El episodio desnudó los riesgos de las salidas no permitidas, casi cinco veces más frecuentes que hace 10 años, en muchos casos ligadas a redes de tráfico o trata, que se aprovechan y retroalimentan de la vulnerabilidad de las menores al cuidado del Estado.
El único imputado hasta el momento fue el hombre de 40 años, que trabajaba en la Escuela de Comunicaciones del Ejército. No quiso identificar a su acompañante, que huyó del lugar. El militar fue formalizado como presunto autor de un delito de homicidio culposo en reiteración real con un delito de suministro de sustancias estupefacientes agravado, imponiéndose como medida cautelar la prisión preventiva por 120 días.
Luego de este episodio, María fue internada en una clínica de atención a problemáticas psiquiátricas agudas con la que INAU trabaja en Puntas de Manga. Las adolescentes de 14 años volvieron al centro de puertas abiertas pedrense. A ninguna de las tres se les constató lesiones tras esa salida.
La fuga de estas tres adolescentes había sido denunciada en la Policía en la noche del domingo. Si bien el hecho motivó una investigación de urgencia, en el instituto se valoró inicialmente como correcta la actuación de los responsables del centro.
Las denuncias policiales, en discusión
Por protocolo, cada salida no acordada de un centro del INAU exige hacer una denuncia policial. Según las estadísticas internas, en 2025 se registraron 10.332, mientras que en 2015 habían sido 2.150. Se trata de un incremento del 381%, casi el quíntuple, cuando en este tiempo el aumento de la población atendida fue muy inferior: un 18,5%, de 9.190 a 10.893.
Vicepresidente y presidenta del INAU, Mauricio Fuentes y Claudio Romero, respectivamente, en el Parlamento.
Mauricio Zina, adhocFotos
“No sabemos por qué se dio ese crecimiento, no hay una explicación. Sí tenemos una descripción del fenómeno: no aumentó tanto la cantidad de gurises, sino la cantidad de veces que un mismo chiquilín sale”, dijo a Búsqueda el vicepresidente del INAU, Mauricio Fuentes.
Efectivamente, si en 2015 fueron 762 los chicos que alguna vez se fueron sin permiso de un centro del INAU, en 2025 ese número subió a 1.220. Considerando el aumento de las salidas no acordadas, quienes se escapaban de estos centros triplicaron esa conducta en una década: de 2,8 en un año a 8,5. Es un fenómeno que está intensificado en algunos internos y se ha concentrado: siete de cada 10 de los que se escapan son adolescentes de entre 15 y 17 años, entre el 52% y el 57% son mujeres, y entre el 95% y el 99% están en dispositivos de atención integral de tiempo completo, lo que equivale a cuidado residencial.
“El protocolo actual exige hacer unas 10.000 denuncias al año. Entonces (el Departamento de) Personas Ausentes de la Policía tiene la obligación de salir de búsqueda 10.000 veces al año, cuando muchas veces quien se fue aparece a la hora”, indicó Fuentes. Esa obligación no es solo para proteger a los internos: según el vicepresidente del INAU, si el chico salía sin permiso para ir a la plaza, sufría un accidente en el camino y la situación no había sido denunciada, “el educador podía comerse tremendo garrón”.
“Si tenés 10.000 denuncias en un año es como no tener ninguna”, dijo a Búsqueda la directora de la Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh), Jimena Fernández. La institución considera las salidas no acordadas una de “las principales dificultades estructurales” y de “alta gravedad” del sistema, y recomendó una modificación de la operativa.
Ponderar los riesgos: “Cuando todo es urgente, nada termina siéndolo”
El nuevo protocolo de actuación para las salidas no acordadas será presentado la próxima semana en el Directorio del INAU para su aprobación.
De acuerdo con Fuentes, el nuevo protocolo tiene una serie de indicadores de ponderación que permitirá a los responsables de los centros evaluar el riesgo de una forma que no sea una valoración subjetiva. “Lo primero que se hace es cambiar el concepto de salida no acordada. Hoy esto incluye que el padre de un niño de tres años vaya al hogar y se lo lleve a la fuerza”, señaló. Salvo en casos particulares que también se evalúan, no se considera que un caso así —que pasaría a denominarse “retiro sin autorización”— implique necesariamente un riesgo para la integridad del chico.
Los otros indicadores a tener en cuenta son individuales y tienen que ver con la historia de vida del menor en cuestión, añadió: antecedentes de violencia sexual, sospecha de explotación sexual, consumo de sustancias, haber sufrido violencias, provenir de un entorno amenazante. La hora en el día en que se produce la salida también importa, así como si se lo vio solo o acompañado o si se tienen sospechas de hacia dónde pudo ir.
Un análisis que realizó el INAU sobre las salidas no acordadas reveló que entre 2015 y 2025 su duración promedio se redujo notoriamente de 26,4 días a 4,1, al tiempo que se registró “un aumento sostenido” de los retornos, de 64,4% a 78,4%. El documento precisa que esto “no implica una resolución del fenómeno, sino que se inscribe en una lógica de alta rotación, donde las trayectorias se vuelven cíclicas, con salidas y retornos sucesivos dentro del sistema”.
En los primeros cuatro meses de este año, casi la mitad de las salidas no acordadas (49,6%) duró entre cero y un día. Según fuentes del INAU, son del tipo “voy y vuelvo”, que tanto pueden significar ir a la plaza más cercana como encontrarse con una pareja o salir a consumir para luego regresar. Una salida más extensa, añadieron, ya puede ser un indicador de un caso de explotación sexual. En ese mismo informe, casi una quinta parte de quienes salieron sin permiso (18,2%) no habían vuelto a sus respectivos centros a la hora del cierre de datos.
Jimena Fernández, directora de la Inddhh.
Javier Calvelo, adhocFotos
“Antes vos salías a hacer la denuncia y cuando volvías capaz que el gurí ya había vuelto, luego de que involucraste a otras instituciones (como la Policía). Con este nuevo protocolo, estas mismas instituciones, que ya están colapsadas, serán involucradas solo cuando la situación amerite”, indicó Fuentes.
Fernández, de la Inddhh, es de la idea de que el nuevo protocolo debe funcionar como un semáforo que marque situaciones más o menos complejas, o a la usanza de un triage en los servicios de urgencias médicas. “Es ponderar la diferencia entre quedarse un tiempo más en la plaza o con el novio y la salida de un chico con antecedentes de explotación”, explicó. Una operativa como la actual, con la denuncia inmediata, sea cual sea el caso, “naturaliza las situaciones”. Con este razonamiento, añadió, “cuando todo es urgente nada termina siéndolo”.
En el informe “Panorama de las infancias y adolescencias en mirada regional. Niñas, niños y adolescentes en el sistema de protección”, de octubre pasado, elaborado por el Mecanismo Nacional de Prevención, que funciona en la órbita de la Inddhh, se indicó que las salidas no acordadas habían llegado a niveles “particularmente preocupantes”. Ese trabajo reveló que el 73% de los 178 centros del INAU estudiados habían tenido fugas en los últimos seis meses, que el 34% tenían a un interno sin localizar desde hacía más de un mes y en más de la mitad de estos últimos no se tenía idea de su paradero. También se detectaron 53 casos de abuso sexual grave. Las desapariciones muchas veces son naturalizadas, al punto tal que no se investiga sobre el posible paradero de los menores. El informe indicó además que muchas adolescentes son captadas por redes de explotación después de ser institucionalizadas, por lo general, de la mano de otras chicas que ya eran víctimas.
“Nosotros no encontramos funcionarios cómplices (de redes de trata y explotación), pero sí de naturalización de las situaciones”, explicó Fernández. “En principio, actualizar un nuevo protocolo es un buen paso”, añadió.
Pero hay cosas que están por encima de cualquier protocolo.
Joven internada en INAU está desaparecida desde hace 10 días
La de Zaira Viera, de 16 años, sería otra luz roja o una paciente roja en la emergencia. Tuvo una salida no acordada el domingo 30, en el hogar del INAU donde está registrada, en Sayago, y al cierre de esta edición no había vuelto. “No es la primera vez que lo hace”, dice a Búsqueda su hermana mayor, Cindy Pérez, de 27 años. “Pero hasta ahora se iba y volvía en el día”, añade. Desde entonces pareciera que la tierra se la hubiera tragado. (En su caso, se cita su nombre real con el objetivo de contribuir a su identificación y búsqueda).
Zaira y su hermana melliza están institucionalizadas desde hace un año y medio. La madre de las tres falleció en 2019 y desde entonces Cindy se hizo cargo. “Siempre fueron muy… desordenadas. Llegué a un punto en el que no pude más y las derivé al hogar”, afirma. La hermana, que tenía las mismas actitudes, fue derivada a un centro cerrado del INAU.
Con más de 10 días de incertidumbre a cuestas, Cindy las ha buscado en Sayago, en Villa Española, en Colón. Se ha metido en bocas y ha parado, foto de su hermana en mano, a cuanto consumidor encuentra en la calle. Algunos refieren haberla visto. Y acudió a la Policía, que hizo “algunos allanamientos”. La situación del novio de Zaira, que está en prisión preventiva por explotación de menores, solo agrava el panorama. Y el tiempo pasa y la angustia crece; la bronca también.
“Las gurisas hacen lo que quieren (en el INAU). Me hicieron firmar pila de papeles para que solo yo pudiera retirarlas del hogar, ¡y resulta que ahora son ellos los que me llaman para preguntarme si sabía algo de Zaira! Y ella sigue sin aparecer…”.