Un usuario de la red social Reddit comenta que usó la inteligencia artificial (IA) de forma compulsiva durante años. Tiene trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y el ChatGPT le daba reaseguro constante, un reaseguro que, según Mariana Silvera, psicóloga especializada en el TOC, “reduce la ansiedad en el momento”, pero a largo plazo alimenta el ciclo de obsesión y provoca más ansiedad.
La red social está repleta de comentarios y publicaciones que recogen testimonios de carácter similar. El TOC y otras condiciones propias de la neurodivergencia, como los trastornos del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), pueden influir en la manera en que se usa la IA y generar un impacto diferente al resto de la población.
El psicólogo Roberto Balaguer, especializado en el uso de tecnologías, afirma que la IA no es puramente buena o mala. “Hay evidencia real de utilidad”, pero “el riesgo y la posibilidad nacen de la misma característica del producto”, la de un producto que está diseñado para complacer al usuario. Por lo tanto, el uso de IA puede causar problemas, pero también ofrece amplias oportunidades.
Apoyo en la comunicación
Las posibilidades y los riesgos varían en función de la condición de la que se está hablando. Por ejemplo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Virginia y publicado en la revista académica Proceedings of the the ACM on Human-Computer Interaction mostró que dentro de la muestra estudiada, la comunicación interpersonal fue el uso principal de la IA por personas con autismo. La usaban para entender los matices y las reglas de la comunicación, lo cual muchas veces requiere un esfuerzo adicional para personas del espectro, como mandar un correo con el tono correcto, o el entender las acciones de otras personas.
Balaguer sostiene que para personas con autismo “los chatbots y asistentes pueden facilitar la comunicación e interacción social, ofreciendo apoyo personalizado”, y señala que “hay incluso desarrollos específicos como sistemas de comunicación aumentativa dinámicos que aprenden preferencias de vocabulario y estructura de frases para personas con dificultades en el habla”. Sin embargo, entre los usuarios incluidos en el estudio, también se expresó el miedo a que ese uso de la IA pueda causar dependencia.
Otro estudio difundido en la Conferencia CHI 2026 de la Association for Computing Machinery sobre Factores Humanos en Sistemas Informáticos, la principal conferencia internacional sobre interacción persona-ordenador, resaltó el riesgo de que el uso de la IA para el enmascaramiento autista (la estrategia consciente o inconsciente que oculta los rasgos y necesidades de estas personas para parecer neurotípica) pueda generar problemas con la inteligencia emocional.
El estudio apunta a que si bien el enmascaramiento puede provocar beneficios a corto plazo, a largo plazo puede reforzar la expectativa de que las personas con autismo deben hacerlo para encajar. Asimismo, los usuarios estudiados señalaron la pérdida de autenticidad que se genera al dejar que la IA traduzca sus pensamientos y su forma de comunicar.
Funciones ejecutivas
Quizá una de las áreas en las que la IA ofrece más posibilidades para personas neurodivergentes sea con respecto al TDAH. Horacio Paiva, psicólogo y docente especializado en este trastorno, asegura que “la IA puede ser una herramienta muy útil para compensar algunas dificultades frecuentes”, como las funciones ejecutivas, y establece que también “puede ayudar a organizar tareas, establecer prioridades, dividir un objetivo complejo en pasos más sencillos, resumir información o facilitar una actividad que se viene postergando”. Estas funciones pueden resultar muy útiles, ya que las personas con TDAH suelen tener dificultades con la motivación, la organización y la constancia en proyectos largos y complicados.
El estudio difundido en la Conferencia CHI 2026 también destacó como beneficio en personas con TDAH la posibilidad de que la IA sea un complemento a la memoria de trabajo (que suele ser un desafío) y a la capacidad de resumir información, un aspecto importante dado que el TDAH dificulta la concentración en materiales de gran extensión.
No obstante, Paiva señala que también se corre el riesgo de “delegar demasiado”. “Si cada vez que hay que organizarse, escribir, decidir o resolver un problema se recurre automáticamente a la IA, una herramienta inicialmente útil, puede terminar generando una dependencia excesiva” y “reducir las oportunidades de ejercitar las propias funciones ejecutivas”. Además, “la facilidad para desviarse del objetivo inicial” supone otro riesgo. “Pregunta tras pregunta”, el usuario puede “terminar media hora después investigando un asunto completamente diferente”.
Otros riesgos están asociados al fenómeno del hiperfoco. Paiva recuerda que el TDAH “no es simplemente una falta de atención”, sino “una dificultad para regularla, dirigirla hacia donde corresponde”. Estas personas son capaces de concentrarse de forma intensiva en actividades estimulantes y novedosas, o que se relacionan a sus propios intereses. Según el especialista, “la IA tiene varias características que pueden favorecer ese hiperfoco: es inmediata, interactiva, ofrece novedad permanente y prácticamente no tiene punto final”. Esto hace que sea difícil “interrumpir la interacción”, y puede producir “pérdida de la noción de tiempo y postergación de otras actividades”. El estudio citado anteriormente también refiere a esta hiperfijación, notando el riesgo de que el usuario descuide la privacidad y comparta información sensible con la IA sin pensar en las consecuencias.
Los peligros de la IA complaciente
En el caso de las personas con trastorno obsesivo compulsivo la situación puede llegar a ser delicada dada la naturaleza de la IA. Según la psicóloga Mariana Silvera, la IA “le dice al paciente lo que él quiere escuchar”, lo cual supone un “gran problema” si el usuario tiene TOC. Si bien reconoce que la IA ha mejorado al respecto —en particular se refiere a Claude como un modelo que posee “menos insensibilidad”—, sigue siendo capaz de reforzar las obsesiones a través del reaseguramiento, mecanismo que también puede surgir en condiciones de ansiedad, en trastornos del ánimo o ideación paranoide leve.
Por ejemplo, si un paciente que se obsesiona con la moralidad le pregunta a la IA si es mala persona por haber mentido sin querer, el modelo de IA le asegura que no, con un tono relajante y empático. Según Balaguer, este tipo de respuestas promueven la “evitación de la incertidumbre” en lugar de fomentar su “tolerancia”, que es el objetivo del tratamiento del trastorno. El paciente tendría que aprender a vivir sin la certeza de que no es mala persona.
En cambio, más allá de alimentar estas compulsiones, Silvera comenta que es posible que la IA se convierta en “un contenido de la propia obsesión”. Resalta que el paciente se puede empezar a obsesionar con dudas tales como “¿qué pasa si usé la IA para un contenido académico y alguien lo descubre?”, “¿y si di información a la IA?”, “¿qué puede pasar con esa información?”, “¿y si ofendí a la IA?”.
De todas formas, también existen eventuales beneficios del uso de IA en el tratamiento del trastorno. Silvera explica que es posible informar en prompts y cargar materiales para que el modelo sea consciente de la presencia de TOC e intente no dar reaseguramiento (aunque no siempre lo logra). “El tema es que eso no se vuelva un sustituto de la terapia”, recuerda.
Un estudio publicado en npj Digital Medicine sugiere que la IA puede generar “jerarquías de exposición”, ayudando así a que el paciente aprenda a tolerar la incertidumbre en “casos simulados”. De todas formas, el estudio establece que dichas jerarquías no son perfectas y es preferible que sean elaboradas por un profesional.
La cantidad de condiciones relevantes, más allá de las que entran dentro de lo que es la neurodivergencia, es extensa. El estudio de los investigadores de Virginia Tech notó que para personas con dislexia, la IA puede brindar herramientas que facilitan la lectura y escritura, y que para personas con problemas de función ejecutiva (síntoma de muchas condiciones), puede ayudar a priorizar tareas y hacerlas menos dificultosas.
Matices a tomar en cuenta
Por lo tanto, surgen varios matices al evaluar el uso de las herramientas de IA. “Hay bastante consenso en que estos funcionan como “prótesis cognitivas” de apoyo, no como tratamiento”, explica Balaguer. Según él, hay tres condiciones que se tienen que cumplir para un uso beneficioso de la IA en personas neurodivergentes: se tiene que entender que es un apoyo externo y no un desarrollo de habilidades, no puede sustituir la socialización real y no debe remplazar el seguimiento profesional.
Vivir con estas condiciones supone un esfuerzo cognitivo adicional y constante en el día a día; por ende, la posibilidad de que la IA facilite este proceso es algo a lo que se le debe prestar mucha atención. Sin embargo, los riesgos son reales y de poco conocimiento en la sociedad. Ser neurodivergente o tener trastornos como el TOC en muchas ocasiones implica un sufrimiento silencioso. Es importante que no ocurra lo mismo con los problemas asociados al uso de la IA, y que estas personas no tengan que recurrir a foros en internet para poder hablar de ellos.