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TheEconomist (18/10/24) trae un interesante artículo sobre cómo y por qué la economía de los Estados Unidos (EE.UU.) sigue superando en performance al resto del primer mundo (hasta que Trump la descarrile). Siguen extractos (y comentarios).
El “secreto”, para TheEconomist, está en la alta productividad de la economía americana y esto, a su vez, se explica por varios factores:
La productividad de la mano de obra. El trabajador americano habrá generado este año, en promedio, unos US$ 170.000 de producción económica frente a US$ 120.000 en la zona euro, US$ 118.000 en Gran Bretaña y US$ 96.000 en Japón. A su vez, la productividad del trabajo se incrementó un 70% en los EE.UU. desde 1990 (29% en Europa, 46% en Gran Bretaña y 25% en Japón). No sé si en nuestro país tenemos mediciones de esto. Sería interesante comparar.
La inversión en capital: “Los trabajadores americanos, para decirlo simplistamente, tienen a su disposición más herramientas, tanto físicas como intangibles, bajo la forma de software”. La inversión no residencial en los EE.UU. ha sido, en promedio, desde mediados de los años 90 un 17% del PBI (Producto Bruto Interno).
La inversión en investigación y desarrollo: con la excepción de Israel y Corea del Sur, EE.UU. es el país que más invierte en investigación y desarrollo, aproximadamente un 3,5% del Producto. Más que China.
El clima de negocios: los EE.UU. tienen un dinamismo en los negocios con características especiales. La primera que destaca TheEconomist es la relativa facilidad tanto para la desaparición de empresas como para la creación de nuevas. Lo segundo, obviamente, es más atractivo y simpático que lo primero, pero ambos factores tienen casi la misma relevancia: la quiebra de empresas depura a la economía de esfuerzos estériles o poco exitosos, inclinándola así a actividades más productivas. De nuevo, no es simpático ni algo ausente de efectos negativos y dolorosos, pero es un hecho que en economías como la nuestra (a la que no le sobran los recursos) se consumen muchos recursos a pura pérdida. Como en tantas otras cosas, nuestra sociedad (no solo los gobiernos) se empecina en mantener vivas a empresas moribundas (que, por lo general, terminan muriendo igual) en vez de enfrentar la realidad. Es mejor para toda la sociedad destinar recursos a reciclar o asistir que a bancar CTI económicos.
Flexibilidad laboral: factor muy emparentado con el anterior y que comparte el hecho de tener sus bemoles de sacrificios personales. Pero es un hecho que tanto la flexibilidad como la movilidad laboral (con medida) favorecen la productividad. Si los EE.UU. son ejemplo de su existencia, el Uruguay lo es de su ausencia. No puede ocultarse que en este factor, que favorece la productividad en los EE.UU., juegan dos elementos con connotaciones negativas: el limitado sostén que las normas americanas dan al desempleo y la relativa debilidad de los sindicatos.
La disponibilidad de fuentes de financiamiento para la innovación no solo proveniente del sector privado (promovido fiscalmente), sino también de origen estatal. Los EE.UU. tienen un ente público, la Defence Advanced Research Project Agency, enfocado a inversiones de riesgo en el campo de la tecnología (y con bolsillos profundos).
La preferencia por la innovación. Dice The Economist: “La causa subyacente de la superioridad americana en tecnología está en su vibrante ciclo de innovación. Empieza con sus universidades (…) (y continúa con) el apoyo público a la investigación. El financiamiento de empresas incipientes es generoso. Y las empresas enfrentan pocos obstáculos regulatorios para desarrollarse”.
En suma, no hay secretos en materia de crecimiento económico. La pólvora ya fue inventada hace rato. Tampoco es que existan recetas mágicas, pero sí que los ingredientes básicos son archiconocidos (y probados).
Visto desde otro ángulo: las sociedades que siguen queriendo ganarle a la realidad con fórmulas “progresistas”, cargadas de voluntarismo y escasas en realismo, producen los resultados que producen. Los que ya conocemos (y experimentamos). Pero que no queremos largar.