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Matías Favaro, la ‘drag queen’ que nació en Carrasco, actúa en Barcelona y se presentó en La Barra
Nació y se crio en una familia conservadora y católica, y se fue a vivir a España, donde comenzó a actuar bajo el nombre artístico Alphawhore. El show que dio en un bar de La Barra fue aplaudido por su familia y amigos
Había música, charlas y mesas, muchas mesas. Alrededor de ellas se reunía gente muy diversa: amigos homosexuales, señoras mayores, supuestos rugbistas, familias, jóvenes y adultos. Todos estaban allí para participar en un bingo musical, en el que en lugar de números salen canciones de géneros tan diversos como el público presente.
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Ese bingo lo organizaba él: Matías Favaro. O ella: Alphawhore. Vestido con botas de taco alto, peluca rubia infinita, corset negro brillante y maquillaje artístico, Matías era el centro del show. Bajo el nombre de Alphawhore —un juego de palabras que combina alfa, de la masculindad, con el término whore, “prostituta” en inglés— se presentaba en Uruguay como drag queen.
Un chico de Carrasco, el menor de seis hermanos, de una familia católica y conservadora, es drag queen. Y allí estaba su madre, una de las ganadoras del bingo musical, pasando al frente, poniéndose la peluca rubia de Alphawhore, aplaudiéndolo. Una escena impensada tiempo atrás, que hoy funciona como ejemplo del apoyo familiar que logró construir.
Pero no siempre fue así. “Me vas a terminar haciendo mucho daño, Matías”, llegó a decirle su madre cuando él ya vivía en Barcelona. Su proceso de autodescubrimiento y de mostrarse como drag queen fue complejo y doloroso para ambos, y los mantuvo distanciados durante un tiempo. Hoy, él la perdona, la admira y está orgulloso de su propio recorrido.
En ese camino, dos apoyos inesperados fueron sus abuelas; ambas celebraron esta veta artística de su nieto a su manera. Para Matías, Alphawhore es “una carta de amor a su niño interior”. Hoy da shows tanto en Barcelona como en Uruguay, país al que vuelve seguido y al que le gustaría volver cada vez más.
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Adrián Echeverriaga
Creciste en una familia conservadora y católica, fuiste a un colegio católico. ¿En qué momento sentiste, por primera vez, que había algo diferente en vos?
Justo el otro día hablábamos con mi familia de si se nace con ese instinto gay, queer o como lo quieras llamar, o se construye. Para mí, se nace. Ese fue mi caso. Me di cuenta de que era distinto desde muy pequeño, siendo el menor de seis hermanos, forzado a hacer cosas que no me gustaban, pero, de todas formas, haciéndolas. Quizás lo noté más que nada en la adolescencia, cuando todos se empezaban a poner de novios o salían con chicas. Yo sí que salía con chicas... Sentía atracción, me gustaban y las cosas que sentí por ellas fueron reales. A mí el tag de gay hasta el día de hoy no me cierra y no es una etiqueta en la que me guste encasillarme, porque no siento que me represente, sino que me limita e invalida mi sentir del pasado.
¿Sentís que haber sido el menor de seis hermanos te dio más libertad o más presión?
Siempre formamos como “duplas”. El hermano que me sigue en edad siempre intentaba que yo mejorara en el fútbol, que no era lo que mejor se me daba. Él intentó e intentó, pero no hubo caso. Mis padres quizás me dieron más libertad. Siempre fui “el malcri”. Mis hermanos hasta que tuve 10 años no me dejaron de decir así. Pero fui el único de los seis no planeado, y yo nací en la crisis económica de 2002. Mi padre acababa de perder su empresa, mi familia no tenía un peso, y todavía iban a tener un sexto hijo. Mi bienvenida al mundo quizás no fue la más esperada, pero mis amigos me dicen que vine a cambiar algo en esta familia.
¿Y vos lo sentís así?
Sí, con el tiempo, más adelante, lo vi. En estos últimos cinco años vi un cambio heavy de cabeza en mi familia. Siento que vine a este mundo a hacer algo en mi entorno, un entorno en el que nunca me sentí cómodo, nunca encajé, y, de alguna forma.
¿Cuándo “saliste del clóset” en el colegio?
Tuve que esperar hasta sexto. Pero siempre digo que yo soy la madre de los maricones de mi generación. Salí yo y salieron todos atrás mío, se protegieron. Yo estaba en sexto de liceo cuando empezó el Covid-19. Pero antes, en quinto, no podía ir al colegio porque iba caminando y en el camino me largaba a llorar, no sabía por qué. Tenía que dar la vuelta y acostarme a dormir diciendo que me sentía mal. Ahí ya tenía quizás algún novio, chongo, algún chico con el que hablaba por mensajes, que sabía que era gay.
Alphawhore - credito Valen Bonasso
Valen Bonasso
¿Siempre te gustó la actuación o la interpretación, que es gran parte de ser drag queen?
Sí. De chiquito jugaba mucho al circo con mis primos, y yo era la reina del circo, la patrona. Siempre me gustó el circo como concepto, como lugar de criaturas extrañas. Ya en sexto de primaria nos juntábamos las tres clases a fin de año y yo me ponía al frente e imitaba a todas las maestras del año. Apenas entré al liceo, el grupo de teatro me buscó porque se corrió la bola de que se me daba bien la actuación. En quinto empecé con una de mis mejores amigas a ir a clases de actuación frente a cámara. Eso era por el Centro. Yo, niño de Carrasco, de colegio católico, que no salía de la burbuja, la pinché y me fui. Ahí pensé en cómo había estado tantos años queriendo encajar en un estereotipo, en ciertos cánones que no me representaban. Yo igual me esforzaba, pedía perdón y pedía para poder encajar en este molde y ser feliz. A los 15 años me hice mucho daño. Tenía muchos pensamientos oscuros. Nunca me sentía suficiente, y eso es algo que me persigue hasta el día de hoy.
¿Cómo fue el proceso de abrirte con tu familia?
Era plena pandemia, yo estaba encerrada con mi familia, ya no me quedaba otra. Estuve por primera vez con un chico una semana antes de que cayera el Covid en Uruguay. Me encontré a un compañero de mi grupo de teatro del Centro en una fiesta de Carrasco. Ahí se me mezclaron los mundos. Pensaba: “vos sos de allá, sos maricón, ¡que no me vean a mí con un maricón!”. Y, obviamente, bailamos todos juntos toda la noche, pero como amigos. Fuimos a mi casa, que quedaba ahí al lado. Estábamos en la cocina y ahí recibí mi primer beso de un hombre. Fue increíble, todo superromántico, superlindo.
¿Qué hiciste después?
Llegó la pandemia de Covid-19 y me encerré con mi familia en esta chacra (en Solanas). Estaba haciendo a la vez el bachillerato nacional y el internacional, estaba con cantidad de estudios, tenía mil y una entregas, y en la chacra había señal. A todo esto, hablaba por mensajes con este chico con el que me había besado, estábamos entablando una relación. Pero era todo muy clandestino, no podía compartirlo con nadie. Sí había salido del clóset con algunas amigas, les contaba, pero igual me daba vergüenza. Un día exploté porque no tenía señal, agarré la computadora y la tiré a la mierda. Pero era porque no podía más con mi vida. Por primera vez había encontrado un amor que me generaba cosas y cayó la pandemia, me tuve que ir a encerrarme con mi familia conservadora.
¿Pensaste que tenías que hacerlo siempre a escondidas y con culpa?
Totalmente. Que podría haber sucedido, yo pude haber optado por ese camino. Pero, por suerte, ahí apareció uno de los pilares en mi vida. Mi mejor amiga hoy en día es una mujer trans, del ambiente de Carrasco. Me mostró lo que son las drag queens, me mostró el programa Drag Race (un reality estadounidense de drag queens). Nos juntábamos en plena pandemia en Montevideo, venía a casa y nos poníamos a ver el programa. Ahí vi todo el lado lindo de la comunidad, los colores. Vi que había esperanza, que era un lugar sano, que podías encontrar gente que te cuidara. En ese entonces encontré mi primer grupo de amigos de la comunidad LGBTIQ+. Primero mi mejor amiga, después más gente de Carrasco, de la vuelta. Nos juntábamos casi todas las noches y hacíamos juegos, me contaban historias de sus amores y a mí me daba esperanza de poder encontrar a alguien así.
Alphawhore - credito Pluma BCN
¿Quién fue la primera persona de tu familia con la que te abriste?
Uno de mis hermanos. Estaba en la chacra y se vino para Montevideo, donde yo estaba solo. Ahí vio a mi amiga, que estaba con la prima lesbiana, ella trans. Era una obviedad que yo era una más. Un día yo había invitado a este grupito a casa y me había olvidado de lavar los platos. Me desperté al otro día y mi hermano me empezó a retar porque había dejado todo sucio. Empezamos a discutir y en ese momento de ira, exploté. Fui corriendo, llorando y le dije: “mirá, yo soy así, me gustan tanto las chicas como los chicos. Me estoy empezando a descubrir, estoy un poco desorientado, necesito apoyo, lo estoy encontrando ahora, con estos amigos”. Y mi hermano me dijo: “tranqui, Mati, está todo bien. No te voy a juzgar, tenés mi apoyo”. Obviamente, porque vio que yo estaba desacatado, llorando a mares. No quería que esa fuera mi historia de salida del clóset.
¿Y cómo te fue con los otros integrantes de tu familia?
Después ya fue más normal. Con mi padre fue caminando por la playa de Carrasco. Le conté y él siempre me apoyó. Yo tenía miedo, al ser mi padre esta figura tan masculina, de un ambiente tan patriarcal como es el fútbol, tan machista. Tenía miedo de que me fuera a discriminar o no me fuera a aceptar. Y no, nada que ver. Me hizo sentir como que no le importaba, que eso es lo más importante. Hoy me acepta tal como soy.
¿Tu madre reaccionó igual?
No. Fue a la que más tiempo me llevó contarle, porque la relación con ella siempre fue muy cercana. Siempre fui el mimoso de mamá, el malcriado. Ella siempre fue mi mayor referente. Esa figura femenina que se llevó todo por delante, que trabaja día y noche. Se rompe el lomo: es artista, es emprendedora, influencer. No para, es perfecta.
¿Tenías miedo de desilusionarla o haberle fallado?
Totalmente. Se lo conté habiéndome mudado ya a España. Era la charla que no quería tener porque no quería romper el vínculo que tenía con ella. Sabía que le costaba, mi madre es muy mami de Carrasco, es el estereotipo. Y en Barcelona, en una de mis playas favoritas, le empecé a contar. Yo estaba saliendo con un chico en ese momento. Le conté y ella todo bien, pero me dijo: “de las drag queens que a vos te gustan, no quiero saber nada”. Y yo en su momento no había empezado a ser drag ni lo tenía planeado, y le dije: “no, ma, tranquila, eso no va a suceder”. Pero me quedé bastante tiempo allá y pensaba que cuando volviera a Uruguay me iba a tener que comportar como ellos querían, como esperaba nuestro entorno. Y me empecé a hundir de nuevo en una depresión. Además, no tenía plata, estaba muy en la lona. Entonces se me dio la oportunidad de hacer mi primer show drag. Yo iba a una fiesta que se llama Pluma, donde conocí a mi familia de Barcelona. Pluma es una house, un concepto de la comunidad LGBTIQ+ que nació en los años 70, en la era del ballroom en Nueva York, en la época del VIH. Eran como familias que se formaban con personas más que nada trans, excluidas de sus familias biológicas, que se juntaban en casas, se ayudaban y recibían a otras personas trans también. Ahí econtré la house of Pluma, que es, hasta hoy, mi casa de drag queens. La fiesta se hacía el último viernes de cada mes. Ese día se convirtió en mi espacio de felicidad máxima. Era salir, bailar, montarme y vivir la diversidad, festejarla entre todos. No había una sola forma de ser. La gente se equivoca mucho al decir que una drag queen es un hombre con peluca o un travesti. Es el arte de expresión de género. Todos nacemos desnudos y expresamos quienes somos en nuestro interior a través de cómo nos vestimos, cómo nos peinamos, los accesorios, cómo hablamos, cómo nos movemos. Y a mí todo este mundillo del drag me empezó a fascinar, porque podía expresar cosas que no expresaba antes.
Alphawhore 1
¿Cómo surgió el nombre Alphawhore?
Yo trabajaba en una cafetería de especialidad... Soy barista, el mundo del café me encanta, me apasiona. Y en esta cafetería cocinábamos muchas variedades de alfajores. Una compañera de trabajo había visto un meme y yo hablaba mucho en inglés, siempre se me había dado muy bien, y me dijo: “no entiendo este meme”. Y decía “alpha-whore”. Y me pareció fantástico y le dije: “yo, si llego a ser drag algún día, ese va a ser mi nombre”.
¿Qué significa?
Es un nombre que tiene mucho juego, porque también habla de alpha como la masculinidad, el macho alfa. Porque yo soy una drag empoderada, pero que tampoco abandona su masculinidad. Cuando estoy montado, busco expresar al máximo mi feminidad, que fue oprimida por tanto tiempo, durante mi infancia y adolescencia. Permitirle a ese niño que quizás quería jugar con ciertas cosas más femeninas y no se le permitía. Pero no dejo de lado la masculinidad que logré aceptar y querer, porque también me gustan los deportes, me gusta el fútbol, tengo ciertas actitudes más masculinas. Es abrazarme y quererme tal como soy. Y el whore va más hacia cuando vemos en la sociedad a una mujer, a una figura femenina, expresarse tan libremente y usando ciertas prendas que le gusta cómo le quedan, y ya la tratan de puta. Es la contraposición de los dos conceptos: la masculinidad como algo fuerte y poderoso, y la feminidad como algo malo.
Decías que no hubieras podido ser drag queen en Uruguay. Evaluándolo en presente, con todo tu círculo sabiendo quién sos, ¿sentís que hoy sí sería posible?
Sí, me encantaría. Es que soy drag queen en Uruguay... ¡en temporada! De Navidad a fin de la primera quincena de enero soy drag queen en Uruguay.
¿Pero te gustaría volver a vivir a tu país y trabajar como drag queen?
Sí que me gustaría, porque vengo y siempre digo que los shows que más me gustan hacer son en Uruguay. Son los que más disfruto, porque veo que falta cultura drag. Hay algunos shows, pero son más en discotecas, y yo el mundo de la discoteca ya lo dejé. Hago alguno que otro si me surge una buena oportunidad y está bien de caché. Pero lo que más disfruto es hacer shows familiares, de día, en entornos más “sanos”, no discotecas en las que hay drogas circulando o personas con otros intereses.