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Imposible no amar lo bueno, lo tierno, lo invencible

¿Qué hace que alguien sea tan querido por toda una sociedad? ¿Qué tiene que tener un artista para merecer el amor de un país entero?

Editora Jefa de Galería

Pudo haber editado más de 50 discos. Pudo haber tocado con los más grandes artistas del continente y del mundo. Puede sonar en todos los cumpleaños y casamientos. Pero ¿qué hace que alguien sea tan querido por toda una sociedad? ¿Qué tiene que tener un artista para merecer el amor de un país entero?

Después de ver las infinitas y profundas demostraciones de amor hacia Ruben Rada desde el momento en que se anunció su partida, nos hicimos esa pregunta. Y salimos a encontrar respuestas.

Primero fuimos a buscar a nuestros colegas, los periodistas culturales. Para quienes ejercemos el periodismo cultural desde hace más de 25 años, este es un momento definitivo. Muere Rada, uno de los mayores artistas uruguayos de todos los tiempos, y hay que trabajar mientras se siente el dolor, el vacío, el nudo en la garganta. Después de años poniendo el micrófono o el grabador para acercar la palabra de Rada al público, sus canciones, su arte y su genialidad, los periodistas culturales estamos de duelo, pero la vocación llama y hoy más que nunca hay que hacer lo que la profesión manda, conscientes del privilegio de haberlo conocido de cerca.

Noelia Campo, Carlos Dopico, periodistas culturales de larga trayectoria que en los últimos días trabajaron a destajo, se hicieron un momento entre tanta exigencia para responder a nuestra improvisada investigación. Fernando Santullo, músico y también periodista cultural, se sumó a la consigna.

Dopico, quien le hizo la última entrevista a Rada, un mes y medio antes de que se fuera, dice que la popularidad y el cariño hacia él “son fácilmente constatables luego de ver los miles de fotos que cada doliente ha ido publicando junto al músico y compositor. Todas las personas tienen una, desde la peluquera al mozo de bar, pasando por el hincha futbolero o el cuidacoches de cualquier esquina”.

Aquí probablemente está una de las claves de ese amor a Rada: era un hombre cercano y amable, siempre dispuesto a hablar, a saludar con cariño, a sacarse una foto con una enorme sonrisa. En estos días todos hemos hecho el ejercicio de salir a hurgar en la memoria el momento del encuentro —pautado o fortuito— con él (porque casi todos tenemos uno), y me contaron la anécdota de que lo vieron parado en 18 de Julio y Ejido, esperando el semáforo, y al pasar por delante y dedicarle una mirada (con cierta admiración), levantó el brazo y saludó al desconocido como si fuera un amigo: “¡¿Qué hacés?! ¡¿Cómo andás?!”. Porque, como dice Noelia, “te hacía sentir que era un igual”.

Lo vieron parado en 18 de Julio y Ejido, esperando el semáforo, y al pasar por delante y dedicarle una mirada (con cierta admiración), levantó el brazo y saludó al desconocido como si fuera un amigo: “¡¿Qué hacés?! ¡¿Cómo andás?!”. Lo vieron parado en 18 de Julio y Ejido, esperando el semáforo, y al pasar por delante y dedicarle una mirada (con cierta admiración), levantó el brazo y saludó al desconocido como si fuera un amigo: “¡¿Qué hacés?! ¡¿Cómo andás?!”.

Esa enorme virtud de Rada aparece en varias de las 10 respuestas que obtuvimos de figuras de todos los ámbitos. Porque además de a colegas, recurrimos a escritores, músicos, políticos, historiadores y artistas. Todos tienen sus teorías, sus reflexiones acerca de por qué Rada es tan amado, y todas hablan de un ser humano único, que supo vivir con alegría en medio de la adversidad, que compuso canciones que transmiten felicidad, y escribió letras que hablan de amor sin eludir la crítica social pero sin rencor. “Tocó instrumentos pero por sobre todo tocó almas”, asegura Carmen Sanguinetti. Será por eso que todos tenemos esa sensación de que se fue pero va a seguir estando siempre, porque para Gonzalo Moreira “su misión en este planeta fue demasiado grande: demasiada generosidad, demasiada alegría, demasiadas maneras de comunicar”.

Dentro de esa enorme misión estuvo la lucha por los derechos de las personas afrodescendientes, por eso siempre se hizo llamar Negro, con mucho orgullo, y así lo reconoce el Lobo Núñez: “Tuvo una forma muy inteligente de decir cosas que otros no podían decir, en el sentido de que entre humor, sátira y mucho mensaje, él defendió nuestra cultura. A su manera, muy divertida, pero diciendo cosas muy importantes”.

Y hay un aspecto llamativo en la figura de Rada que lo hacía “único entre los únicos”, como leí en alguna de las tantas notas periodísticas: con toda su alegría, su histrionismo, su talento e incluso su divertida manera de vestir, lleno de colores, es hoy la esencia misma de la cultura uruguaya, que históricamente se ha definido como melancólica y gris. Pues, precisamente, se ha convertido en ídolo por ser “una luminosa versión de lo que somos”, según Milita Alfaro.

De todo lo dicho en las respuestas que recogimos se pueden sacar muchas conclusiones, pero hay una que es irrefutable: Rada siempre irradió amor. Y eso es lo que el pueblo, su inmenso público, un país entero, le devolvió.