Adrián Echeverriaga
Museo del Correo Uruguayo
En el hall central se encuentra el Museo del Correo, creado por iniciativa de antiguos funcionarios postales que se encargaron de recopilar y preservar objetos en desuso relacionados con la institución.
Se pueden ver varios relojes de oficinas públicas que marcaban la hora oficial, en una época en que no todas las personas tenían relojes, siendo esa la única referencia, junto con las campanadas de las iglesias.
También se exhiben buzones, muebles y artículos que se utilizaron en las distintas dependencias en Montevideo y distintos departamentos. Por ejemplo, se expone mobiliario del directorio del correo del año 1910, y una silla de montar que usaba el servicio de los carteros de caballería para la distribución de correspondencia en zonas urbanas y suburbanas que circularon por nuestro territorio entre 1896 a 1945. Asimismo, hay una bicicleta de los años 60, que, al ser un vehículo oficial del Correo, requería patente y permiso para conducir.
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Adrián Echeverriaga
Además, hay desde piedras litográficas halladas en el local de Correos y Telégrafos en Sarandí 472, hasta balanzas utilizadas en los locales de todo el país para pesar la correspondencia.
También se exponen buzones de madera y de metal de diferentes épocas, pero todos amarillos, color institucional del correo nacional. Hay uno de 1884 utilizado en Quebracho, Paysandú; otro de la ciudad de Rivera del año 1942, cuando se colocaban en la parte trasera de los buses y esto permitía a las personas depositar sus cartas durante el trayecto, y uno de 1970, cuando ya se fabricaban en fibra de vidrio.