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En 2013, por una conferencia que di en un seminario de la Federación Internacional del Hormigón en Tel Aviv, pude cumplir un sueño que nunca creí posible, una peregrinación con mi señora por Tierra Santa.
Caminar por Jaffe por las calles por donde caminó san Pedro, ver el mar y bucear en las aguas transparentes del Mediterráneo para ver peces de san pedro hurgando en las rocas, con la boca llena de sus hijitos alevines; acercarme despacio hasta tocar una jibia que muda de colores y me mira con ojos soñadores, hasta desaparecer en una nube de tinta. Es un mundo tan distinto que parece un planeta detenido en el tiempo.
Luego de eso, seguimos una semana, que cambió la forma como yo veo la vida.
En Nazaret, en un día como hoy hace 2025 años, el ángel Gabriel se apareció a una virgen, y los mismos muros de entonces nos reciben. Durante esas madrugadas, con hermanos cristianos del mundo entero no nos entenderemos, pero sonreímos y agradecemos a María. Por el “sí” de María vino Jesús al mundo. Se respira el misterio.
Luego el monte Tabor, Cafarnaum sobre el lago de Tiberíades, aldeas, cultivos de frutas y flores, la cordialidad de los galileos nos abruma con su jovialidad y la risa fácil.
Cuando cruzamos hacia el sur, el desierto. En la aridez, también de los judíos. No son malos, con mi barba me confundían tal vez, pero recibía el saludo de paz más seco y corto, “shalom”, cuando los cruzaba.
Belén y Jerusalén, dos países aparte. Los árabes cristianos que visitamos con el padre franciscano, que nos acompañaba, son como un cemento de unión entre árabes y judíos, todos semitas y muy parecidos. Pero en la calle, como si no se vieran, barrios separados, ómnibus separados, la segregación que no se entiende. Una tierra de luchas y tragedias, para pueblos tan parecidos que deberían apoyarse unos a otros como hermanos.
Cuando llegamos al final, en el Vía Crucis me tocó durante una estación llevar la cruz, con dos mujeres. Llevar la cruz entre tres no es fácil. Y sentía en las vibraciones el miedo de que con todo el peso se cayeran, y quería tomar un poco más del peso para aliviarles la carga.
Hoy, que están sufriendo una guerra insensata, que ataca a los pueblos sin sentido, rezamos por que veamos el camino, caminemos hacia la verdad y la verdad sea la vida. No la muerte.
Por el anuncio del ángel a la virgen, un día como hoy, y por el “sí” de María, por el pequeño que nació en Belén, llegue la paz. A Oriente Medio y al mundo.
Ing. José M. Zorrilla