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Cualquier anuncio que tenga que ver con algún elemento de las Fuerzas Armadas y la seguridad debería informarse con extremo cuidado, detalle y firmeza; en este caso, fue todo lo contrario
La frase del título no se me ocurrió a mí, aunque por momentos me afilio a ella. La frase salió de la boca del senador del MPP Daniel Caggiani cuando periodistas del programa radial Aire rico lo consultaron, días atrás, sobre la comunicación del gobierno en torno al caso de la camioneta del presidente Yamandú Orsi, pero también sobre la forma en que, en términos generales, el gobierno elige para hablar con la población, especialmente en situaciones de crisis. “No hay uno que no piense eso, incluso los que estamos en el gobierno”, agregó.
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Y si algo abonó esta concepción en las últimas horas fue lo que pasó con el anuncio —¿anuncio?— de que los ministerios de Defensa e Interior trabajaban en un convenio para que, en los próximos días, empezaran a circular vehículos militares por algunos barrios de Montevideo para patrullar zonas donde los delitos graves son cosa de todos los días.
Intentemos analizar distintos puntos de la comunicación y la información. Para empezar, a gran parte de los uruguayos de 40 o 50 años en adelante, las palabras militar y calle juntas hacen correr un frío por la espalda. No hay ni que explicar por qué. Teniendo en cuenta esa sensación derivada de años de horror, cualquier anuncio que tenga que ver con algún elemento de las Fuerzas Armadas y la seguridad debería informarse con extremo cuidado, detalle y firmeza. En este caso, fue todo lo contrario. El anuncio y lo que siguió. Veamos.
Según informó Búsqueda el pasado lunes, a partir de la versión taquigráfica de la sesión de la Comisión de Seguridad y Convivencia de Diputados del 18 de junio, a la que asistió el ministro del Interior, Carlos Negro, para exponer sobre los avances en el plan de seguridad pública, el jerarca transmitió, entre otras medidas, lo siguiente: “En cuanto a operativos para prevenir y disuadir homicidios, se desarrollaron, como mencionábamos, los operativos de inteligencia policial o policiamiento inteligente, denominados Atenea y Dominio. Atenea aplica una estrategia de actividad policial basada en inteligencia, conocida como ILP, para prevenir y disuadir homicidios, y Dominio es una intervención territorial y policiamiento focalizado en zonas determinadas. El ejemplo, barrio Marconi. Estamos trabajando en un convenio con el Ministerio de Defensa Nacional que está muy avanzado para que en los próximos días empiecen a circular por algunos barrios de Montevideo vehículos Mamba del Ejército Nacional que están afectados a este tipo de operaciones; son doce en total que van a estar a cargo o como colaboración y bajo el mando de la Policía Nacional. Serán destinados al estricto patrullaje de las zonas con mayor incidencia de criminalidad y afectados a los operativos Dominio y Atenea”.
Atención a los detalles. Convenio avanzado, próximos días, circular, vehículos del Ejército, mando de la Policía, patrullaje. Esto nos habla de un plan que está claramente ya conversado, analizado, estudiado. No es una idea, es una decisión.
Sin embargo, con el paso de las horas y el anuncio de Búsqueda, nadie parecía tener demasiado claro el tema. Los diputados no preguntaron sobre ese punto en el momento y el ministro no ahondó en él, pero cuando el asunto vio la luz, ya casi todo el Uruguay tenía una posición tomada. ¿En base a qué? A nada, porque el gobierno no lo informó. Lo deslizó en una comisión, pero no lo informó. Es entendible que, ante la preocupación más grande de los uruguayos, las medidas sean firmes y concretas. Podemos cuestionar si esta lo es, si tiene apoyo, qué piensan tanto los legisladores como los propios votantes del gobierno del Frente Amplio. Pero lo que no podemos dejar pasar es que una medida de esta relevancia se conozca de esta manera. Como un comentario al pasar de un ministro en una comisión y con un retuiteo sin detalle alguno del presidente de una nota periodística. Así no.
Entonces, una de las primeras preguntas que surge naturalmente es: un plan que involucra vehículos del Ejército, a personal militar que, aparentemente y según lo poco que se ha informado hasta ahora, solo manejaría esos blindados, que ingresarían a los barrios para patrullar e intentar mejorar la seguridad en los puntos más calientes, ¿no merecía una comunicación mucho más asertiva? ¿No merecía una conferencia de prensa encabezada por el presidente Yamandú Orsi y los ministros involucrados para que no quedara ninguna duda de lo que se iba a hacer? Para que los vecinos de los barrios en los que, al decir de Negro, estos vehículos entrarán “en los próximos días” tuvieran la tranquilidad de conocer el plan. Para que no afloraran los “van a sacar a los militares a la calle” como uno de los primeros comentarios indignados o temerosos, quizás lo mejor hubiera sido explicarlo antes. O para que no saltaran los “cuando lo propuso Larrañaga le dijeron de todo”, “están abriendo una puerta peligrosísima” y unos cuantos etcétera que solo confunden.
Pero el presidente Orsi eligió otro camino. Una vez conocida la noticia, citó en su cuenta de X la publicación de Búsqueda y se limitó a escribir: “A partir de un encuentro con los ministros de Defensa, Interior y Economía resolvimos redoblar el combate contra el crimen organizado. Para esto direccionamos la infraestructura de seguridad del país a este fin”. Listo.
¿Y qué hacemos con todas las dudas que quedan después de días de informado el nuevo camino? Por decir algunas, ¿qué rol exacto van a tener los soldados que conduzcan estos vehículos? ¿Qué pasa si el vehículo es atacado por delincuentes? ¿El soldado puede defenderse con armas? ¿Y si hay un enfrentamiento a tiros? ¿Se queda adentro del blindado, quietito? ¿Y si de los tiros pasamos a algo más contundente? ¿La Policía podrá darle órdenes a ese soldado? ¿Cuál es el camino para que los militares puedan recibir órdenes de la Policía? ¿Los Mamba van a patrullar solamente o cumplirán alguna otra función? ¿Hay un cambio en la línea del plan de seguridad que presentó el gobierno semanas atrás?
La última pregunta tiene que ver concretamente con un pasaje del plan en el que se hace referencia al narcotráfico y señala que “los enfoques territoriales orientados a la resolución de problemas aparecen como las estrategias más prometedoras para reducir el delito asociado a drogas en puntos calientes, especialmente cuando se implementan con participación municipal y de actores locales. En contraste, los operativos reactivos, los patrullajes de saturación y las intervenciones militarizadas muestran efectos transitorios y riesgos de desplazamiento o escalamiento de la violencia, por lo que no se recomiendan como herramientas centrales”. Las declaraciones de las últimas horas, tanto de la ministra Sandra Lazo como del presidente Orsi, no despejaron esas dudas.
¿Entonces? ¿No merecíamos una explicación detallada del nuevo plan? En especial, los vecinos que tendrán que convivir, además de con los narcos, los tiros todas las noches y el pánico a que una bala los alcance, ahora con tanques del Ejército. Aunque lo pidan a gritos.