Cosas que pasan en Mercedes
La historia de venganza detrás de Canelones es una de esas en que la realidad parece superar la ficción. ¿Es real lo que muestra la película, lo que pasó a partir de la broma telefónica?
Sí, en la vida real todo pasó de forma mucho más lenta que en la peli, es decir, la peli te va contando lo que pasó en 1987, lo que pasó en 2015; a mí me costó mucho atar eso en mi propia cabeza antes de hacer la película. Me parecía todo muy bizarro: este tipo, mi vieja. Una vez que entendí cómo venía la mano, dije: “Qué historia loca”. Es una historia muy rara, muy rara.
Además de dirigir la película, Chiri Basilis coescribió el guion de la película junto con Josefina Licitra. “Obviamente me iban mostrando lo que hacían, consultando algunas cosas, pero yo soy un queso para todo lo que es cinematográfico, no soy bueno”, confiesa Casciari. “En la parte editorial, sí, porque me gusta. Puedo dirigir una revista de literatura, pero no una película”. Según dice, le cuestan mucho “los tiempos del cine” y tiene una “enorme deformación profesional” en la manera de trabajar, tan solitaria: “No sé consensuar, no tengo ni idea de cómo se trabaja en equipo”. Así que confió en Chiri, su socio y amigo de toda la vida, y decidió no meter “los deditos”.
Agustín Aristarán interpreta a Chiri Basilis en la ficción.
Orsai
Esta forma de trabajar se gestó con el nacimiento de Editorial Orsai, mucho antes de los audiovisuales. “Cuando producimos ciertos proyectos culturales, como una revista sin publicidad, o cine sin subsidio, o libros, hay dos etapas: la etapa que es puramente de gestión, de conseguir guita para que se haga tal cosa, y después la etapa de producción, ejecución. A mí me gusta la parte de gestión. La otra no es que no me interese, pero sé que en muchos rubros soy un cero a la izquierda”. Lo que hacen desde Orsai, entonces, es “buscar personas que lo hagan bien”.
En la película quedás retratado de una forma poco amable, un poco cruel. ¿No tenés problema con eso?
El cuento que escribí me retrata extremadamente cruel. Soy el villano del cuento. Y después, lo que pasa en esa noche de 2015 es una cosa que pasó de verdad. Chiri, el director, y yo, somos amigos desde los cinco años. Entonces la mirada de Chiri es una mirada supercertera. O sea, no está imaginando qué pudo haber pasado esa noche con esa gente. Estaba ahí. De hecho, en un momento… Esto creo que no lo conté nunca. Yo nunca más entré a mi casa de la infancia desde que murió mi papá. En la peli, Chiri me hace entrar (a Barassi como Casciari). Me hace entrar y (en la película) hay un sueño con mi viejo. Pero yo nunca entré a mi casa desde que se murió mi papá. En un momento se hizo un scouting (de locaciones) y fueron todos, el director, el director de fotografía, a mi verdadera casa de la infancia, a Mercedes, no porque se fuera a filmar ahí, sino para ver cómo era, porque se iba a rehacer esa locación en otro lugar. Tocaron timbre y había otra gente que vivía ahí, y los dejaron entrar. Obviamente, Chiri me dijo: “¿No querés venir?”. “No, ni en pedo, yo me quedo acá en mi casa”. Pero me transmitió en vivo, me iba mostrando. Me acuerdo de esa tarde, de estar en mi casa, lejos de ahí, entrando a lo que era mi habitación de la infancia, la cocina, y me dio un escozor, un escalofrío. No me gustó mucho el tema de escarbar, porque tengo algunos traumas ahí. No participé mucho, tampoco fui mucho a Mercedes, al rodaje. Me costó un poco eso.
Lo que marcó a Hernán Casciari, entonces, no fue tanto esa broma telefónica de consecuencias dramáticas, sino otra cosa. “Lo que me marcó fue la muerte de mi viejo, que no tiene nada que ver con el cuento, pero sí tiene mucho que ver con el pueblo. Yo vivía en España cuando mi viejo se murió, de una forma tremendamente repentina, muy joven. Y no sé por qué la cabeza me hizo un clic y no me permitió, desde ese momento, volver a mi casa, a la casa donde había vivido, hasta los 17, 18, con ellos, con mi viejo y mi vieja. No pude entrar más. Y cuando voy a Mercedes —porque tengo que ir dos por tres, porque mi mamá vive ahí— siento una sensación muy fuerte de opresión. Sobre todo cuando voy llegando al centro de la ciudad”. En la película eso está recreado. Casciari va a un recital de cuentos en su Mercedes natal y, al terminar la función, quiere desesperadamente irse del pueblo. “Lo veo a mi viejo en todos lados. Como una especie de fantasma. Es una persona que quise mucho y que un día no estuvo más. Y para mí está muy representado en esa ciudad”.
A Chiri también le resultó conmovedor filmar en su ciudad. “Me decía: ‘En este momento estoy en la avenida 40 a las dos de la mañana y están Barassi y Rada haciendo de nosotros y no lo puedo creer, boludo’. Me decía: ‘Somos nosotros a los 19, a los 20’. A él también le movió todo, su juventud, sus cosas, porque también es su pueblo”. Pese a todo lo removedor que resultó para ambos la decisión de filmar en Mercedes, nunca fue una opción hacerlo en otra ciudad que simplemente se le pareciera. “Me gusta mucho que las historias que escribo, las veces que se han llevado al cine o a la tele —como Más respeto que soy tu madre—, se rueden de verdad en Mercedes. Ver en el cine mi ciudad es muy lindo”.
Franco Quercia y Máximo Artusi Pérez como Hernán y Chiri adolescentes en la película.
Agustín Aristarán y Darío Barassi como Chiri y Hernán adultos en Canelones.
En la película sobrevuela el tema de que hacés lo que sea por contar una historia. ¿Seguís pensándolo?
Sí, siempre teniendo en cuenta al otro. Yo soy muy autorreferencial en todo lo que escribo, tengo muy poquita imaginación, entonces tengo que ir a buscar siempre los recuerdos para contar. Y en los recuerdos no estoy yo solo, aparece gente. Y esa gente a veces no tiene ganas de verse reflejada en un libro, en un cuento, en una pantalla. Yo he contado, en mi literatura, de aquellas personas que me lo han permitido. Tengo 16 libros y hablo muchísimo de mis dos hijas, de mi mamá, de mi papá, de mi mejor amigo. Pero, por ejemplo, no hay una sola línea sobre mis suegros. Porque ellos no quieren, se sienten expuestos. Nunca he escrito sobre ellos, y tendría seis novelas para escribir. Entonces, sé que hay una línea que no tengo que pasar. Y casi siempre tiene que ver con el respeto hacia personas que no quieren tener ningún tipo de exposición.
Madre e hijo en la ficción
¿Cómo fue verte representado en la ficción por Darío Barassi?
Es muy loco, porque fue una decisión muy colectiva. Había seis actores en la encuesta, estaban Alan Sabbagh, Miguel Granados, Darío Barassi, etcétera. Eran seis actores argentinos un poquito excedidos de peso para que hagan de mí (ríe). Pero esos seis los eligió la gente. En el caso del personaje de mi vieja, estaban Mercedes Morán, Rita Cortese, Vero Llinás, estaba también Soledad Silveyra; había seis. La gente primero propuso. En una enorme nube de tags iban tirando nombres y los seis que quedaron más grandes de la nube se pusieron en consideración. En ese momento lo primero que hice — por eso te digo que me interesa más el tema de gestión— fue hablar con sus representantes. Y después la gente votó durante un mes entero. Se necesitaba el 51% de los votos efectivos para que fuera una votación vinculante, medio como en el Congreso de los Diputados. Le ganó Darío Barassi por nada a Alan Sabbagh y, en el momento en que se decidió, el representante (del actor) ya estaba al tanto y empezamos a negociar el caché. Lo mismo con Vero Llinás, y con todos. Todos eran grandes actores y grandes actrices, no importaba quién ganara. Lo que sí iba a ocurrir era que, dependiendo de la dupla, lo podíamos tirar más a la comedia o más al drama. Por ejemplo, ganaron Barassi y Rada, entonces los guionistas supieron que iban a tener una química muy especial, porque ya se conocen. Pero también podría haber ganado otra dupla de Chiri y Hernán, u otra dupla de Chichita y Daniel, que podían haberlo hecho más comedia o más drama, según quiénes fueran. Es muy interesante el sistema, es muy divertido, porque es como un juego de niños, supercaro y lleno de gente. Pero es un juego.
Barassi y Llinás como madre e hijo en la ficción.
¿Le diste alguna indicación a Barassi para que te interpretara?
No, sé que mi vieja sí se metió un poco. Hablaba con Vero Llinás en ese momento y le decía cosas. Yo le decía: “Mamá, no te metas”. Pero se metía.
¿Qué dijo Chichita de la película?
Chichita fue siguiendo mucho más que yo el devenir de la peli porque tiene una relación con Chiri como si fuera su hijo. Le hacía la leche a los siete años, no hay una relación respetuosa. “Chiri, vos sos un pelotudo. ¿Cómo vas a decir eso?”. Ese tipo de cosas era permanente. Mi vieja es una mina muy expansiva, muy extrovertida, de decir lo que piensa, no callarse nada. Era medio un grano en el culo para Chiri también saber que ella estaba ahí, que quería ver todo. Hay una escena de sexo de Verónica (Llinás) con (César) Bordón que está en la película y no era así en el guion. Era otra cosa, pero mi vieja no lo permitió, y la tuvieron que cambiar. Después, hay una escena un poco escatológica donde ella, cuando sabe que va a tener sexo con Daniel, se va al baño y se limpia las axilas. Se rodó incluso, pero cuando mi vieja la vio le dijo: “Chiri, no. Esto no”. Y Chiri lo tuvo que sacar. O sea, se metió un montón mi vieja. Pero un montón. Entonces, no es que un día la sentamos y vio la película; se la sabe de memoria desde el guion hasta el final.
Casi que una codirectora.
Más que nada, censora. Era la censura de la dictadura. Lo que pasa es que durante mucho tiempo ni siquiera me permitió contarla, entonces se siente dueña de su historia. De hecho, estuvo en mi casa en el Día del Niño, había traído un regalo, y no sé quién contaba: “¿Vieron que se estrenó la miniserie de Moria Casán?”. “La mía también”, dijo mi vieja. Ella está convencida de que es su película, que es una biopic de Chichita. Y está por cumplir 80, igual que Moria.