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    Ganar y gobernar, medios y fines

    Para gobernar hay que ganar elecciones; pero, para sostenerse en el poder, hay que poder resolver los problemas de la gente; esto solo se puede hacer cuando se invirtió mucho, antes de ganar, en estudiar, elaborar, educar

    Columnista de Búsqueda

    Hace muchos años le escuché decir al expresidente Luis Alberto Lacalle que “en Uruguay se confunde política con elecciones”. Desde luego, es maravilloso tener elecciones libres. Pero es clave lo que ocurre entre elección y elección. La elección no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para seleccionar elencos de gobierno y elegir entre alternativas de política pública. Dicho así, resulta obvio. Pero ¿hasta qué punto los partidos en Uruguay se preparan de manera adecuada para gobernar? Conocen hasta el último secreto de cómo seducir a los votantes. ¿Tienen el mismo grado de conocimiento acerca de cómo resolver los problemas que mortifican a esos electores? ¿Se preocupan en formar adecuadamente a los cuadros políticos que tendrán a su cargo las distintas oficinas? Tengo serias dudas.

    Empecemos por la cuestión de la elaboración programática. Es muy cierto que los partidos uruguayos elaboran programas de gobierno. Saben que, para ganar legitimidad y resultar creíbles, deben poder decir que el programa fue elaborado por “cientos de expertos”. Y suele ser cierto. Todos los partidos presentan programas. De hecho, hacerlo y darle publicidad a través de la Corte Electoral hasta es una exigencia legal. Pero, aun así, el proceso de elaboración programática suele ser menos denso de lo necesario. Los programas suelen ser buenos documentos, por lo general extensos y bien escritos. Pero ¿hasta qué punto se apoyan en acumulaciones potentes respecto a los problemas públicos que pretenden resolver?

    Pongo un ejemplo. Se empezó a hablar de “situación de calle” a fines del segundo gobierno de Tabaré Vázquez. Todavía recuerdo cuando nos enteramos, por Búsqueda, de que Daniel Martínez, en ese entonces intendente de Montevideo, le había enviado una carta a Tabaré Vázquez para advertirle sobre el agraviamiento del asunto. Tanto durante ese gobierno como en el quinquenio siguiente, se ensayaron posibles soluciones. La única referencia al tema en el documento Compromiso por el país (noviembre 2019) está redactada en los términos siguientes: “Rediseño y fortalecimiento de programas de apoyo a afrodescendientes, víctimas de delitos violentos, inmigrantes, personas en situación de calle y todo otro grupo que sea objeto de postergación, injusticia o discriminación”. Se toma nota del drama. Pero no había una elaboración concreta sobre el tema. ¿Qué quería decir, en concreto, rediseñar y fortalecer? ¿Se conocía realmente cómo abordar el tema? Es cierto que había, en el mundo de la coalición republicana, muchas personas en estrecho contacto con el universo de las personas en situación de calle. Pablo Bartol, por ejemplo, tenía una larga experiencia de trabajo en poblaciones con carencias críticas. Pero el Partido Nacional y sus socios, como partidos, ¿habían elaborado suficientemente soluciones de política pública? Creo que no.

    Pasaron cinco años. La población a la intemperie aumentó. Era público y notorio. Las Bases Programáticas del Frente Amplio (FA), elaboradas durante la presidencia de Luis Lacalle Pou, tomaron nota del asunto. Además de mejorar la articulación entre los organismos del Estado involucrados, de asignar presupuesto y de crear espacios de diálogo con diversos actores, se propusieron algunas medidas, entre ellas el fortalecimiento de los programas de egreso del sistema penitenciario y crear dispositivos de atención a la salud mental. Pero ¿cómo se fortalece efectivamente un programa de egreso y qué dispositivos de atención a la salud mental se pensaban crear? Otra vez, todo muy general. Es tan así que el nuevo gobierno precisó un año para poder anunciar acciones concretas, aunque —otra vez— no se sabe en qué medida tendrán financiamiento. Es cierto que en el mundo frenteamplista hay mucha gente que tiene varios años de trabajo con personas en situación de calle. Pero el FA, como partido, no sabía bien cómo abordar el tema. Se dirá que es difícil encontrar un problema tan difícil de encarar como el del ejemplo que acabo de poner. Pero esto aumenta la exigencia para los partidos. Si el problema es difícil, es más necesario todavía estudiarlo con tiempo y a fondo, y no esperar a ganar para ver cómo se lo encara.

    Los partidos no solo ponen menos energía de la necesaria en la elaboración a fondo de sus alternativas de política pública. Además, no tienen políticas modernas de formación de cuadros de gobierno. Todos tienen alguna iniciativa en este sentido. Algunas fundaciones anexas a partidos ofrecen buenos cursos. Pero la complejidad de los problemas públicos exige que el nivel de formación de los futuros gobernantes sea sensiblemente mayor. Tiene mucho sentido que, una vez que ganan la elección, apelen a militantes de probada lealtad para dirigir las distintas oficinas. Desde luego, como tantas veces han argumentado mis colegas Conrado Ramos y Francisco Panizza, cuando las designaciones políticas llegan demasiado lejos, inhiben la profesionalización de las estructuras administrativas. Pero, dando por bueno que corresponde a los partidos liderar las políticas públicas, es crucial que los militantes, esos futuros gobernantes, se especialicen en los distintos asuntos. No ocurre. Se precisa más.

    Para gobernar hay que ganar elecciones. Pero, para sostenerse en el poder, hay que poder resolver los problemas de la gente. Esto solo se puede hacer cuando se invirtió mucho, antes de ganar, en estudiar, elaborar, educar. Vuelvo al comienzo. Se pone mucha pasión e inteligencia para ganar. Pero menos de lo necesario a la hora de pensar qué se hará desde el gobierno. Pregunto: ¿en qué medida la actual oposición está dedicando energía y tiempo a elaborar a fondo qué hacer si le toca volver a gobernar? ¿Realmente saben, ahora, qué van a querer hacer, cómo y con quién lo harán? ¿No deberían dedicar más recursos de todo tipo a formar a quienes, llegado el caso, les confiarán puestos decisivos? Ganar elecciones es clave, pero es apenas el medio, el instrumento. Hace muchísimos años, Aldo Solari, un sociólogo extraordinario, escribió que la política en Uruguay tiene algo de pleito deportivo. ¿Algo? Quizá demasiado.