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JOMO: ¿por qué cada vez más personas reivindican el placer de perderse cosas?

Surgida como resistencia al FOMO (miedo a perderse de cosas), esta filosofía de vida propone dejar de vivir bajo la presión de estar en todos lados y elegir de forma consciente de qué experiencias uno quiere ser parte

La persona en cuestión acaba de llegar de un viaje que incluyó más países que días, conciertos varios, cafés centenarios y otros recién inaugurados, más un sinfín de paseos obligados que se encargó de documentar uno por uno en sus redes sociales. Gran parte del sentido de caminar decenas de miles de pasos por día estuvo, precisamente, en acumular una buena suma de testigos del otro lado de las redes sociales.

Desde el sillón de su casa, celular en mano y serie proyectada en la televisión, la siguió otra persona que apenas la conoce y, sin embargo, no se perdió un solo detalle de ese viaje aparentemente de ensueño, a pesar de la sensación de hartazgo y vacío que siempre le produce la exposición a cientos de vidas de individuos más o menos cercanos o completamente desconocidos.

Ambas realidades parecen muy lejanas entre sí, pero están unidas por un mismo patrón: el fenómeno conocido como FOMO (Fear of Missing Out, traducido como “miedo a perderse algo”), una forma de ansiedad social caracterizada por la preocupación constante de no perderse de experiencias aparentemente gratificantes que otras personas tienen, ya sea buscando constantemente actividades bajo el deseo de no perderse de ninguna experiencia, como exponiéndose de manera compulsiva a vidas ajenas idealizadas en el intento permanente de estar al tanto de todo.

No se trata de dejar de viajar ni de abandonar por completo las redes sociales o decir que no a toda invitación, sino de dejar de actuar por miedo a quedarse afuera.

No se trata de dejar de viajar ni de abandonar por completo las redes sociales o decir que no a toda invitación, sino de dejar de actuar por miedo a quedarse afuera.

Como todo fenómeno masivo que genera preocupación, en los últimos años comenzó a surgir su resistencia y contrapartida. ¿Y si el verdadero disfrute estuviera, en realidad, en perderse algunas cosas? Este es el concepto central detrás del JOMO (Joy of Missing Out, o “disfrute de perderse de cosas”), una filosofía de vida que propone dejar de vivir bajo la presión de estar en todos lados y que reivindica el placer de elegir de forma consciente de qué experiencias uno quiere ser parte, y saborearlas.

El surgimiento de este concepto fue la excusa para el filósofo español Juan Evaristo Valls Boix para escribir JOMO: el gusto de perder, un ensayo publicado en mayo que invierte la lógica del FOMO para centrarse en “la rebelión ante los imperativos del goce total”.

Mejor tranquilo que feliz

“Yo quiero una casa, no viajar ni visitar mil países; quiero estar tranquilo en mi barrio, me importa un bledo ser alguien”, dijo el filósofo el pasado junio en entrevista con la revista Vogue de España.

Evaristo Valls considera que tras el cansancio de una época que exige vivir al máximo y en la que la felicidad parece estar definida por la cantidad de experiencias que uno tenga y el provecho que se le saque a cada minuto —en términos de cantidad más que de calidad— se palpita actualmente un cambio de sensibilidad, una reorientación de los deseos desde la búsqueda de una vida feliz al disfrute de una vida digna y tranquila. “Quiero darme un abrazo con quien yo quiera, no estar agobiado con deudas, poder dar un paseo con mis amigos por el barrio sin que haya guiris y mil sitios nuevos de matcha o de rolls de canela”, subraya en la entrevista.

Lejos del paso a la pasividad o inacción, lo que el JOMO propone es desacelerar el ritmo y dejar de confundir el valor de una vida con su productividad o entenderla como una carrera en comparación constante con vidas ajenas.

“Durante años nos dijeron que la libertad consistía en encadenar ciudades, másteres y oportunidades. Ahora descubrimos que tanto movimiento también puede ser una forma de desarraigo. Mucha gente ya no sueña con irse, sino con poder quedarse”, sostuvo el filósofo Juan Evaristo Valls en entrevista con La Vanguardia.

No se trata de dejar de viajar ni de abandonar por completo las redes sociales o decir que no a toda invitación, sino de dejar de actuar por miedo a quedarse afuera; es decir, un cambio de lógica del “tengo que estar” al “quiero estar”.

De todas formas, el JOMO también se manifiesta en la cantidad de jóvenes que abandonan las redes sociales en busca de un estilo de vida más saludable. Según el Estudio de la Generación SPCial sobre hábitos de desconexión digital de los jóvenes españoles, elaborado en 2024 por la firma SPC, un 12,7% de los de entre 18 y 35 años decidieron salir de las redes para comenzar a valorar la tranquilidad y las actividades sencillas, como quedarse en casa mirando series o pasar tiempo sin la presión de estar al tanto de lo que hacen otros.

En una cultura basada en ganar, para Evaristo Valls “perder tiempo para escuchar, cuidar, descansar es hoy una forma de libertad”, mientras que “no poder parar es una forma de alienación” que se ha convertido en costumbre. “Durante años nos dijeron que la libertad consistía en encadenar ciudades, másteres y oportunidades. Ahora descubrimos que tanto movimiento también puede ser una forma de desarraigo. Mucha gente ya no sueña con irse, sino con poder quedarse”, sostuvo en entrevista con La Vanguardia.