El disco que vas a presentar, Icónica, es una especie de manifiesto. La primera canción presenta esto de “permiso, yo abro la pista”, “no me pueden parar”, una actitud que recorre el resto del álbum. ¿Cómo nació esa idea?
Yo diría que es una cédula de identidad. Quise darle una imagen más seria a todo lo que venía siendo la marca, o el producto, Luana. Había muchas identidades. Fue cambiando tanto que dije “ok, vamos a darle una estética y una manera de hablar, de pensar y de sonar”. El sonido de este disco es muy específico. Quise apropiarme 100% de lo nuestro, de lo autóctono, de todo lo que es la cultura uruguaya.
¿Luana la persona se logró encontrar dentro del producto?
Sí. Siempre aposté a una imagen más pop dentro de la música tropical, que es donde me encasilló el público desde el principio. Ahora, gracias a las experiencias y al trabajo del álbum, creo que esa perspectiva se abrió. El público entendió que hay una imagen un poco más pop, un poco más futurística. Los uruguayos somos muy sencillos en cuanto a la estética del sonido, y lo que quisimos hacer en Icónica fue mantener lo autóctono, pero darle una nueva evolución.
El resultado es un disco muy plural, tanto en las canciones como en los bailarines, las personas detrás de los instrumentos.
En todo el contenido que vi estos días sobre (Ruben) Rada, vi una frase de una entrevista que dice: “No saben la cantidad de música y de talento que hay en el país, y muy bueno, de muy buena calidad”. Yo quería mostrar eso. Que hay talento acá, en cualquier área. No solamente en el canto, sino en el baile, en la animación, en la fotografía, en la estética, en los vestuaristas. Fue una producción muy linda y eso me hace creer, o por lo menos aporta un grano de arena a decir “se pueden producir cosas muy buenas acá”. No necesitamos irnos a otro país o traer gente de otro país. Apuesto mucho a eso, a trabajar con los nuestros.
Se nota que atrás de todo el proyecto, además de mucho trabajo, hay mucha ambición.
Sí. El punto de partida fue, sabiendo que la gente me ve como una artista de música tropical que tiene supuestamente un nivel de creatividad, de profesionalismo, de estética…, bueno, vamos a demostrar que no, que no es por ahí, que puedo hacer otras cosas. Escapar del encasillamiento.
¿Quiénes han sido tus referentes en el camino de creación de este álbum?
Me inclino mucho a defender lo nacional, pero la inspiración es fundamental. Hay mucha inspiración de afuera, más que nada de las madres del pop, como Lady Gaga o Beyoncé. Me gustan mucho esas performances teatrales, de mucha producción, de sorpresa, de baile, de pantallas coordinadas con luces. Lo más cercano que tenemos ahora es Tini o Lali, acá al lado, o Anitta en Brasil. Pero me gusta también mirar para adentro y ver eso natural o sencillo, como tenemos a Rada, como tenemos a (Jorge) Drexler. O también la versatilidad de Natalia Oreiro, por ejemplo, que puede cantar, puede actuar, puede hacer un show divino, puede ser rusa. O la poesía de Laura Canoura, también. Me gustaba mezclar todo: la murga, el carnaval, el candombe, la calle. De un lado está lo auténtico, que es la gurisa de barrio, la calle, el candombe, la murga, la plena, pero que sueña con una profesionalidad o un mundo artístico del nivel de una estrella del pop. Son dos pueblos opuestos y en Icónica se terminan uniendo. Lograr eso fue un antes y un después.
¿Qué cosas hay en este disco de aquella “Luana la princesita” y con qué cosas quisiste romper?
Yo creo que de aquella gurisa de 16 queda lo espontáneo, que es algo que defiendo mucho. Lo no actuado. Me gusta mucho lo que se crea a través de la espontaneidad, y creo que eso es lo que guardo en un frasquito y lo quiero llevar conmigo el resto de mi vida. Y también la humildad de saber dónde una está parada, para también ser consciente de lo que puede tener en las manos y lo que puede crear con eso, ¿no? Decir: “Me encuentro en este punto de mi carrera, en este lugar del mundo, con estas personas, ¿qué podemos hacer con eso? ¿Hasta dónde podemos llegar? ¿A dónde queremos llegar?”. Ser consciente y realista de lo que uno vive. Este es un país tercermundista y chico, pero yo quiero seguir desarrollando todo lo que pueda esta carrera. La de mi producto, que soy yo. Porque literalmente soy una humana, no soy una Coca-Cola.
Y en esa humanidad, también el vínculo con el reconocimiento, ¿no? ¿Cómo te llevás con ser reconocida, ser una referencia?
El reconocimiento es fundamental porque es algo que se da cuando una está haciendo bien las cosas. Si vos no estuvieras haciendo bien las cosas, no te reconocerían y, sobre todo, no te apoyarían y no te querrían. Es algo positivo. A mí, la gente acá —por lo menos en mi país—, en la calle, me requiere. Eso de “uno no es profeta en su tierra” no lo creo. Además, en Uruguay somos muy tranquilos, no somos tan cholulos. Creo que en Argentina o Brasil, que es lo más cercano, es un poco más caótico. La fama se maneja distinto acá. Se termina en la vuelta de 18 de Julio, porque me cruzás en 18 y yo estoy ahí comprando cosas igual que vos en cualquier tienda. Es como quien tiene un almacén, lo que más va a querer es tener muchos clientes. Entonces, cuanto más público tenés es porque a la gente le gusta lo que hacés y porque te apoya.
¿Cómo te estás preparando para el Antel Arena?
Qué desafío. Por un lado te sentís orgullosa, pero por otro lado decís “qué viaje no tener todas las posibilidades que me gustaría tener por justamente ser un país chiquito y de no tanta producción”. Pero estamos dándolo todo, siempre lo damos todo. Gracias a Dios, tengo un equipo que siempre apuesta a más, no es conformista. Eso es fundamental para mí, no conformarnos con nada, porque siempre hay más. Obviamente, una empieza con un sueño gigante, pero después vas pasando a decir “eso no existe acá, eso no lo podemos conseguir, eso sale carísimo”. Yo creo que mi público también sabe que siempre quiero dar lo mejor. Y dentro de lo que pueda, lo hago. Creo que eso me lo reconocen mucho, porque me lo dicen y yo tengo mucho vínculo y comunicación con la gente que me sigue. Pero el motivo principal, más allá de dar un buen show y tener una buena producción, es el evento, estar todos juntos. Juntarte con tu público me parece fundamental y divino. Encima es mi cumpleaños, creo que fue la mejor decisión que pude tomar. Por un momento lo hice medio que por marketing y por un deseo de chica, porque siempre quise tener un megacumpleaños, porque me llevaba con gente de todos los pueblos de Colonia. Tenía amigos por todas partes. Una vez hice un cumpleaños en un boliche donde cayeron 2.000 personas. Entonces fue medio una locura, y de ahí quedé remanija. Pero, claro, después empecé a cantar y nunca pude crear ese evento multitudinario. Y ahora dije “bueno, ¿por qué no lo podría hacer en el Antel Arena?”.
Cuántos podrán decir que festejaron su cumpleaños subiendo a ese escenario…
Veinticinco años, aparte, es mi edad de plata. Sabemos que es algo groso, que va a ser una huella muy importante para nosotras también como mujeres. Dentro de mi equipo hay un grupo de mujeres muy grande y muy lindo. Entonces estamos muy motivadas. Estamos orgullosos, trabajando y tratando de dar lo mejor para que sea una fiesta. Porque la gente sabe que yo soy muy alegre y que me gusta que todo el mundo la pase bien, soy muy anfitriona.
¿Podrías adelantar algo de lo que va a suceder?
A mí no me gusta contar las sorpresas, porque me parece fundamental que puedan imaginarlo y después verlo en vivo, no perder la imaginación. Estamos muy acostumbrados a ver todo, el algoritmo nos muestra todo, entonces apelo mucho a que la gente quiera saber qué va a pasar, qué va a hacer esta loca. Porque ya saben que yo soy medio loca, entonces puedo aparecer colgada de cualquier lado. Me encanta mantener el misterio para que sea algo inolvidable.
¿Vas a romper una piñata?
Por favor, es un cumpleaños. Esa es la información más básica y, sobre todo, bastante cargada. Porque si vos te ponés a imaginar que hay un cumpleaños… Y sí, hay sorpresitas, hay piñata, hay torta, tenés invitados, hay juegos inflables. Imaginate todos los cumpleaños que has tenido en tu vida y qué de todo eso puede llegar a suceder dentro de un Antel Arena.
¿Y cómo te lleva la situación, y el rótulo, de ser la primera mujer uruguaya en presentarse en ese escenario?
Me gustan los desafíos. Creo que soy una gurisa que le gusta dársela contra la pared a cada rato. Aprendo así, a los golpes. Creo que no tengo ni vergüenza ni miedo a eso, a romper barreras. Entonces, me parece hermosa la oportunidad de dejar un granito de arena, tanto en la historia como en la esperanza. Porque, más allá de la historia, lo importante es qué es lo que pasa con la historia. Me gusta que quede el título de la primera mujer, pero me gusta que la gurisa que vaya al Antel Arena diga: “Yo también puedo hacer esto, porque me gusta cantar, porque me gusta actuar, porque me gusta bailar. Hay bailarinas, hay una directora de cámara, una mánager, entonces puedo hacerlo yo también”. Hay un grupo de mujeres muy grande atrás, y eso me parece glorioso. Me gusta representar eso y que no hay que irse a otro país a buscar esa oportunidad. Se puede crear un producto artístico de alto nivel acá.
¿Qué es lo que te hace icónica?
Y bueno, yo creo que va a costar un montón que aparezca otra gurisa de 16 años y que la corten, la hagan dejar de cantar y después la dejen cantar de vuelta. Creo que el simbolismo de Icónica nace de eso, de la gurisa que creyó, desde el interior, en salir a buscar el sueño de ser una cantante, pero se encontró con un montón de cosas que no eran como ella soñaba, tuvo que enfrentarlas, las pudo corromper y conquistar, y bueno… Eso hace que pasen cosas icónicas. Yo he ido contra todo. Hasta el final, como dijo Rubén (Rada) o como dice Hugo (Fattoruso): hasta lo último voy a estar cantando. Si dejás una huella linda mientras lo hacés, mucho mejor. Y si la gente te apoya y te quiere, cumpliste.
Producción: Guillermina Servian Berois y Sofía Miranda Montero.
Maquillaje y pelo: Diego Martínez (@bydiego.martinez).
Agradecemos la colaboración del Museo Blanes y H&M en esta producción.