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    Aprender en el mundo digital: qué muestra PISA 2025

    En Uruguay, Argentina y Chile, alrededor de la mitad de los estudiantes entrevistados reportan que se distraen por el uso de dispositivos digitales en la gran mayoría de las clases; cuanto mayor es el tiempo de uso del celular para ocio en el centro educativo, menores son los aprendizajes

    Columnista de Búsqueda

    El martes 8 se dieron a conocer los resultados de las pruebas PISA 2025. Estas pruebas, en las que participan más de 90 países, constituyen un benchmark para entender dónde se ubican Uruguay y la región en la comparativa internacional de aprendizajes y conocimientos.

    Como en la entrega anterior (2022), lideran el ranking Singapur, Japón, Corea del Sur, Hong Kong y algunas regiones y provincias chinas (Macao, Taipéi, Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang). Se observa una nueva caída generalizada a nivel mundial en los resultados de lectura y matemática. La baja más pronunciada es en lectura, donde los desempeños, que vienen cayendo desde 2015, se reducen en promedio 19 puntos, aproximadamente lo que aprende un estudiante en un año según la equivalencia convencional que se usa para interpretar la escala. América Latina muestra también descensos en lectura y matemática, pero de menor magnitud. Para Uruguay, se observan reducciones leves en matemática y lectura (de 4 y 7 puntos respectivamente), aunque, junto con Costa Rica y El Salvador, es de los pocos países de la región en mostrar mejoras en ciencias.

    Como en ediciones previas, América Latina sigue mostrando importantes problemas para generar oportunidades educativas. El 60% de los jóvenes latinoamericanos de 15 años o no rinden las pruebas PISA por estar fuera del sistema educativo o no alcanzan niveles mínimos de desempeño en ninguna de las tres asignaturas evaluadas (ciencia, matemática y lectura). En Uruguay, esta cifra es un poco más baja, pero aún alarmante: 46%. El país latinoamericano que más garantiza un colchón mínimo de competencias es Chile y, aun así, tres de cada 10 jóvenes chilenos quedan por debajo. Como contracara, la región viene mostrando mejoras en la cobertura de las pruebas, señalando mayor escolarización a los 15 años.

    Hay muchísimo para comentar sobre el informe, pero me interesa centrarme hoy en el análisis que hace PISA del uso de dispositivos digitales y de inteligencia artificial (IA). La educación enfrenta enormes desafíos vinculados al uso de dispositivos digitales e IA. Entre ellos, promover la alfabetización y la ciudadanía digital, estar a la vanguardia en ciencias computacionales, aprovechar las herramientas digitales y la IA para promover los aprendizajes y, al mismo tiempo, contrarrestar sus efectos negativos sobre la atención, la convivencia y la salud mental.

    ¿Cómo se ubican los sistemas educativos de América Latina frente a los desafíos digitales? Empecemos por la alfabetización y la ciudadanía digital. La encuesta preguntó a los estudiantes en qué medida, cuando se enfrentaban a una afirmación, intentaban verificar las fuentes y apoyarse en estudios científicos, o se guiaban por el sentido común. En América Latina, en torno al 70% de los estudiantes manifiestan guiarse más por el sentido común. Esto sugiere que cuestionan poco, no chequean información, no verifican. En un mundo en que la inteligencia artificial es altamente fluida y persuasiva, la falta de una mentalidad científica que verifique y triangule información se vuelve sumamente peligrosa. En Uruguay, un 43% responde que se guía más por el sentido común, una cifra bastante más baja que la de América Latina, pero aún de magnitud.

    En lo que respecta a las habilidades digitales, en 2025 PISA implementó por primera vez una prueba que evalúa la resolución de problemas computacionales (el aprendizaje en el mundo digital). América Latina puntúa en este test casi 150 puntos por debajo de los países asiáticos de alto rendimiento y 80 puntos por debajo de los países de la OCDE, lo que evidencia un nivel de competencias computacionales significativamente rezagado en relación con el resto del mundo. También es una de las regiones en donde los directores manifiestan tener mayor insuficiencia de recursos digitales (o recursos de baja calidad) que restringen significativamente la capacidad de enseñanza del centro educativo. En Uruguay, un 40% de los directores reportan este problema.

    Sobre el aprovechamiento de herramientas digitales para promover los aprendizajes, la encuesta muestra que el uso moderado de dispositivos digitales en el centro educativo para fines de aprendizaje se asocia con mejores desempeños. Es mejor utilizar dispositivos que no utilizar ninguno, pero cuando el uso supera las tres horas por día, el desempeño empieza a caer. Conviene aclarar que PISA describe asociaciones en un momento del tiempo, no efectos causales, y para saber qué funciona hay que ir a las evaluaciones que sí permiten atribuir causalidad. Sobre esto, si bien no se menciona en el informe, la evidencia para América Latina (por ejemplo, el caso de una computadora por niño en Perú o Uruguay) muestra que entregar hardware o contenido directamente al alumno sin capacitaciones específicas e integración pedagógica no contribuye a mejorar los resultados. Sin embargo, evidencia para México, Chile e incluso Uruguay, con su plataforma adaptativa de matemática, sugiere que el software adaptativo con tiempo protegido en la jornada tiene impactos positivos en los resultados académicos y que este impacto puede ser aún mayor en los estudiantes con más desventaja.

    Finalmente, el mundo digital y de la IA traen consigo preocupaciones vinculadas a la distracción de los alumnos en las clases, dificultades de foco en la lectura y problemas sociales y de salud mental. En Uruguay, Argentina y Chile, alrededor de la mitad de los estudiantes entrevistados reportan que se distraen por el uso de dispositivos digitales en la gran mayoría de las clases. Cuanto mayor es el tiempo de uso del celular para ocio en el centro educativo, menores son los aprendizajes. Esta entrega de PISA muestra una caída generalizada en el uso de dispositivos digitales en clase entre 2022 y 2025, que capta la rápida expansión que han tenido las políticas de prohibición de celulares en los centros educativos a nivel mundial. La evidencia sobre estas políticas, sin embargo, está dividida: los dos estudios más grandes y precisos disponibles, uno sueco sobre más de mil escuelas y otro estadounidense sobre unas dos mil, encuentran efectos nulos sobre los aprendizajes y descartan, incluso, efectos pequeños. Un estudio reciente en Florida (EE.UU.), en cambio, encuentra mejoras que aparecen recién en el segundo año. El único trabajo causal hecho en la región, sobre la restricción chilena, muestra que el uso recreativo baja, pero los puntajes no se modifican. Donde la evidencia es más consistente es en los impactos positivos sobre la convivencia, el bullying y la salud mental, y en que, donde aparecen aprendizajes, los efectos están concentrados en los alumnos de menor rendimiento. Uruguay, mientras tanto, no tiene todavía ninguna norma en vigor al respecto, aunque hay un proyecto de ley en el Parlamento y centros que ya ensayan restricciones por su cuenta.

    El informe de PISA también reporta que los alumnos tienen mayores dificultades en leer textos largos y que tienden a responder más rápido y en forma incorrecta, algo que se atribuye parcialmente a un menor foco de atención fruto del scrolling y el tipo de lectura al que exponen las redes. Y sobre la IA menciona que su uso moderado puede asociarse positivamente con los aprendizajes, aunque entre 2022 y 2025 se observa un mayor uso pasivo de la inteligencia artificial (consumiendo contenidos) y un menor uso activo (usándola para aprender o para crear contenidos).

    En resumen, el informe muestra algunos indicios de los problemas y oportunidades que las herramientas digitales y de la IA introducen en los sistemas educativos, y alerta sobre otra dimensión clave en la que América Latina tiene que ponerse a tiro. Para Uruguay, la buena noticia es que hay un camino recorrido: los dispositivos están, hay casi dos décadas de continuidad institucional en torno al Plan Ceibal y existe evidencia propia sobre qué hacer con ellos. La plataforma adaptativa de matemática de Ceibal mostró efectos positivos, sobre todo entre los estudiantes de los hogares más pobres. La discusión que viene no debería ser sobre cuántos aparatos hay, sino sobre cómo utilizarlos para potenciar aprendizajes, reducir las distracciones y trabajar la atención y la ciudadanía digital.