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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos acontecimientos de los últimos días me obligan a escribirle nuevamente.
Días pasados, por una investigación periodística de Ignacio Álvarez, nos enteramos de que la ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial Cecilia Cairo construyó cuatro viviendas en un terreno de 1.500 metros cuadrados de su propiedad evadiendo toda responsabilidad tributaria.
El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, y los compañeros del MPP, su fuerza política, salieron en bloque a defender a la ministra. Pretendieron demostrar que “una mujer”, “como cualquier ciudadano”, “con una vida difícil” y “pobre”, “se olvidó” y “cometió un error” al no regularizar las construcciones en la que ella y su familia vivían. Situación que se sostuvo por al menos 30 años.
Por suerte, responsablemente, la ciudadanía les dio la espalda y se hizo oír luego de saber que Cecilia Cairo ocupó cargos de gobernabilidad en los últimos 20 años (edil departamental, directora en el ministerio, diputada y ahora ministra), con un esposo exalcalde (renunció por una denuncia de acoso sexual) y que según consta en la declaración de la Jutep de 2020 ambos cobraban ingresos por $ 301.000.
Imagino lo que debió sentir ese capataz de albañil, trabajador y obrero, al que la ministra hizo referencia y se comparó con él en un acto del MPP apenas días después de asumir…
El liderazgo al que nos tenía acostumbrados Luis Lacalle Pou brilló por su ausencia y el Uruguay sin rumbo del que tanto hablaron en campaña electoral se empezó a notar.
Mientras el escándalo sucedía, vimos a un presidente ausente que a 45 días de comenzar el gobierno se tomó unos días de descanso para ir a Anchorena y no los interrumpió hasta que después de tres días, con la bomba estallada y el plan Marshall ya en marcha, hizo pública en la red social X la aceptación de la renuncia de su ministra. Solamente para él era un tema resuelto. Al resto nos quedaban varias interrogantes.
Pasado el incidente, ya con el panorama más despejado pero incierto (aún no sabíamos qué ministra o ministro sucedería al soldado de gobierno que cayó hacía tres días y del que se dilató la aceptación) vimos las expresiones de la hija de la ministra.
Si bien la familia de un político debe quedar al margen si esta no se expone, no puedo dejar de referirme a ella porque es imperioso demostrar que su discurso de odio, rancio y digno de la izquierda más radical y retrógrada, es el que la sociedad uruguaya hoy por hoy repudia y no acepta.
Adriana Cairo, en un intento desesperado por salvaguardar la imagen de su madre, nos quiso aleccionar y hacer creer que su historia es la más digna de vivir. La señora Cairo arremetió contra sectores de la sociedad con la que juntos forjamos el país en el que todos convivimos.
Una mujer que vivió los últimos 20 años de los aportes de todos y hace unos cuantos es cómplice en la evasión de las responsabilidades tributarias y fiscales que tuvo su madre nos quiso explicar lo inexplicable y buscó responsabilizar a terceros por las actitudes de vida que tomó su familia.
Con respecto a ello, me interesa decirle que su mamá no era Juan y Pedro, era una ministra de Estado, por el que debe servir a los uruguayos sin engaños ni evasiones. A toda la sociedad le cuesta bastante mantener los sueldos de los gobernantes. Y permítame decirle que son más altos que el que percibe cualquier trabajador porque son acordes a las responsabilidades que ello conlleva. No reniego de ello pero hay que hacerlo saber para que también se sepa la responsabilidad que acompaña al salario. Responsabilidad que su mamá y el MPP nunca dimensionaron. Además, permítame aclararle que por fuera del pueblo quedan los acuerdos de privados (dirigentes y sectores políticos) por el que renuncian a parte de sus remuneraciones y hacen los aportes de los cuales su mamá decidió mantener al día (de forma regular, sin deudas ni atrasos).
Por respeto a las víctimas, no voy ahondar en el resto de las afirmaciones que hace respecto a los políticos (como su madre, porque es una mujer política). Usted conoce de cerca casos referidos e imagino que no es nada grato y es sumamente doloroso tener que enfrentarlos.
Por último, y no por eso menos importante, quiero contarle que fue gracias al trabajo de la prensa que tanto critica que se permitió que todo esto se sepa, que la ciudadanía tenga la información de quien nos gobernaba, que precisamente no era con honestidad. Quiero hacerle notar que quien abrió la puerta de su casa para que vean las propiedades irregulares fue su mamá, creyendo que con eso calmaría las aguas y, lejos de eso, permitió ver que todos sus hijos y nietos tenían un techo distinto en donde vivir y que otros no podían acceder a una sola vivienda porque las políticas públicas no les llegan debido a la escasez de recursos del Estado, que se nutren de las obligaciones como las que su mamá evadió por 30 años.
Nada más para decir con respecto al escándalo novelesco que sacudió al gobierno del Frente Amplio a 45 días de asumir y en el que una ministra de Estado mintió, se atrincheró cuando se descubrió y luego de tres días renunció.
Nicolás Fusario