Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSesenta días de la administración del presidente Donald Trump han sido suficientes para el cambio radical de la política internacional norteamericana. Los impactos de las decisiones adoptadas afectan al comercio, a la integración y a la paz mundial.
Los ejes del multilateralismo y la cooperación que Estados Unidos y sus aliados promovieron para diseñar el orden internacional a partir de 1945 quedan subordinados al modelo nacionalista y proteccionista de los intereses estadounidenses, por encima de las anteriores reglas acordadas por los países.
Nuevas barreras arancelarias unilaterales están provocando consecuencias negativas en el comercio, y los recortes de la ayuda militar, estratégica y humanitaria afectan a muchos de los países amigos. En particular, eso debilita a Ucrania ante el avance de un invasor ruso con vocación expansionista que descarta cualquier negociación bilateral de la paz bajo garantía internacional.
Las decisiones de Trump apuntan también contra la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y la propia concepción de la defensa atlántica y empujan a Europa a fortalecerse militarmente con recursos propios para poder enfrentar las amenazas a la paz y a la integridad continental. Sin embargo, esas amenazas no disminuyen la simpatía de los líderes populistas por los liderazgos mesiánicos que ponen en peligro al continente del cual sus países forman parte.
Al día de hoy, el repliegue norteamericano de sus compromisos históricos expone a las naciones europeas a una situación más vulnerable y, aunque ese no sea el resultado buscado, termina reforzando la posición de un líder ruso golpeado por las sanciones económicas y la reacción internacional mayoritaria.
Se especula que la sumatoria de esos factores conduciría hacia un nuevo orden mundial diferente a aquel que planteaba Henry Kissinger mediante el equilibrio entre los Estados nacionales y el juego inestable y ambivalente de poder y legitimidad. Ese poder económico y militar, junto con la autoridad de las potencias y las reglas, los principios y las normas del derecho internacional, sirvió para crear un sistema tal vez imperfecto para dirimir las diferencias y alcanzar la paz.
Aún es temprano para anticipar el desmoronamiento definitivo del orden de posguerra o para afirmar el surgimiento de un nuevo reparto de zonas de poder e influencia. En todo caso se tratará de un orden poco previsible donde acechan diversas amenazas sobre la seguridad internacional.
Es posible que los países deban ajustar sus estrategias y políticas para el crecimiento y el desarrollo en un cuadro internacional sometido a los riesgos de un mayor proteccionismo y de creciente belicismo.
Para los Estados parte del Mercosur se presenta un escenario complejo con escasas señales de interés de Estados Unidos hacia América Latina, excepto la atención del fenómeno migratorio, y cuando además se multiplican las complejidades para poner en práctica el acuerdo comercial con la Unión Europea.
Adicionalmente, sus dos socios mayores tienen posiciones diferentes al momento de encaminar sus prioridades, con una Argentina que apuesta a mejorar su relacionamiento bilateral con la administración Trump y un Brasil que afirma su participación relevante en el espacio del “sur global”. Estos dilemas aumentan el escepticismo cuando es necesario lanzar un llamado a la unidad en la región.
Dentro del sur global aparece China como clave para profundizar los vínculos económicos y comerciales frente a una coyuntura particularmente desafiante. Avanzar en este rumbo exigirá una cuota adicional de prudencia, pues la intensificación del diálogo con ese país será evaluada en un marco de convulsa competencia internacional de liderazgos entre las anteriores potencias y las emergentes, sin descartar el renovado rol de Rusia como potencia militar activa.
La situación mundial dependerá además de la vigencia y la eficacia de las democracias occidentales y de sus instituciones frente al avance desestabilizador de autocracias que descreen de los valores democráticos y de las libertades individuales reconocidas a quienes habitan bajo aquellos regímenes. Mantener la fortaleza de las democracias es una condición necesaria, aunque por sí misma no sea suficiente para superar las actuales circunstancias negativas.
Eso también dependerá del papel que desempeñen los líderes internacionales en el manejo de las nuevas tensiones y conflictos. El cuidado y la protección de las reglas y los derechos constituyen una pieza angular para asegurar la paz en el mundo.
Uno de los principales riesgos radica en lo que el historiador británico Peter Burke ha calificado como “ignorancia voluntaria” de los gobernantes, que no es sinónimo de incapacidad o falta de preparación sino de la deliberada resistencia a las ideas contrarias a sus puntos de vista o de la preferencia por presuntas realidades que van construyendo interesadamente mediante sus relatos distorsivos.
Ya sufrimos esas conductas en tiempos de la pandemia del Covid-19, cuando algunos la calificaban como una psicosis o una “gripecita” mientras aumentaban las víctimas fatales. No saber que no se sabe es un pecado inadmisible y contrario a la lógica socrática si además cuesta vidas humanas y dolores evitables.
El mundo continúa avanzando en su revolución posindustrial y digital, pero ese avance inexorable no debe omitir las experiencias del pasado. No para predeterminar el curso del futuro, sino para aprender de los errores superados.
Carlos A. Bastón