Es la menor de siete hermanos. ¿Es verdad que de chica gritaba con voz chillona para llamar la atención?
Edad: 31 • Ocupación: Cantautora y coach vocal • Señas particulares: Les enseñó La Cucaracha a sus cotorras; va a cantar en la visita del Papa León XIV y entonará el Himno nacional en la apertura de la Rural; se considera Susanita, pero no milipili
Es la menor de siete hermanos. ¿Es verdad que de chica gritaba con voz chillona para llamar la atención?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSí. Me hacían enojar todo el tiempo y yo gritaba insoportablemente. Mi mamá me enseñó que podía decirles “respetame”. Mis hermanos más se burlaban. ¡Les divertía tanto que yo me calentara! Obviamente no funcionaba esa palabra. Hasta el día de hoy se ríen de mí con el “respetame”. Pero somos recontramil unidos.

¿Es muy Susanita?
Re, sí. Me encantaría casarme y tener hijos.
¿Tendría hijos ahora?
Sí, o sea, me falta el novio. Pero ya tengo pensado el vestido de casamiento, la música con la que voy a entrar…
¿Es cabulera?
Sí, soy re de fe. O sea, supercatólica. Tengo objetos. Por ejemplo, una pulsera de rosario que me hizo una amiga. O algún crucifijo. Siempre tengo algo en la cartera; una estampita, agua bendita. Soy muy vieja con eso. Muy aburrida, digamos.
¿Cuál es su vínculo con Dios?
Me vinculo de muchas maneras. A través del trabajo y de la rutina diaria; lo tengo supernaturalizado. Y también voy a misa. Soy de rezar el rosario y hablar con Jesús también. Hay un podcast que me encanta que se llama Los 10 minutos con Jesús, que es la reflexión del evangelio de cada día. Lo escucho a diario.
¿Esa religiosidad la heredó de su familia? ¿O usted es más devota que el resto?
En mi familia somos todos devotos, sí. Pero yo soy la más pesada, desde chiquita. Soy la que digo: “¡Hay que bendecir la mesa! ¡Vamos a rezar el rosario en el viaje!”. O en Navidad organizo los villancicos y el pesebre viviente con mis sobrinos. Estoy siempre hinchando con esas cosas. Antes les daba pereza a mis hermanos. Decían: “¡Ay, qué pesada está la enana!”. Pero ahora se reapoyan en mí con eso, porque quieren que sus hijos también vivan todo lo que ellos vivieron. Me dicen que soy la tía abuela.
¿Es medio un alma vieja?
Sí, para mí, sí. Y a la vez soy reinfantil.
Ha dicho que busca romper prejuicios, ¿qué prejuicios piensa que hay sobre usted?
Sé lo que me han dicho, porque me ha pasado varias veces que, después de tener una conversación con alguien o construir una amistad, me digan: “Antes pensaba que eras una creída, que eras una copadita”. No sé, por ahí, por cómo me muestro en Instagram. O choca a veces la cantidad de seguidores que tengo. Piensan que vivo de una manera más superficial.
¿Cuán milipili es?
De viajes, propiedades, nada de eso. ¡Ojalá! Sí me encanta maquillarme y esas cosas. Pero, a la vez, soy cero de comprarme ropa, soy un horror con eso. Compro mucho maquillaje y productos para el pelo. Pero después, nada. Cualquier persona que me conozca puede decir que no soy milipili.
Es muy positiva, pero también se estresa mucho, y de chica le sacaba canas verdes a su familia por eso, ¿puede ser?
Lo sigo haciendo. Me estreso por todo. Por ejemplo, esta entrevista me estresaba. Me encanta, pero me pongo nerviosa. Soy muy perfeccionista. Hago un mundo con cualquier cosa. ¿Viste esa gente que siempre dice que le fue horrible en el examen y después se saca un 12? Yo soy esa persona. ¡Insoportable!
¿Hace terapia?
Sí, hago terapia. También es un poco del autoconocimiento. Mi familia también me conoce. Ya saben que es todo un drama. Igual es cada vez menos, porque lo aprendí a distinguir.
Tiene dos cotorras como mascotas, Ruben y Rebeca. ¿Cómo llegó a adoptarlas?
De chiquita, cuando pasaban las cotorras en el campo, mi abuelo paterno me decía “Allá van tus amigas”, porque decía que yo chillaba igual que ellas. Un día en mi cumple de siete me regaló una que encontró de pichona. Le puse Pipo. Yo era muy tímida cuando era chiquita, me costó mucho socializar en el colegio. Y mi maestra, una genia, un día me dijo: “Traé a Pipo”. Gracias a eso empecé a socializar más con mis compañeros y tener amigas. Con Pipo me empezaron a fascinar los loros y las cotorras. Después, de más grande, una conocida me regaló un pichón y le puse Ruben. Yo sabía que iba a ser cantor, porque les enseño a cantar El auto feo, La cucaracha y Al agua pato. Después apareció Rebeca, que también la rescaté. Les enseñé de todo. Pero ya no viven conmigo porque son muy ruidosas y si se escapan de la jaula te abren los cajones y tiran las cosas al piso. Son muy locas y no las podía tener bien en un apartamento, así que se las di a la familia de una alumna.
Es bisnieta del barítono Víctor Damiani, que fue muy cercano a Gardel. ¿Pensó alguna vez en sumar un tango de Gardel a su repertorio?
Me encantaría versionarlo o cantar un tango. Todavía no me animé porque me crie con un cierto rechazo al tango por el lado de mi mamá. Me decía que el tango viene del cabaret y que por eso no le gustaba. Pero la realidad es que me encanta y estoy esperando el momento, porque tampoco es que soy del palo.
Le cuesta memorizar las letras, ¿se acuerda de alguna vez que se le haya olvidado una letra en el escenario?
Siempre, ¡ay, qué horrible! Tiro mucha fruta. Se me olvidan hasta mis propias canciones. Una vez en Plaza Prado empecé a toser, como que me había entrado un mosquito, y la gente se reía porque les divirtió la escena. Pero en realidad fue un acting porque me había quedado en blanco y había escuchado que a muchos cantantes les ha entrado un mosquito en la boca. Yo lo fingí.
Y otra vez fui más cruel. En la presentación de mi disco en el Sodre también me vino como un blanco con la letra y me hice la que estaba emocionada e hice como que me había venido un llantito de emoción, como un sollozo para acordarme de lo que estaba cantando. Si no, quedaba regalado y la gente se la creyó. Después todos me decían “¡qué impresionante cómo te emocionaste ahí”. Y yo tipo: “¿cómo te explico?”.
¿Cuándo fue la última vez que lloró?
Hace dos minutos, estábamos hablando con mis hermanas y me emocioné.