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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodo comenzó con un insulto.
Durante una audiencia, el presidente de la Suprema Corte de la India comparó a ciertos jóvenes desempleados y con títulos falsos con parásitos y cucarachas. Más tarde aclaró sus palabras, pero ya era tarde. Abhijeet Dipke, un joven especialista en comunicación política, publicó una pregunta tan irónica como poderosa:
¿Qué pasaría si todas las cucarachas se unieran?
En pocos días nació el Cockroach Janta Party, literalmente el Partido Popular de las Cucarachas. Comenzó como una sátira digital, pero encontró algo mucho más profundo: millones de jóvenes frustrados por el desempleo, el costo de vida y las fallas del sistema educativo.
Según informó Reuters, el movimiento llegó a reunir cerca de 23 millones de seguidores en Instagram, frente a unos 9,3 millones del Bharatiya Janata Party, el poderoso partido de gobierno de Narendra Modi. Más de 400.000 personas completaron inicialmente un formulario de adhesión.
No es todavía un partido político registrado. Sin embargo, consiguió transformar seguidores digitales en movilización real. Las protestas contra las reiteradas filtraciones de exámenes nacionales llevaron a decenas de miles de jóvenes a las calles y terminaron provocando la renuncia del ministro de Educación.
El fenómeno demuestra que una broma, un símbolo y un lenguaje compartido pueden convertirse rápidamente en poder político.
Mientras esto ocurría en la India, otra expresión juvenil comenzaba a instalarse en Uruguay: el “farmeo de aura”.
“Farmear” proviene del lenguaje de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o puntos. El “aura”, en este caso, representa carisma, presencia, seguridad, estilo y reconocimiento.
En las llamadas batallas de aura, los participantes realizan gestos, poses, movimientos o pequeños bailes y buscan mantener la compostura mientras el público decide quién transmite mayor personalidad.
La tendencia ya llegó a las plazas, los centros educativos y las redes uruguayas. Estudiantes del Liceo Nº 2 de Florida la incorporaron durante un recreo. También se difundieron convocatorias en Montevideo, Las Piedras, Piriápolis, Fray Bentos y Paysandú.
La primera reacción adulta puede ser la burla. Sería un error.
El lingüista Santiago Kalinowski, de la Academia Argentina de Letras, explica que estas expresiones funcionan como un “cronolecto”: un código propio de una edad mediante el cual los jóvenes construyen identidad, pertenencia y diferenciación frente a padres, docentes y autoridades.
Muchas de esas palabras desaparecerán. Pero la lógica cultural que expresan probablemente permanecerá.
La política, en realidad, siempre tuvo aura.
José Batlle y Ordóñez la construyó alrededor de su visión transformadora y su capacidad para imaginar un Estado moderno. Julio María Sanguinetti la proyectó mediante la palabra, la cultura y la reconstrucción democrática. Tabaré Vázquez transmitió autoridad, seriedad y disciplina. José Mujica convirtió su historia, su austeridad y su forma de hablar en una narrativa reconocida internacionalmente. Luis Lacalle Pou desarrolló una presencia basada en la energía, la cercanía y una comunicación adaptada a su tiempo.
Todos tuvieron estilos, ideas y trayectorias diferentes. Pero compartieron algo fundamental: la capacidad de proyectar una identidad reconocible.
La diferencia es que antes el aura política se construía durante años. Surgía de discursos, actos, debates, militancia, decisiones de gobierno y recorridas por el país. Hoy también puede ganarse o perderse en segundos.
Cada intervención pública suma o resta puntos en un marcador invisible. Una respuesta auténtica, una actitud serena o un gesto espontáneo pueden fortalecer un liderazgo. Una frase artificial o un intento demasiado evidente de parecer joven producen el efecto contrario.
Adaptarse no significa que los políticos deban bailar frente a una cámara, copiar expresiones adolescentes o convertir la política en entretenimiento. La imitación forzada es, precisamente, una de las formas más rápidas de perder aura.
El verdadero desafío es comprender que una nueva generación evaluará a sus dirigentes con códigos diferentes.
Los jóvenes que hoy tienen 16 años tendrán 19 en las elecciones nacionales de 2029. Ya están formando los criterios con los que observarán a los candidatos y decidirán su voto.
Buscarán autenticidad, rapidez mental, identidad y capacidad de comunicar. Pero el país también necesitará que encuentren preparación, responsabilidad, ideas, criterio y capacidad de construir acuerdos.
Ahí aparece la importancia del sistema de partidos.
Uruguay no debe debilitar sus partidos para perseguir cada tendencia digital. Su historia, organización territorial, capacidad de negociación y continuidad institucional constituyen uno de los principales activos de nuestra democracia.
La tarea es renovarlos por dentro y abrir espacios reales para nuevas generaciones.
Según recordó el PNUD, basándose en la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, solamente el 5% de los uruguayos de entre 14 y 29 años participa en organizaciones políticas y apenas el 16% ocupa espacios de decisión.
La próxima etapa será un trabajo para gente de mucha capacidad. Para dirigentes capaces de comprender los códigos digitales sin quedar prisioneros de ellos. Nuevos líderes con carisma, pero también con formación. Con presencia, pero también con ideas. Con velocidad comunicacional, pero con profundidad institucional.
El Partido de las Cucarachas demuestra lo rápido que un símbolo puede transformarse en movilización. El farmeo de aura muestra a una generación que ensaya nuevas formas de identidad, reconocimiento y liderazgo.
Uruguay tiene la oportunidad de vincular esa energía con un sistema democrático sólido.
Quien conduzca el país dentro de algunos años puede tener hoy 16, estar en el recreo de un liceo o reunirse con sus amigos en una plaza, mientras aprende a sostener una mirada y sus compañeros le asignan puntos imaginarios.
En 2029, esos puntos serán votos.
El desafío es que esa generación encuentre partidos dispuestos a abrirle las puertas, pero también capaces de ofrecerle algo más que aura.
Porque el aura puede abrir el camino.
La capacidad, la ética y las instituciones son las que sostienen una democracia.
Pedro Michelini Lerena