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Michelle Obama rompe el silencio sobre el escrutinio que sufrió como primera dama por su apariencia

En The Look, su nuevo libro, la esposa del expresidente de Estados Unidos Barack Obama relata las complejidades que atravesó al vestirse, peinarse o meramente existir en el centro del poder

Hay juicios disfrazados de halagos; comentarios que intentan sonar amables, pero esconden comparaciones o condescendencia. Michelle Obama cree que detrás del alboroto y la fascinación por sus brazos musculosos hubo, en realidad, una exclusión simbólica, una forma de hacerla sentir ajena al canon tradicional de la mujer blanca y conservadora que había ocupado ese rol antes que ella.

En The Look, la esposa del expresidente de Estados Unidos Barack Obama rompe el silencio acerca del escrutinio inédito que enfrentó como primera dama, así como las complejidades de vestirse, peinarse o meramente existir en el centro del poder.

Todo empezó con la foto oficial. Vestida de Michael Kors, de pelo lacio, sus brazos al descubierto empezaron a ser objeto de un análisis que fue ampliamente documentado. La tildaron de informal. Otros de provocadora, y unos cuantos de mostrarse “demasiado masculina”. Medios como The New York Times dedicaron artículos a destacar cuántas veces por semana la primera dama se mostraba en público con un vestido sin mangas.

“Ciertamente no soy la única primera dama que fue escrutada: a Hillary la criticaban por sus trajes de pantalón, y a Nancy Reagan por su amor por la alta costura. Pero esto se sintió distinto”, escribe. “Barack y yo éramos retratados como dos personas negras que no entendían las ‘reglas’ del mundo exclusivo en el que habíamos entrado, y que no éramos del todo bienvenidos en él”, confiesa en el libro en el que también muestra cómo recurrió a la moda como herramienta de visibilidad y representación.

El escudo del pelo lacio

Claro que no fueron solamente sus brazos. A la par de ese debate también estuvo su pelo. Fue tal la frustración y el sacrificio por “controlar” durante años su melena natural que la esposa del expresidente de Estados Unidos optó por dedicarle un capítulo entero del libro.

Naturalmente rizado, la ex primera dama se mostró de pelo lacio durante los ocho años de permanencia en la Casa Blanca, una decisión que estuvo lejos de ser casual. “Sabía que no podía darles nada más hasta que el país me conociera”, confiesa. Con esto, lo que Obama quiere decir es que quiso evitar distracciones, consciente de que la discriminación basada en el pelo sigue afectando a las personas negras desde la infancia, una realidad que vivió también en su carrera como abogada corporativa, en la que ninguna mujer negra se atrevía a dejar su cabello al natural. “Decidí no agregar otra distracción y permitir que me conocieran a través de mi trabajo”. Básicamente, creía que Estados Unidos no estaba listo para ver sus rizos como primera dama.

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Durante ese período, comenzó el proceso de transición hacia su pelo natural de la mano de su estilista, Johnny Wright, quien la acompañó en el recorrido de manera discreta, bajo pelucas y extensiones. “No sentíamos que teníamos la libertad de presentarnos en el mundo como nuestro yo completo”, admite Obama, que veía crecer sus rizos en las raíces con la esperanza —un tanto utópica— de algún día mostrarlos al mundo.

Finalmente, los días de esconder su melena quedaron atrás. Al finalizar el mandato de Barack Obama y terminar su rol como primera dama, Obama empezó a liberar sus rulos, otro paso que no solo fue un mensaje de legitimación para los afroamericanos en lugares de poder, sino que evidenció su decisión y sacrificio previo por ajustarse a cánones tradicionales.

Hoy, la ex primera dama saca provecho de la versatilidad de su pelo, que suele llevar liso, rizado o de trenzas voluminosas según se le antoje.

Política a través de la moda

Michelle Obama entendió como pocas que, en política, la vestimenta podía convertirse en un mensaje y una herramienta de representación. En ese sentido, fue elogiada por muchas de sus decisiones y por dar visibilidad a diseñadores emergentes. En plena recesión estadounidense, Obama se atrevió a usar marcas populares como H&M o J. Crew, que combinaba con diseñadores de lujo.

“Barack y yo éramos retratados como dos personas negras que no entendían las ‘reglas’ del mundo exclusivo en el que habíamos entrado, y que no éramos del todo bienvenidos en él”. “Barack y yo éramos retratados como dos personas negras que no entendían las ‘reglas’ del mundo exclusivo en el que habíamos entrado, y que no éramos del todo bienvenidos en él”.

Para el baile inaugural, se esperaba que se vistiera con Oscar de la Renta, el diseñador tradicional de las primeras damas. Ella, sin embargo, optó por un vestido de Jason Wu, un joven —y desconocido— diseñador taiwanés radicado en Nueva York.

Las imágenes de Obama luciendo ese vestido blanco de un solo hombro hoy forman parte del Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian y catapultaron la fama del diseñador. “Usar su vestido era una forma de decirle al mundo que estaba dispuesta a desafiar al ‘así se hace siempre’ de la Casa Blanca”, concluye Michelle Obama.

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