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El calendario del deseo: en qué días y horarios se tiene más sexo

Datos de encuestas internacionales y estudios científicos muestran que la vida sexual responde menos a la pasión espontánea y más a la disponibilidad y los niveles de estrés

Editor de Galería

Si el deseo no tuviera patrones, esta nota no existiría. Pero entre el cansancio crónico, las obligaciones y el “mañana madrugo” el sexo empezó a comportarse con una prolijidad sospechosa. Tanto es así que la ciencia se metió en la cama, contó encuentros y confirmó lo inevitable: el mejor día para tener sexo no siempre coincide con San Valentín.

Porque, seamos honestos, uno no se excita con globos en forma de corazón ni con menús degustación. El deseo se activa cuando la agenda afloja, el cuerpo no protesta y la cabeza deja de repasar pendientes. La ciencia —esa aguafiestas profesional— lo dejó claro: el sexo no responde a grandes gestos románticos, sino a pequeñas victorias cotidianas. Dormir bien, llegar temprano a casa y saber que mañana no hay alarma siguen siendo los afrodisíacos más efectivos.

Como alguien tenía que ponerle Excel a la libido, la multinacional británica de lencería Pour Moi salió a preguntar cuándo y cómo el deseo toca la puerta. En 2024, encuestó a 2.000 adultos sexualmente activos de varios países y confirmó que el sexo también ama el fin de semana. El 43% de los encuestados declaró que el sábado es el día en el que más suele tener sexo. El viernes aparece en segundo lugar (22%), seguido por el domingo (10%) y el jueves (6%). El lunes, en cambio, fue señalado como el día menos elegido, con apenas un 2%: una cifra coherente para una jornada dedicada a sobrevivir, no a seducir.

No sorprende si se considera al cortisol, la famosa hormona del estrés, como un sabotaje interno de la libido. Estudios publicados en Psychoneuroendocrinology muestran que niveles elevados de cortisol reducen la excitación, lo que complica la conexión emocional. Es por eso que el lunes, con la vuelta al trabajo, las obligaciones y la resaca del fin de semana, el sexo queda en segundo plano.

En materia de frecuencia, los números bajan a tierra cualquier fantasía. El 48% de los encuestados admitió tener sexo una vez por semana: ni poco ni mucho, lo justo para seguir creyendo que todo está bajo control. Un 19% lo hace dos veces, el 13% tres, el 7% cuatro y apenas un heroico 1% aseguró tener relaciones a diario. Un porcentaje mínimo, pero ruidoso, que claramente duerme mejor, trabaja menos o simplemente exagera.

Mejores dias para tener sexo 2

En cuanto al horario, el deseo también mostró una puntualidad casi británica. El pico de actividad sexual se da en promedio a las 22.09 horas, un momento cuidadosamente elegido (ni tan temprano como para seguir pensando en el trabajo ni tan tarde como para que el sueño gane por nocaut). Entre las 20 y las 22 horas se concentra buena parte de los encuentros, después de cenar y antes del “ni loco”.

Este patrón no es ninguna novedad. Ya en 2005, el fisiólogo conductual brasileño Roberto Refinetti lo había puesto bajo la lupa en el estudio Time for sex: nycthemeral distribution of human sexual behavior, publicado en Journal of Circadian Rhythms. Durante tres semanas, adultos de entre 18 y 51 años registraron no solo cuándo tenían relaciones sexuales, sino también a qué hora dormían y despertaban.

La mayoría de los encuentros sexuales reportados se concentró en torno a la hora de dormir, aproximadamente entre las 23 y la 1. Aunque también se observó un pico menor de actividad al momento de despertarse, un dato útil para entender que ciertos retrasos no se deben al tránsito, sino al exceso de optimismo.

Según los propios participantes, la explicación fue bastante menos sofisticada de lo que suele creerse. No mandan las hormonas ni un reloj interno independiente, sino factores mucho más terrenales: horarios laborales rígidos, obligaciones familiares y la siempre decisiva disponibilidad de la pareja. En definitiva, no es el cuerpo el que organiza el deseo, es la agenda la que manda.

No significa que las hormonas estén de vacaciones. La testosterona, por ejemplo, hace su show matutino, mientras que el estradiol en las mujeres hace lo propio según el ciclo menstrual. Estudios publicados en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism muestran que, aunque estos procesos fisiológicos alcancen su pico, rara vez logran convencer al cuerpo de que actúe, ya que la biología termina cediendo ante la rutina. El deseo podría tener reloj propio, pero es un reloj que nadie consulta.

Sexo y contexto

Una investigación publicada en Scientific Reports (Nature) en 2017 analizó patrones de interés sexual a escala global y concluyó que los ciclos sexuales humanos están fuertemente influidos por factores culturales y estados de ánimo colectivos, más que por ritmos biológicos estacionales.

A partir del análisis de búsquedas en Google y millones de publicaciones en Twitter en más de 120 países, los autores observaron que el interés sexual aumenta de forma consistente durante celebraciones culturales clave, como la Navidad en países cristianos o el Eid en países musulmanes, con independencia del hemisferio o la estación del año.

Dicho de otra manera, el cuerpo tiene voz, pero el mundo tiene megáfono: el deseo se deja arrastrar, se contamina del ánimo de los demás y demuestra que hasta lo más íntimo puede ser público.