N° 1974 - 21 al 27 de Junio de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Cuando seleccioné el equipo me encontré con que al uruguayo le faltaban ganas para brindar servicio. Tenía muchos currículums de venezolanos y me dije: ¿Por qué no darles oportunidades si en definitiva este es un país de inmigrantes? Estoy muy gratificado porque responden bien. Son simpáticos, siempre de buen humor y dispuestos, lo que los diferencia de los uruguayos que tienden a ser más apáticos”, dijo a El Observador hace un año el chef y dueño del restaurante Tona, Hugo Soca.
Esta es una realidad incontrastable. Muchos uruguayos no se daban cuenta del pésimo nivel de servicio que recibimos, porque el deterioro en la atención y el trato ha sido gradual, tal como la fábula de la rana que se va cocinando a fuego lento, sin notarlo. Pero los que han tenido la oportunidad de viajar, notan este contraste en forma inmediata.
El Frente Amplio y el PIT-CNT han impuesto la cultura del no trabajo, del mal servicio, de la no responsabilidad, la envidia al mejor y el odio al empresario. Por todo esto y otras cosas más, los uruguayos han perdido las llamadas “habilidades blandas”, que son las vinculadas al trato, la buena atención, la proactividad, la vocación de servicio y el deseo de hacer las cosas bien hechas.
¿Por qué sucedió esto? Porque el sistema de estímulos que crearon desde el gobierno y los sindicatos no premia a los mejores, sino a los menos aptos. Desde el “que pague más el que tiene más” (que castiga al que es más y al que hace más), hasta el “pase social”, los “planes” del Ministerio de Desarrollo Social y la defensa acérrima a cualquier sindicalista, aunque sea un vago o un ladrón, fueron dando señales muy equivocadas a la gente.
Ya lo dijo el dirigente Richard Read en su memorable discurso del 1º de mayo de 2013: “No quiero al atorrante, al vago, al lúmpen. No quiero eso en mi sindicato. Quiero laburantes. El mejor sindicato no es el que más huelga hace, es el que mejor laburantes tiene abajo”. Es evidente que Read no tuvo mucho eco con su prédica.
Además de poseer estas habilidades blandas, los caribeños también vienen con habilidades “duras”, es decir, formación técnica y universitaria. Esto ha provocado el temor de los “yoruguas” que no quieren competir.
Tanto es así que los tan militantes por el “más y mejor Mercosur” y la “Patria Grande” (para integrar toda América Latina) no quieren que esta gente venga a quitarles puestos de trabajo y piden que los empresarios les den prioridad a los uruguayos.
Según el estudio Los uruguayos ante la inmigración: Encuesta Nacional de Actitudes de la Población Nativa hacia inmigrantes extranjeros y retornados de la Facultad de Ciencias Sociales, publicado en 2017, el 43% de los uruguayos tiene una opinión negativa sobre la inmigración por “la competencia que pueden significar en el mercado laboral”.
Esta gente viene a Uruguay con hambre y con ganas, igual que lo hicieron nuestros abuelos y tatarabuelos. En especial los que vienen de Venezuela y Cuba, los dos “Paraísos” socialistas que tanto aquí declaman y son los que han creado más hambre y menos prosperidad de todos.
Si los uruguayos quieren tener más empleo, que sigan las sugerencias dadas en la columna de la semana pasada y, además, pónganse una sonrisa en la cara, estudien, aprendan y agradezcan todos los días a su empleador la oportunidad que les está dando. Y si no creen en esto, vayan a un bar, pidan un café y hablen con el mozo venezolano.