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Ucrania, Irán y cómo las guerras regionales se vuelven globales
Los conflictos en Europa y Asia se superponen y es posible que se estén formando dos bloques rivales
El 27 de julio de 2026, varios automovilistas pasaron junto a una gran valla publicitaria que prometía venganza contra el presidente estadounidense Donald Trump en la calle Jomhouri, en el centro de Teherán.
La invasión rusa de Ucrania ha dado lugar a la guerra más sangrienta en Europa desde 1945. El conflicto entre Irán, Estados Unidos (EE.UU.) e Israel ha involucrado directamente a 12 países del Medio Oriente, convirtiéndolo en la guerra de mayor alcance en la región en décadas. En Asia Oriental, Corea del Norte está llevando a cabo un rápido aumento de su poderío militar y ha renunciado al objetivo de una reunificación pacífica con el Sur. Mientras tanto, China ha intensificado sus ejercicios navales alrededor de Taiwán y parece estar ensayando cómo cortar las líneas de abastecimiento de la isla.
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En la actualidad, estos conflictos regionales en Europa, el Medio Oriente y Asia son, en gran medida, independientes entre sí. Pero están comenzando a superponerse. Durante el fin de semana, Irán dijo que Ucrania había hundido un buque mercante iraní en el mar Caspio, lo que causó la muerte de un marinero. Los ucranianos han reconocido haber realizado ataques de largo alcance contra buques iraníes en el Caspio, alegando que estaban dirigidos contra buques militares de carga que se dirigían a Rusia. Volodímir Zelenski también acaba de advertir que Corea del Norte se está preparando para enviar otros 30,000 soldados a participar en la guerra de Rusia contra Ucrania.
Cuando el primer contingente de tropas norcoreanas llegó al frente en 2024, el presidente ucraniano describió su despliegue como el “primer paso hacia una guerra mundial”. Ahora que los ucranianos se enfrentan directamente a Irán, se podría argumentar que se ha dado un segundo paso.
La Primera y la Segunda Guerra Mundial, como sus nombres lo indican, tuvieron lugar en varios continentes al mismo tiempo. Ambos conflictos también contaron con alianzas globales bien definidas. Entre 1939 y 1945, las potencias del Eje —Alemania, Italia y Japón— se enfrentaron a una alianza liderada por el Reino Unido, EE.UU. y la URSS. Estas dos guerras mundiales también implicaron un conflicto directo entre los países más poderosos del mundo.
El conjunto actual de conflictos ya reúne algunos de estos criterios. Las guerras que se superponen ahora abarcan dos continentes —Europa y Asia— y están influyendo en los conflictos en África. La creciente alineación entre Rusia, China, Irán y Corea del Norte ha llevado a algunos estrategas estadounidenses a caracterizar a esos cuatro países como un “eje de adversarios” (o “eje de agitación”).
Sin embargo, la actitud a menudo hostil de Donald Trump hacia muchos de los aliados tradicionales de EE.UU. —así como el hecho de que a Israel se lo considere cada vez más un Estado paria en Europa y en algunas partes del Golfo— dificulta identificar un bloque unificado que se oponga a la agrupación antiestadounidense.
La decisión de Ucrania de enfrentarse a Irán podría ser, en parte, un intento de crear un bloque más cohesionado para desafiar al “eje de adversarios”. Cualquier análisis de los motivos de Kiev debe ser provisional, ya que los detalles de lo que está sucediendo en el Caspio son objeto de controversia. Pero los ucranianos tienen razones de sobra para querer contraatacar a Irán, que ha estado suministrando a Rusia los drones Shahed que han matado a un gran número de ucranianos.
Al mismo tiempo, Kiev podría ver una oportunidad para mejorar drásticamente sus relaciones con la administración de Trump al destacar hasta qué punto Rusia está ayudando a Irán a luchar contra EE.UU. Zelenski ya ha señalado que Rusia proporciona información de inteligencia que Irán ha utilizado para atacar a las tropas y bases estadounidenses en la región. Los esfuerzos de EE.UU. por bloquear a Irán también se ven obstaculizados por el hecho de que los productos y el petróleo iraníes pueden cruzar el mar Caspio hacia Rusia. Interrumpir esa ruta ayudaría a cualquier esfuerzo estadounidense por socavar la economía iraní.
En un restaurante de Hong Kong, un televisor muestra una transmisión del presidente ruso Vladimir Putin (centro derecha) inspeccionando la guardia de honor junto al presidente chino Xi Jinping durante una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Beijing el 20 de mayo de 2026.
PETER PARKS / AFP
Los ucranianos sienten que poco a poco están tomando la delantera en su guerra contra Rusia. Pero la llegada de refuerzos de Corea del Norte claramente ayudaría a Putin. Desafortunadamente, Kim Jong Un, el líder despótico de Corea del Norte, tiene todos los motivos para apoyar al Kremlin, ya que Rusia le está proporcionando tecnología avanzada a Corea del Norte y está ayudando al régimen de Pyongyang a salir de su aislamiento económico y diplomático.
La ayuda de China tanto a Irán como a Rusia es más discreta. Pero los observadores más atentos creen que, no obstante, es vital. Thomas Wright, quien fue director de alto nivel de planificación estratégica en la Casa Blanca de Biden, señaló recientemente que “China ha ayudado a Rusia a reconstruir su capacidad militar mucho más rápido de lo que hubiera sido posible de otra manera, suministrando máquinas-herramienta, microelectrónica y otras tecnologías cruciales, al tiempo que coopera en la producción de drones”. Los chinos también han suministrado a Irán “productos de doble uso”, como combustible que puede utilizarse para misiles e imágenes satelitales comerciales.
No existe una alianza formal entre el “eje de adversarios”. Sin embargo, China, Rusia, Corea del Norte e Irán sí comparten objetivos comunes. Los cuatro países quieren acelerar el declive del poder estadounidense y dominar sus regiones vecinas. China también tiene aspiraciones realistas de desplazar a EE.UU. como el país más poderoso del mundo. Las aspiraciones de una nación en ascenso por reemplazar a la potencia global dominante a menudo han llevado a la guerra en el pasado, un fenómeno denominado la “trampa de Tucídides” (la idea de que cuando una potencia en ascenso amenaza con desplazar a una establecida, el resultado suele ser la guerra) por el académico de Harvard Graham Allison, y muy discutido por Xi Jinping, el líder de China.
No hay duda de que tanto China como EE.UU. se están preparando activamente para una guerra entre sí. Pero tanto Washington como Beijing parecen estar tratando simultáneamente de evitar que su rivalidad se convierta en un conflicto abierto. Eso es alentador, pero no garantiza que otra guerra mundial sea imposible. Como demostró la historia del siglo XX, los conflictos regionales y los errores de cálculo de las grandes potencias pueden ser una combinación letal.