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    Se te fue el monopatín

    La jungla en la que transitamos a diario nos hace preguntarnos de dónde sacó la libreta Fulano, le gritamos que existe el señalero o le advertimos que no leemos la mente para saber qué maniobra va a hacer; y nos señalamos entre todos, porque el burro siempre es el otro; pero, si vamos a compartir esta selva, ¿tan descabellado es que todos debamos estar registrados y acreditar que conocemos las normas?

    Columnista de Búsqueda

    Encarar el tránsito en Montevideo es estar dispuesto a atravesar seis o siete microinfartos diarios. Si vas en auto, cada maniobra debe ser precisa y cuidadosa, porque en una milésima de segundo te pasa un monopatín por derecha y una moto dribleando por izquierda. ¡Y el ómnibus! Ah, el viejo y querido bondi, que indefectiblemente te mete la pesada y se te cruza como si fueras el último escalón de la cadena alimenticia, obligado a ceder ante la ley del más fuerte.

    Ojo, si sos ciclista o usuario de monopatín, todo esto es mucho peor. Muchísimo peor. Porque está lleno de choferes de autos particulares —Uber y taxi también, lógico— que manejan mirando el teléfono como si el resto del mundo tuviera que esquivarlo y estar atento a su distracción ineludible. Mirá si vas a dejar de mirar ese tiktok viral del que todo el mundo habla. Por favor. Sigo. Si sos ciclista o usuario de monopatín, o incluso de moto, tenés todos los riesgos potenciados porque tu único colchón es tu cuerpo. Te tocan de atrás y no hay cómo evitar el desastre. A veces incluso se suma algún monociclo (pánico), esa rueda con dos pedales a los costados que se maneja inclinando el cuerpo hacia atrás o adelante para aumentar o bajar la velocidad. Mi torpeza motora admira su valentía y nula percepción del peligro.

    En medio de toda esta jungla, estamos acostumbrados a circular en Montevideo e, indefectiblemente, cada día hay algún siniestro. Con suerte, solo hay lesionados; a veces, mucho peor. Pero la cosa es que, ante el creciente número de monopatines que a diario vemos circulando por la ciudad, el intendente de Montevideo, Mario Bergara, fue consultado por un grupo de periodistas sobre si tenía pensado regular el uso de este medio de transporte. Dijo que sí, que es algo que está conversando con la Dirección de Movilidad, porque es un medio de circulación que necesita más protección para sus usuarios, ya que son vehículos que logran alcanzar velocidades importantes, pero también para el resto de los transeúntes. Bien. Pero vino la siguiente pregunta, que fue la que desató, en partes iguales, ira y aplausos. “Es una posibilidad, así como tenemos patentadas las motos, poder patentar ahí, pero solo con patentar no se resuelve el problema de la seguridad”, dijo Bergara. Sin embargo, sus palabras se interpretaron inmediatamente como la intención de hacer caja. Horas más tarde, aclaró, en el programa Legítima defensa, que usó el término patentar en el sentido de “registrar”, y que su intención era definir las exigencias de seguridad y no buscar un rédito económico. Con este punto, incluso la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) está de acuerdo. Registrar para que haya una responsabilidad a la hora de circular. Bien. Tranquilos todos, no se va a cobrar la patente.

    Pero vayamos a los otros temas. A mi gusto, lo más importante.

    Muchos de los ciclistas y monopatineros (¿cómo se dirá?), además, invierten en esos vehículos para ahorrar el costo del boleto y manejar mejor sus tiempos. Los costos varían, pero con 500 dólares se puede acceder a uno sencillo. Para los más pro, la cotización ya es de más de mil. Los usan para ir a estudiar o trabajar y para moverse por la ciudad sin depender de los tiempos y las condiciones de los ómnibus, que conocemos de sobra. No debería ser un problema, pero lo es, y hay unas cuantas aristas a analizar.

    La seguridad. Según un documento del Congreso de Intendentes fechado en enero de 2020, tanto los monopatines a impulso humano como los eléctricos, las bicicletas a pedal o con motor, las motos y triciclos, entre otros, para empezar, deben usar casco protector habilitado, además de vestimenta de alta visibilidad (léase chaleco fluorescente). Hola, Intendencia de Montevideo, nadie está controlando esto. Deben circular exclusivamente por la calle o por ciclovías y bicisendas. Y acá, lo gracioso del tema. La velocidad máxima establecida es de 25 kilómetros por hora. Claro, en 2020 aún no circulaban los que hoy vemos pasar como flechas entre autos, bicis y ómnibus. Sobre el empadronamiento, no menciona a monopatines ni monociclos, pero, claro, esto data de seis años atrás. Urge actualizarlo. En la página de la Intendencia de Montevideo está publicada esta misma reglamentación, pero aclara que está en revisión. Y un dato más, el texto advierte que los vehículos no empadronables (hasta este momento) solo podrán ser conducidos por personas con 16 años o más. Permítanme dudar de que esto se cumple.

    Pero vamos a otro asunto que no se ha manejado, al menos en las últimas horas. Camiones, ómnibus, autos y motos deben dar un examen para poder circular. Eso implica conocer las reglas de tránsito y que alguien evalúe que el conductor está apto para conducir. Es cierto que en el caso de las motos esto no necesariamente se cumple, y, en el caso de los autos, también permítanme dudar si todos quienes conducimos estamos aptos para hacerlo. Pero, bueno, la norma existe. Teniendo en cuenta la realidad del tránsito hoy, ¿es tan descabellado pensar que cualquier persona que circule en un vehículo por calles o bicisendas, en contacto con otros medios de transporte, deba tener una prueba de conocimiento de normas y reglas de tránsito? Que sepa cuándo tiene preferencia, si puede o no doblar en esa esquina, el sentido de todos los carteles indicadores. ¿Tan loco es? Posiblemente nos ahorraríamos una cantidad de siniestros si esto ocurriera. Incluso conociendo las reglas, son permanentemente violadas. Imagínense que el que no las tiene claras y sale a compartir calle es un mono con metralleta. Para él y para el resto. Ah, y el seguro obligatorio. No me odien los monopatineros, pero, si ocasionan un accidente, ¿quién se hace cargo? Son todas cosas a discutir, pero es hora.

    Por tirar un dato que maneja la Unasev, en 2020 los siniestros de tránsito registrados con lesionados leves y graves en patineta, monopatín y bicicleta eléctrica fueron 25. En 2025, 191.

    Entonces, si está descartado que los vehículos pequeños tengan que pagar patente, tenemos que pasar urgente al otro plano. Las normas y la fiscalización. Casco, chaleco, luces. Empadronamiento gratuito, pero empadronamiento al fin, para poder identificar a todos quienes circulamos. Conocimiento, examen de manejo. No puede ser tan difícil. Ahora, si exigimos todo esto, también tenemos que dar la seguridad de que el tránsito tenga un control que hoy no tiene, que dé garantías a todos. Sí, mucho más control también a los autos, porque normalmente nos preguntamos de dónde sacó la libreta Fulano o Mengano. Lo mandamos a aprender a manejar. Le gritamos que existe el señalero o que, si va a entrar a un garaje, por amor de Dios, ponga el pica pica. Le advertimos que, por el momento, no leemos la mente para saber qué maniobra va a hacer y, en última instancia, lo mandamos a donde más nos guste. Nos autopercibimos los ases del tránsito, pero la calle nos demuestra lo contrario. Ah, y los peatones. Todos lo somos y en general incumplimos cada una de las reglas existentes. Y nos señalamos entre todos dependiendo del lugar que circunstancialmente ocupemos. Porque el burro siempre es el otro, lógico. Dale, campeón, hacé lo que se te cante.