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    Uruguay deberá “repensar cómo se va a relacionar con el resto del mundo” si Bolsonaro gobierna en Brasil

    El socio de CPA/Ferrere Alfonso Capurro analiza los eventuales efectos en el vínculo bilateral de un triunfo electoral del candidato presidencial de la derecha en Brasil y los problemas fiscales de ese país

    —¿Cómo puede incidir en Uruguay un eventual triunfo electoral de Flávio Bolsonaro?

    —Hoy, lo que más nos preocupa es que puede cambiar un poco la relación que Uruguay tiene con Brasil. Ya en los últimos dos años o tres, la inserción internacional de Uruguay ha cambiado radicalmente porque estamos en un mundo sin reglas, donde la institucionalidad pesa menos y donde es más relevante el peso específico de los países y las alianzas específicas. Eso es lo que Estados Unidos o (el presidente estadounidense Donald) Trump han destruido y construido después.

    Uruguay, por razones tácticas y de cercanía política, hoy no forma parte del eje de la alianza de Estados Unidos y tampoco es aliado de China; está medio solo en el mundo. Y Brasil era nuestro padrino; buena parte de la estrategia de Uruguay se basó en ir acollarado a Brasil o jugar con el apoyo de Brasil como un jugador importante a nivel internacional, también recostado un poco sobre la cercanía política con Lula (Luiz Inácio da Silva, presidente brasileño). Eso puede cambiar y hacer que quede un poco más solo; Uruguay tiene que repensar cómo se va a relacionar con el resto del mundo. Eso sí nos preocupa un poco más.

    —¿Más que cómo evoluciona la economía de Brasil bajo un gobierno de Bolsonaro y cómo eso se transmite a Uruguay? En los últimos años llegó mucha inversión brasileña…

    —La razón por la cual las inversiones de negocios vienen a Uruguay no necesariamente es porque estuvieran escapando de malas condiciones en Brasil, sino por otras condiciones estructurales. Y no creo que eso vaya a cambiar.

    —Por más que en Brasil bajen impuestos…

    —Más allá de la visión político-filosófica de Bolsonaro, los estudios hechos por el instituto fiscal independiente del Senado muestran que la situación fiscal es insostenible y que la deuda en Brasil diverge. Bolsonaro está prometiendo un ajuste fiscal de un punto y medio del producto en 18 meses, al estilo (del presidente argentino Javier) Milei, aunque él habla de tijeras y no de motosierra; tal vez después más adelante tenga espacio para recortar impuestos, pero hoy la proyección pasiva de ese instituto es que la deuda, si nadie hace nada, va a pasar de 85% a 115% del PIB en 10 años.

    También tiene un problema de factibilidad de la economía política, porque la situación económica en Brasil no es la de Argentina cuando entró Milei, y el mandato no es necesariamente el mismo, pero él verá cómo hace. La primera fase de su gobierno es ajustar el déficit y, desde esa perspectiva, precisa más bien subir impuestos que bajarlos.

    Casualmente, Lula está prometiendo lo mismo, un ajuste fiscal de un punto y medio o 1,7 del Producto, no en 18 meses, sino en cuatro años y preservando los programas sociales. Los dos tienen un problema de credibilidad: Bolsonaro tiene un problema de credibilidad porque tal vez es poco factible y Lula tiene un problema de credibilidad porque no logró hacerlo en su actual administración y fue moviendo las metas fiscales.

    Ahí hay un poco de incertidumbre, más allá de que el real se apreció después del triunfo de Bolsonaro en primera vuelta: por delante todavía nos queda ver para dónde va la fiscalidad y cómo reacciona.