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    “No se quieren ir”: los pueblos que quedaron en pie entre los escombros del terremoto en Colombia

    En los municipios de Argelia, El Águila y Roldanillo, cientos de familias enfrentan casas destruidas, edificios inhabitables y una reconstrucción que apenas comienza. Mientras la ayuda en Valle del Cauca se concentra en el área urbana de Cali, las poblaciones de la periferia desafían el miedo y buscan pequeños signos de normalidad, mientras sus habitantes se resisten a abandonar los lugares donde construyeron su vida entera

    Cuando volvió la luz en Argelia, en el departamento del Valle del Cauca, se vivió como una celebración. En medio de casas dañadas, edificios que deberán ser demolidos y el temor que aún recorre el pueblo desde el fatídico lunes 10 de agosto, recuperar la energía eléctrica fue, al menos por un rato, una noticia que valía la pena celebrar.

    “Llegó la energía y eso fue de verdad una felicidad absoluta para todos. La gente estaba feliz, contenta en medio de tanta tragedia. Esa pizquita de esperanza y de ánimo también para ellos es importante”, cuenta Joan Varela, un estudiante de Buga que viajó hasta el municipio después del terremoto que golpeó el oeste de Colombia y que ya dejó al menos 273 muertos.

    Lo que encontró al llegar fue un panorama "bastante desolador”. Según relató, las autoridades se preparaban para demoler varios edificios que quedaron muy comprometidos por el sismo, entre ellos, la iglesia y la sede de la alcaldía.

    “Van a demoler casi una cuadra entera porque la infraestructura ya no aguanta”.

    Los habitantes también le hablaron de un barrio que habría quedado completamente destruido y de una montaña que, describieron, “se partió prácticamente en dos”.

    Pero entre todos esos relatos había una preocupación que se repetía: qué hacer con quienes ya no pueden quedarse en sus casas, pero tampoco quieren abandonarlas.

    “A ellos prácticamente ya les dijeron que Argelia es inhabitable, que lo mejor es que todos desalojen, pero hay mucha gente reacia y que no quiere dejar su pueblo”, relató Varela.

    “Argelia representa para ellos la vida entera y no se quieren ir”.

    La destrucción, sin embargo, contrasta con el alivio por las vidas que se salvaron.

    “Muchos de los locales nos decían: ‘No estamos llorando a un amigo, no estamos llorando a un familiar, no estamos llorando a un habitante de Argelia’”.

    Para quienes permanecen allí, eso importa más que cualquier edificio perdido.

    “La gente no se quiere mover”

    A unos kilómetros y del otro lado del límite departamental, en El Águila, Valle del Cauca, el escenario es prácticamente el mismo. El hospital quedó destruido y muchas familias perdieron sus viviendas.

    Una joven del municipio que participa en la recolección y distribución de donaciones (y que pidió mantener su nombre bajo anonimato) contó que muchos vecinos se resisten a alejarse de sus casas, incluso cuando ya no pueden dormir dentro de ellas.

    “Muchas familias perdieron todo, la casa, pero no se quieren mover de ahí. Están muy tristes porque ven su casa destruida, pero al mismo tiempo tienen mucho miedo de moverse”, relató.

    La prioridad ahora pasa por conseguir materiales que permitan improvisar algún tipo de refugio: láminas de zinc para cubrir los techos, además de cobijas, colchonetas, almohadas, sábanas y alimentos.

    “No tienen dónde dormir. De una u otra manera se han acomodado porque la gente no se quiere mover de su casa, a pesar de que esté destruida. Quieren tratar de salvar lo que más pueden”.

    En El Águila, la preocupación está puesta también en las zonas rurales. Según la joven, hay familias de veredas cercanas cuyas casas quedaron destruidas y que todavía no habían sido alcanzadas por la asistencia. Ella y su familia comenzaron a enterarse de algunos de esos casos a través de su madre, que es profesora en el municipio.

    “Le han avisado a ella y nosotras vamos, las visitamos, miramos cómo está la cosa. La verdad, las cosas están muy delicadas”, dijo.

    La comunicación tampoco ayuda. Durante los primeros días, la señal telefónica funcionó de manera intermitente y recién comenzó a restablecerse parcialmente. Esa situación incluso provocó que algunas personas fueran reportadas como desaparecidas cuando, en realidad, sus familias simplemente no conseguían comunicarse con ellas.

    Ayudas y reclamos

    Ante la dimensión de los daños, vecinos de El Águila comenzaron a organizar sus propios centros de acopio.

    La joven y su familia reciben donaciones en su casa, ubicada cerca de la iglesia y del parque, arman paquetes y los llevan directamente a familias que, según aseguran, todavía no recibieron asistencia. También establecieron puntos para recolectar insumos en Cali y Pereira y consiguieron transporte para llevarlos hasta el municipio.

    “Han llegado ayudas, sí, pero están llegando a ciertas personas, no a la población en general que las necesita”.

    La joven cuestionó además la respuesta de la alcaldía y aseguró que parte de las donaciones recibidas por el municipio permanecían almacenadas en la Casa de la Cultura sin haber sido distribuidas. Por esa razón, explicó, decidieron canalizar la ayuda por su cuenta y entregarla directamente.

    “Lo que las personas están recibiendo en este momento son donaciones de particulares y es con lo que la gente está tratando de pasar las noches”, afirmó.

    Quinientas casas destruidas en Roldanillo

    Más al norte, Roldanillo intenta poner en números su propia destrucción.

    El alcalde Jaime Ríos Álvarez dijo en diálogo con 'Blu Radio' que alrededor de 1.200 viviendas resultaron afectadas por el terremoto y que unas 500 quedaron completamente destruidas. Las inspecciones realizadas por ingenieros llevaron además a ordenar el desalojo de más de 15 edificios.

    “Triste con la situación de nuestro municipio. La economía se va a pique con la destrucción total de Pueblo Mágico”, lamentó el alcalde.

    Ríos confirmó además la muerte de dos personas en el municipio.

    En Roldanillo, como en Argelia y El Águila, la emergencia empieza ahora a transformarse en otra cosa. Tras el impacto inicial del terremoto, quedan cientos de familias frente a viviendas a las que no pueden entrar, edificios que deberán ser demolidos y pueblos que tendrán que reconstruir buena parte de su infraestructura.

    Sin embargo, marcharse no es fácil.

    En Argelia, algunos vecinos se resisten a abandonar un pueblo que consideran su vida entera. En El Águila, familias permanecen junto a los restos de sus casas para cuidar lo poco que pudieron salvar. Y en Roldanillo, donde cientos de viviendas desaparecieron, el alcalde advierte que el golpe amenaza también el futuro económico del municipio.

    Entre los escombros, las donaciones que llegan y las que todavía se necesitan, la recuperación de la electricidad o de una señal de teléfono pueden convertirse en pequeñas victorias. Después viene una pregunta mucho más compleja: cómo empezar de cero sin dejar atrás el lugar al que llaman casa.

    FUENTE:FRANCE24